Diáspora de colombianos hacia Panamá
Pocos se han dado cuenta que estamos en los inicios de una migración gradual y sostenida de colombianos hacia nuestro país, si es que ya no ha empezado. Esta vez no se trata únicamente de inmigrantes económicos que atraviesan la frontera hacia Darién en busca de medios de sustento o para dedicarse al saqueo o al comercio ilícito.
Hablamos ahora de una masiva dispersión que, en una primera oleada, incluirá capitales y gente con talento, preparada y con muchos recursos, asfixiados en su país por la extrema situación de inestabilidad y violencia que se vive.
En cierto sentido, el fenómeno migratorio no es muy distinto al que sobrevino tras la caída de la República Española, que provocó la llegada a costas americanas de miles de profesores, intelectuales e inversionistas que enriquecieron nuestros países en los años 40.
Aquí en Panamá nos beneficiamos de insignes intelectuales que sirvieron en la Universidad de Panamá y el Instituto Nacional. Otros forjaron colegios particulares y les inyectaron su savia avanzada de conocimientos que contribuyeron al crecimiento de la educación del país. Y los demás se dedicaron a los negocios, donde crecieron deprisa y dieron un ejemplo a los del patio.
La migración que nos vino por la construcción del Canal fue distinta. Fue gente que vino a trabajar. Y tal fue su impacto en la economía nacional, que muchas fortunas se labraron entonces con el mero alquiler de barracas. Cuando concluyeron las obras se quedaron más a petición de los arrendadores que por culpa de Estados Unidos que se manifestó dispuesto a repatriarlos. Esa es la población de origen chino y antillano que ha enriquecido con su aporte el crecimiento del país.
Ahora nos toca una igual de colombianos. La punta de lanza estará a cargo de adinerados hombres de empresa que empezarán trayendo sus familias, para luego fijar aquí por completo su residencia, manejando a control remoto, con visitas periódicas sus negocios en su país. Igual ocurrirá con Miami, Estados Unidos y, en menor grado con Costa Rica, dada nuestra ventaja en comunicaciones y dolarización. En breve, ellos provocarán un positivo impacto en nuestra economía.
Luego vendrá una segunda ola, de refugiados, que presionará fuerte sobre Darién. Lo mismo ocurrirá en los demás países vecinos de Colombia, como fue el caso de Costa Rica durante la guerra sandinista en Nicaragua. En este caso, tendremos que apoyarnos en la secretaría de refugiados de las Naciones Unidas, porque no tenemos recursos propios para asistir a quienes huyen del caos y la violencia.
Hablamos ahora de una masiva dispersión que, en una primera oleada, incluirá capitales y gente con talento, preparada y con muchos recursos, asfixiados en su país por la extrema situación de inestabilidad y violencia que se vive.
En cierto sentido, el fenómeno migratorio no es muy distinto al que sobrevino tras la caída de la República Española, que provocó la llegada a costas americanas de miles de profesores, intelectuales e inversionistas que enriquecieron nuestros países en los años 40.
Aquí en Panamá nos beneficiamos de insignes intelectuales que sirvieron en la Universidad de Panamá y el Instituto Nacional. Otros forjaron colegios particulares y les inyectaron su savia avanzada de conocimientos que contribuyeron al crecimiento de la educación del país. Y los demás se dedicaron a los negocios, donde crecieron deprisa y dieron un ejemplo a los del patio.
La migración que nos vino por la construcción del Canal fue distinta. Fue gente que vino a trabajar. Y tal fue su impacto en la economía nacional, que muchas fortunas se labraron entonces con el mero alquiler de barracas. Cuando concluyeron las obras se quedaron más a petición de los arrendadores que por culpa de Estados Unidos que se manifestó dispuesto a repatriarlos. Esa es la población de origen chino y antillano que ha enriquecido con su aporte el crecimiento del país.
Ahora nos toca una igual de colombianos. La punta de lanza estará a cargo de adinerados hombres de empresa que empezarán trayendo sus familias, para luego fijar aquí por completo su residencia, manejando a control remoto, con visitas periódicas sus negocios en su país. Igual ocurrirá con Miami, Estados Unidos y, en menor grado con Costa Rica, dada nuestra ventaja en comunicaciones y dolarización. En breve, ellos provocarán un positivo impacto en nuestra economía.
Luego vendrá una segunda ola, de refugiados, que presionará fuerte sobre Darién. Lo mismo ocurrirá en los demás países vecinos de Colombia, como fue el caso de Costa Rica durante la guerra sandinista en Nicaragua. En este caso, tendremos que apoyarnos en la secretaría de refugiados de las Naciones Unidas, porque no tenemos recursos propios para asistir a quienes huyen del caos y la violencia.