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Dictadura en tiempos de democracia


Los que tenemos más de 40 años, poseemos suficiente edad como para contarlo. Lo que hemos visto en estos días, en las calles de los principales centros urbanos del país, nos demuestra a todos las variadas aristas de un problema que no empieza ni termina en la Caja de Seguro Social (CSS). Aquí me referiré a algunas de ellas. No podemos más que expresar nuestro más profundo pesar por el agotamiento de la tolerancia, la paciencia y la fortaleza de los sectores populares, que ven mutilada la esencia de la dignidad personal y social. Y digo pesar por la gravedad de los hechos, en cuanto tienen de brutalidad, impiedad, vileza e inhumanidad. A los que a simple vista observamos el drama de los bombazos y a los diversos sectores sociales, profesionales y de los trabajadores oponerse a la injustificada medida de la Sra. Presidenta, no nos asombra, en lo más mínimo, la ligereza asumida por ella, en el caso del delicadísimo asunto que tiene como punta del iceberg, la ilegal destitución del distinguidísimo Prof. Juan Jované.
A primera vista, habíamos paulatinamente percibido que el conflicto de baja intensidad entre algunos miembros de la Junta Directiva del Seguro Social, el Prof. Jované y el señor contralor desembocaría en una guerra abierta; pero no entre Jované y la Junta, sino entre los intereses representados por él y los representados por la Junta. Se trata de una confrontación traída de un escenario natural a uno artificial, que terminó por volver al escenario original.
Es una lucha entre la vida y la muerte. Entre bios y tánatos. Es especie de una bioguerra, en la cual los sectores más desfavorecidos del país ven amenazado su futuro vital y el de sus generaciones. Allá cuando la respiración se ralentiza, cuando nuestro andar se torna más lento que el del padre de Piero, cuando el estómago no resiste más cualquier pedazo de fritura barata; allá cuando las voces de los más cercanos parecerán estar muy lejos, cuando sea un lujo recordar nuestro nombre y cuando nuestros nietos no nos podrán acompañar a buscar la migaja de jubilación, porque ya serán ancianos y quizá ciegos y sordos.
En este triste futuro no tendremos tiempo más que para lamentarnos de nuestra falta de valor para enfrentar a los mensajeros de tánatos y de Moloch, que en estos días pasaron, en avanzada brutal a rematar, con ostensible impiedad, la poca vida que le queda al pueblo. En independencia de los incidentes, me interesa denotar aquí, que el desangramiento de la esperanza y de la dignidad de los sectores populares, no empieza en los aviesos intereses de los sectores económicamente fuertes por apoderarse de la caja menuda de la CSS, como tal, o lo poco que queda de ella, sino en la canallesca y rapaz conducta de muchos empresarios. Sí, de esos que van a misa los domingos, de esos que se muestran más generosos que la Madre Teresa en los teletones de diciembre y de esos que, cuando van a seleccionar a una trabajadora, la quieren como la barbie yanqui, o de otra manera no la contratan. Sí, me refiero a esos que retienen la cuota de los trabajadores y la que les corresponde, y no la reportan. Me refiero a esos que elevan el costo de los medicamentos y servicios que proveen a la Caja. Me refiero a esos mensajeros de tánatos, que desde la época de la colonia ven a los que le producen riqueza como una cosa, como una masa de músculo, que no vale un ni gramo de hez. Me refiero a esos que en su psiquis de clase, aún mantienen arquetípicamente el patrón mental y actitudinal de los negreros de la época de la esclavitud; patrón mental, que reflejan en la manipulación de los instrumentos del poder para retenerlo, a costa de la vida y a sangre y humo lacrimógeno.
La Junta Directiva de la CSS es, en cuanto a su esencia, una textura de los intereses de los sectores dominantes y el ícono del poder, que no se podría haber visto más presionada por su dantesco proceder, que en la conducta firme e incólume asumida por Jované. ¿Por qué he de temer a equivocarme? ¿Por qué he de temer a los ataques de los arqueros de tánatos? No es posible temer a la muerte cuando ya ella convive con nosotros. Por eso, en esta ocasión, no temo a las críticas ni a los pusilánimes que sintiendo apretar la soga en su cuello, le dicen al verdugo que les apriete más fuerte. O estamos con la vida o con tánatos.
La opción es simple y única. El camino de la vida está plagado de amenazas y de hostilidad, pero es allí donde nace la humanidad y la trascendencia del ser humano. De modo que jamás aprobaremos la mascarada con rostro de infamia que representa la decisión de la honorable Junta Directiva, y ratificada, con visos de temporalidad y ligereza, por la Sra. Presidenta. ¿Por qué? Ojalá me equivoque. Primero, porque conozco la arquitectura moral y la brillantez del Prof. Jované que, a decir verdad, no necesita que nadie lo defienda, porque su calidad humana y entereza de carácter son suficientes para dejar tendida a tanta liviandad, procacidad y alevosía. Segundo, porque los argumentos de la Junta Directiva contra la actuación de Jované son reactivos y carentes de fundamentos; tercero, porque en el río revuelto de la política, el poder oficial y nadie duda de eso, hace uso de mil maneras de los recursos del pueblo para intentar hacer proselitismo, sin que les cueste un centavo de sus arcas; cuarto, porque las necesidades crecientes de los seguro-habientes, justifican las inversiones; quinto, porque los intereses que el Banco Nacional de Panamá paga a la CSS, mueven a risa hasta a los más autistas; y sexto, y he aquí el núcleo del affaire, porque el galope de la privatización está entrando en la recta final. Las demás excusas, incluida la de la incapacidad manifiesta, suenan como otrora les sonó a sus oídos el famoso gargantazo.
Hay más razones que están en la agenda del poder y sus compromisos con los organismos financieros internos e internacionales. Ya no puede ser más patética, por no decir burda, la justificación de la violencia del gobierno hacia quienes no hacen más que defenderse ante la inminencia de una muerte anunciada y del permanente saqueo del patrimonio del pueblo pauperizado. Es un acto de brutalidad suprema, de poca valentía y contra todo derecho humano, que los enviados de Moloch hayan violado la intimidad del recinto hospitalario, justificando este acto de crueldad infinita, argumentando que defienden los derechos de terceros, cuando son los terceros los que están defendiéndose de los primeros; es decir, de los representados por la mayoría de la Junta Directiva y de los segundos, esto es, de los organismos del poder oficial. Abrigo la esperanza que la legalidad retorne a la CSS y nos sentemos a buscar creativamente una solución definitiva.

101 años de Panamá América

 
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