Dictadura fidelista cojea hacia quinta década
STANFORD, CALIFORNIA (AIPE).- El 1¡ de enero, Fidel Castro celebró 40 años en el poder. El más antiguo de los dictadores del mundo sigue probando que con astucia, crueldad y un poco de suerte, el líder de una pequeña isla puede ser una figura mundial por décadas.
Castro ha sobrevivido a nueve presidentes de Estados Unidos y a la desaparición de la Unión Soviética, de la cual recibió en ayuda económica el 30% del PIB cubano, a lo largo de varias décadas. La economía cubana está hoy en ruinas, pero Castro no tiene rivales internos.
El derrocó a Fulgencio Batista, un dictador detestado que, sin embargo, presidió sobre una de las economías más prósperas de América Latina. Pero Castro, en lugar de restaurar la democracia, como había prometido, aplastó toda oposición interna y relacionó económicamente a Cuba con el Bloque Soviético.
Esa unión era lógica para Castro por su odio hacia Estados Unidos y por su determinación de convertirse en líder mundial, no importándole para nada el costo que para ello tuviese que pagar el pueblo cubano. Sólo los soviéticos podían darle el apoyo militar y económico para llevar adelante el pleito con Estados Unidos, razón por la cual se declaró marxista. El aura romántica del antiamericanismo todavía persiste. Muchos otros líderes se lo admiran, aun siendo amigos de Estados Unidos. Castro hizo que dos millones de cubanos se exilaran y ha sido responsable de incontables muertes. Sin embargo, grupos defensores de los derechos humanos prefieren acusar a Pinochet de ese tipo de violaciones.
En los últimos años, Castro ha logrado deshacer las barreras que lo mantenían apartado de gran parte del mundo, pero continúa su viejo pleito con Estados Unidos y viceversa. El embargo estadounidense le permite a Castro mantener izada su bandera antiimperialista y culpar a este país de todos sus fracasos económicos. Sabe que puede gritar todo lo que quiera porque Estados Unidos es inflexible.
Cuando el Papa visitó a Cuba, hace un año, hizo un llamado por el fin del embargo. En octubre, varios líderes políticos estadounidenses, incluyendo a los republicanos, ex secretarios de Estado George Schultz y Henry Kissinger, propusieron el nombramiento de una comisión para evaluar y, presumiblemente, cambiar la política hacia Cuba.
Mientras tanto, Castro a los 72 años, sigue a la cabeza de una isla hambreada y devastada. De promotor de la revolución en varios continentes, Castro se ha convertido en un anacronismo que ya nadie tomara en cuenta fuera de Cuba si no fuese por la política arcaica que todavía aplica Washington.
Castro ha sobrevivido a nueve presidentes de Estados Unidos y a la desaparición de la Unión Soviética, de la cual recibió en ayuda económica el 30% del PIB cubano, a lo largo de varias décadas. La economía cubana está hoy en ruinas, pero Castro no tiene rivales internos.
El derrocó a Fulgencio Batista, un dictador detestado que, sin embargo, presidió sobre una de las economías más prósperas de América Latina. Pero Castro, en lugar de restaurar la democracia, como había prometido, aplastó toda oposición interna y relacionó económicamente a Cuba con el Bloque Soviético.
Esa unión era lógica para Castro por su odio hacia Estados Unidos y por su determinación de convertirse en líder mundial, no importándole para nada el costo que para ello tuviese que pagar el pueblo cubano. Sólo los soviéticos podían darle el apoyo militar y económico para llevar adelante el pleito con Estados Unidos, razón por la cual se declaró marxista. El aura romántica del antiamericanismo todavía persiste. Muchos otros líderes se lo admiran, aun siendo amigos de Estados Unidos. Castro hizo que dos millones de cubanos se exilaran y ha sido responsable de incontables muertes. Sin embargo, grupos defensores de los derechos humanos prefieren acusar a Pinochet de ese tipo de violaciones.
En los últimos años, Castro ha logrado deshacer las barreras que lo mantenían apartado de gran parte del mundo, pero continúa su viejo pleito con Estados Unidos y viceversa. El embargo estadounidense le permite a Castro mantener izada su bandera antiimperialista y culpar a este país de todos sus fracasos económicos. Sabe que puede gritar todo lo que quiera porque Estados Unidos es inflexible.
Cuando el Papa visitó a Cuba, hace un año, hizo un llamado por el fin del embargo. En octubre, varios líderes políticos estadounidenses, incluyendo a los republicanos, ex secretarios de Estado George Schultz y Henry Kissinger, propusieron el nombramiento de una comisión para evaluar y, presumiblemente, cambiar la política hacia Cuba.
Mientras tanto, Castro a los 72 años, sigue a la cabeza de una isla hambreada y devastada. De promotor de la revolución en varios continentes, Castro se ha convertido en un anacronismo que ya nadie tomara en cuenta fuera de Cuba si no fuese por la política arcaica que todavía aplica Washington.