A diestro y siniestro
EL título de este artículo es un vocablo costumbrista, se refiere a algo que sucede sin orden ni tino. Tal cual hoy se etiqueta, con asombrosa ligereza, a quienes sostienen ideas políticas conservadoras (derecha) o liberales (izquierda). La etiqueta nace de la Asamblea francesa y de la disposición que ocupaban los distintos representantes de los distritos electorales cuando, luego de la Revolución, en la época del Terror, Francia era, jurídicamente, una monarquía sin rey y de hecho, una república sin constitución. A la derecha se ubicaban los monárquicos y a la izquierda, en la parte alta, los republicanos "montañeses".
Durante la discusión sobre los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se esgrimió el concepto fundamental y poco aludido de que el derecho a la existencia (Marat) prima sobre el derecho a la libertad (Robespierre). Si alguien leyó el discurso ante la Asamblea boliviana del presidente Evo Morales, donde toda nuestra historia cayó sobre los presentes como una cascada de agua helada, comprenderá mejor el concepto sobre el derecho de los pueblos aborígenes del altiplano boliviano a existir para ser gobierno a cinco siglos de la llegada de Colón y a dos de la Bastilla.
El socialismo rosé, post-comunista de hoy, ya sin el insoportable peso intelectual de Marx, acepta el derecho a la propiedad privada, y aunque regulado por el Estado, hace lo propio con el libre mercado, pero enfrenta dos disyuntivas. Una se refiere a la distribución de la riqueza, que desde la época de Platón y de Graco propone un reparto colectivo. La otra corriente, la productiva, que no necesariamente se contrapone con la anterior, se refiere a la estatización de los bienes de producción, en especial de los que tienen importancia social o estratégica, como son los recursos naturales del suelo, el agua, la ecología, la energía o el Canal.
El socialismo pragmático sudamericano en boga, a pesar de su pintoresca verborrea, tiende unas veces hacia la forma distributiva e interfiere menos en la productiva, dado que el pobre desarrollo humano y tecnológico de nuestras sociedades las hacen dependientes de los países tecnológicamente avanzados. Otros, tan políticamente contrapuestos como Venezuela y México, ricos en petróleo, también protegen la explotación de ese bien común y en el caso de este último lo salvaguarda de los TLC. Chile ha sido el país cuyo socialismo -quizá el de más fructífera evolución histórica de América- le permitió amoldarse, sobre el desarrollo encomiable de una sólida base educativa, a las nuevas circunstancias económicas que la globalización impone y las corrientes neoliberales post Consenso de Washington demandan. A pesar de todo, Chile no ha privatizado su principal recurso, el cobre, que continúa siendo estatal con algunas concesiones hechas a empresas privadas.
La izquierda panameña, más histérica que histórica -tal vez por la necesidad imperiosa de recuperar el Canal- nunca logró formar un partido político independiente de peso, sino que actuó en forma coyuntural o de consejería, como ocurrió bajo la dictadura cívico-militar octubrina. El original término popular de ñángara (cuyos orígenes desconozco) define muy bien a un vasto sector de la sinistra vernácula, que si bien en su oratoria gesticula con la mano izquierda, recoge sus cheques estatales con la derecha. Hoy, nuestra izquierda autista no ha pasado de la vocinglería estudiantil o sindical y de una selecta intelectualidad sofisticada, profesional, de formación u origen europeo, poco penetrada por el transculturalismo que la inevitable presencia estadounidense ha tenido en la psicología, la educación, la política y la economía desde la fundación del país.
En la actualidad y en la praxis, no existe en nuestro medio ningún partido de izquierda de principios en uso. Así una gran cantidad de nuestros profesionales, empresarios y de tecnócratas gubernamentales responden automáticamente a la poderosa influencia neo-liberal dominante, que navegará contracorriente si no está dispuesta a someterse al consenso de ejercer una economía socialmente responsable, donde el trabajador participe equitativa y solidariamente en las ganancias de la empresa y proteja, como lo hacen las grandes potencias, a los sectores más vulnerables o estratégicos de nuestra economía. Son los poderosos los primeros que deben eliminar las barreras comerciales, de lo contrario sería ir a la cruenta guerra de la competencia sin armas.
Necesitamos urgentemente un Gran Pacto Estratégico Nacional donde todos los panameños de todos los sectores, sientan la obligación de opinar, de discutir y de ponerse de acuerdo para marcar nuevos y definitivos rumbos -hoy perdidos en la nebulosa de una confusión donde se pretende estar en todas partes sin pertenecer a ninguna- si es que de verdad queremos subsistir como nación o terminar como estado libre asociado.
No es cierto que debamos competir a diestro y siniestro, sólo para ganar más y terminar sin personalidad, como algunos "libertinos globalizados" pretenden, pareciéndonos todos a todos en una sociedad uniformemente capitalista al uso y costumbres de la China de Mao o de lograr mayor bienestar a corto plazo para morir de hambre más tarde o para rellenar "correctamente" los índices macro-económicos de entidades internacionales que manejan los hilos de una globalización regulada siempre desde afuera.
Debemos unirnos todos tras un puñado de principios básicos sin otra etiqueta que el bien común, bajo una política de Estado con el objetivo de permanecer en el concierto de naciones prósperas y realizadas y continuar siendo lo que somos, un pueblo libre, multi-cultural, pacífico, abierto al conocimiento y progresista o nos dejamos caer resignados ante este nuevo soviet de derecha cuyo objetivo es crear ciudadanos que respondan como Bartleby, el personaje de Melville: - Prefiero hacer nada.
Pero, no sólo ellos tuvieron la oportunidad de volar cometas de hasta cuatro cuerdas, debido a que a los niños que no pudieron confeccionarlas o comprarlas recibieron obsequios de parte de la Embajada de la República de China.
Uno de los objetivos de APROCHIPA es crear talleres donde se les enseñe a los niños a confeccionar cometas para que así demuestren su habilidad y destreza.
Durante la discusión sobre los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se esgrimió el concepto fundamental y poco aludido de que el derecho a la existencia (Marat) prima sobre el derecho a la libertad (Robespierre). Si alguien leyó el discurso ante la Asamblea boliviana del presidente Evo Morales, donde toda nuestra historia cayó sobre los presentes como una cascada de agua helada, comprenderá mejor el concepto sobre el derecho de los pueblos aborígenes del altiplano boliviano a existir para ser gobierno a cinco siglos de la llegada de Colón y a dos de la Bastilla.
El socialismo rosé, post-comunista de hoy, ya sin el insoportable peso intelectual de Marx, acepta el derecho a la propiedad privada, y aunque regulado por el Estado, hace lo propio con el libre mercado, pero enfrenta dos disyuntivas. Una se refiere a la distribución de la riqueza, que desde la época de Platón y de Graco propone un reparto colectivo. La otra corriente, la productiva, que no necesariamente se contrapone con la anterior, se refiere a la estatización de los bienes de producción, en especial de los que tienen importancia social o estratégica, como son los recursos naturales del suelo, el agua, la ecología, la energía o el Canal.
El socialismo pragmático sudamericano en boga, a pesar de su pintoresca verborrea, tiende unas veces hacia la forma distributiva e interfiere menos en la productiva, dado que el pobre desarrollo humano y tecnológico de nuestras sociedades las hacen dependientes de los países tecnológicamente avanzados. Otros, tan políticamente contrapuestos como Venezuela y México, ricos en petróleo, también protegen la explotación de ese bien común y en el caso de este último lo salvaguarda de los TLC. Chile ha sido el país cuyo socialismo -quizá el de más fructífera evolución histórica de América- le permitió amoldarse, sobre el desarrollo encomiable de una sólida base educativa, a las nuevas circunstancias económicas que la globalización impone y las corrientes neoliberales post Consenso de Washington demandan. A pesar de todo, Chile no ha privatizado su principal recurso, el cobre, que continúa siendo estatal con algunas concesiones hechas a empresas privadas.
La izquierda panameña, más histérica que histórica -tal vez por la necesidad imperiosa de recuperar el Canal- nunca logró formar un partido político independiente de peso, sino que actuó en forma coyuntural o de consejería, como ocurrió bajo la dictadura cívico-militar octubrina. El original término popular de ñángara (cuyos orígenes desconozco) define muy bien a un vasto sector de la sinistra vernácula, que si bien en su oratoria gesticula con la mano izquierda, recoge sus cheques estatales con la derecha. Hoy, nuestra izquierda autista no ha pasado de la vocinglería estudiantil o sindical y de una selecta intelectualidad sofisticada, profesional, de formación u origen europeo, poco penetrada por el transculturalismo que la inevitable presencia estadounidense ha tenido en la psicología, la educación, la política y la economía desde la fundación del país.
En la actualidad y en la praxis, no existe en nuestro medio ningún partido de izquierda de principios en uso. Así una gran cantidad de nuestros profesionales, empresarios y de tecnócratas gubernamentales responden automáticamente a la poderosa influencia neo-liberal dominante, que navegará contracorriente si no está dispuesta a someterse al consenso de ejercer una economía socialmente responsable, donde el trabajador participe equitativa y solidariamente en las ganancias de la empresa y proteja, como lo hacen las grandes potencias, a los sectores más vulnerables o estratégicos de nuestra economía. Son los poderosos los primeros que deben eliminar las barreras comerciales, de lo contrario sería ir a la cruenta guerra de la competencia sin armas.
Necesitamos urgentemente un Gran Pacto Estratégico Nacional donde todos los panameños de todos los sectores, sientan la obligación de opinar, de discutir y de ponerse de acuerdo para marcar nuevos y definitivos rumbos -hoy perdidos en la nebulosa de una confusión donde se pretende estar en todas partes sin pertenecer a ninguna- si es que de verdad queremos subsistir como nación o terminar como estado libre asociado.
No es cierto que debamos competir a diestro y siniestro, sólo para ganar más y terminar sin personalidad, como algunos "libertinos globalizados" pretenden, pareciéndonos todos a todos en una sociedad uniformemente capitalista al uso y costumbres de la China de Mao o de lograr mayor bienestar a corto plazo para morir de hambre más tarde o para rellenar "correctamente" los índices macro-económicos de entidades internacionales que manejan los hilos de una globalización regulada siempre desde afuera.
Debemos unirnos todos tras un puñado de principios básicos sin otra etiqueta que el bien común, bajo una política de Estado con el objetivo de permanecer en el concierto de naciones prósperas y realizadas y continuar siendo lo que somos, un pueblo libre, multi-cultural, pacífico, abierto al conocimiento y progresista o nos dejamos caer resignados ante este nuevo soviet de derecha cuyo objetivo es crear ciudadanos que respondan como Bartleby, el personaje de Melville: - Prefiero hacer nada.
Pero, no sólo ellos tuvieron la oportunidad de volar cometas de hasta cuatro cuerdas, debido a que a los niños que no pudieron confeccionarlas o comprarlas recibieron obsequios de parte de la Embajada de la República de China.
Uno de los objetivos de APROCHIPA es crear talleres donde se les enseñe a los niños a confeccionar cometas para que así demuestren su habilidad y destreza.