A diez años de la caída del muro
Hace diez años los pueblos de Europa Oriental fraguaron el acontecimiento más notable de la última década del siglo XX, conocido genéricamente como la "caída del Muro de Berlín". La barrida, cual castillo de naipes, de los regímenes totalitarios por la movilización popular dista de ser un hecho que pueda ser explicado de manera simplista.
Para los stalinistas, se trató de una "conspiración" de la CIA; para los gobiernos imperialistas de occidente, no fue más que la derrota "final" del socialismo por el capitalismo. Pero en realidad se trató de un suceso complejo, que sólo puede ser comprendido a cabalidad recurriendo al método de la dialéctica materialista.
Fue, a un mismo tiempo, una gran victoria democrática contra regímenes burocráticos, que utilizaban el nombre del socialismo para justificar sus privilegios socialistas y su control represivo del aparato estatal; a la vez que un proceso canalizado hacia la restauración capitalista, por los propios burócratas, dando al traste con las ilusiones en una sociedad mejor de los pueblos que lo hicieron posible.
No hay que olvidar que el proceso de reformas pro-capitalistas, y la destrucción de la propiedad socializada, empieza desde arriba, ejecutado por los propios burócratas de los partidos comunistas, que deciden convertirse directamente en burgueses. Ejemplos claros de esto fueron tanto Deng Xiao Ping, en China, desde 1978, con su "socialismo de mercado"; como Gorbachov y la "perestroika" en la Unión Soviética en los 80.
En ambos casos, las reformas pro-capitalistas se inician desde la cúpula burocrática, cumpliéndose así la predicción de Leon Trotski, de que la burocracia rescataría el capitalismo si los trabajadores previamente no la derribaban imponiendo un socialismo con democracia obrera.
El proyecto original de la burocracia, consistía en restaurar el sistema capitalista de propiedad privada de los medios de producción, pero sin otorgar libertades democráticas a los trabajadores. La diferencia entre el proceso en Europa Oriental y China ha estribado en que, en los primeros países, las masas lograron con su movilización imponer cierto grado de libertades, mientras que en la última la revolución de Tiananmen fue ahogada en sangre.
Ello explica la mayor resistencia de los trabajadores de Rusia ante las consecuencias sociales (hambre, desempleo, pobreza) que la vuelta al capitalismo está imponiendo, y de ahí las dificultades de las transnacionales para terminar de meterse. Mientras que en China, la represión facilita a las empresas occidentales entrar sin mucha resistencia obrera, imponiendo salarios miserables y jornadas laborales extenuantes.
Que en 1989 los pueblos de Europa Oriental no se plantearan una alternativa socialista democrática, aceptando como única alternativa, frente a los regímenes stalinistas, mediatizadas "democracias" capitalistas, se explica por la destrucción física de toda oposición de izquierda.
ste no había sido el caso de las sublevaciones populares anteriores como: Hungría en 1956, Polonia en 1960 y la Primavera de Praga en 1968. Aquellas experiencias fueron aplastadas por los tanques rusos con la convivencia de los gobiernos occidentales.
Diez años después, el balance parece contradictorio. El aspecto negativo de la contradicción es que se perdieron las principales conquistas económicas y sociales que la transición al socialismo hizo posibles: pleno empleo, educación y seguridad social como no ha conocido ningún país capitalista. Esas conquistas fueron posibles gracias a dos criterios, convertidos en tabú por el neoliberalismo: la propiedad social de las empresas y la planificación económica centralizada.
El lado positivo está en las libertades democráticas conquistadas, base esencial para que los trabajadores luchen por sus derechos económicos. También se ha producido una maduración política de las conciencias: en Occidente, desapareció el mito que otorgaba al stalinismo y sus repugnantes métodos, el monopolio del socialismo; en Oriente, los trabajadores han empezado a conocer en carne propia los males del capitalismo.
Empiezan a madurar las condiciones para que los trabajadores de oriente y occidente reencontremos la senda para seguir la lucha por una sociedad más justa y democrática, libre de la miseria capitalista y de los crímenes de la burocracia stalinista, el socialismo.
Para los stalinistas, se trató de una "conspiración" de la CIA; para los gobiernos imperialistas de occidente, no fue más que la derrota "final" del socialismo por el capitalismo. Pero en realidad se trató de un suceso complejo, que sólo puede ser comprendido a cabalidad recurriendo al método de la dialéctica materialista.
Fue, a un mismo tiempo, una gran victoria democrática contra regímenes burocráticos, que utilizaban el nombre del socialismo para justificar sus privilegios socialistas y su control represivo del aparato estatal; a la vez que un proceso canalizado hacia la restauración capitalista, por los propios burócratas, dando al traste con las ilusiones en una sociedad mejor de los pueblos que lo hicieron posible.
No hay que olvidar que el proceso de reformas pro-capitalistas, y la destrucción de la propiedad socializada, empieza desde arriba, ejecutado por los propios burócratas de los partidos comunistas, que deciden convertirse directamente en burgueses. Ejemplos claros de esto fueron tanto Deng Xiao Ping, en China, desde 1978, con su "socialismo de mercado"; como Gorbachov y la "perestroika" en la Unión Soviética en los 80.
En ambos casos, las reformas pro-capitalistas se inician desde la cúpula burocrática, cumpliéndose así la predicción de Leon Trotski, de que la burocracia rescataría el capitalismo si los trabajadores previamente no la derribaban imponiendo un socialismo con democracia obrera.
El proyecto original de la burocracia, consistía en restaurar el sistema capitalista de propiedad privada de los medios de producción, pero sin otorgar libertades democráticas a los trabajadores. La diferencia entre el proceso en Europa Oriental y China ha estribado en que, en los primeros países, las masas lograron con su movilización imponer cierto grado de libertades, mientras que en la última la revolución de Tiananmen fue ahogada en sangre.
Ello explica la mayor resistencia de los trabajadores de Rusia ante las consecuencias sociales (hambre, desempleo, pobreza) que la vuelta al capitalismo está imponiendo, y de ahí las dificultades de las transnacionales para terminar de meterse. Mientras que en China, la represión facilita a las empresas occidentales entrar sin mucha resistencia obrera, imponiendo salarios miserables y jornadas laborales extenuantes.
Que en 1989 los pueblos de Europa Oriental no se plantearan una alternativa socialista democrática, aceptando como única alternativa, frente a los regímenes stalinistas, mediatizadas "democracias" capitalistas, se explica por la destrucción física de toda oposición de izquierda.
ste no había sido el caso de las sublevaciones populares anteriores como: Hungría en 1956, Polonia en 1960 y la Primavera de Praga en 1968. Aquellas experiencias fueron aplastadas por los tanques rusos con la convivencia de los gobiernos occidentales.
Diez años después, el balance parece contradictorio. El aspecto negativo de la contradicción es que se perdieron las principales conquistas económicas y sociales que la transición al socialismo hizo posibles: pleno empleo, educación y seguridad social como no ha conocido ningún país capitalista. Esas conquistas fueron posibles gracias a dos criterios, convertidos en tabú por el neoliberalismo: la propiedad social de las empresas y la planificación económica centralizada.
El lado positivo está en las libertades democráticas conquistadas, base esencial para que los trabajadores luchen por sus derechos económicos. También se ha producido una maduración política de las conciencias: en Occidente, desapareció el mito que otorgaba al stalinismo y sus repugnantes métodos, el monopolio del socialismo; en Oriente, los trabajadores han empezado a conocer en carne propia los males del capitalismo.
Empiezan a madurar las condiciones para que los trabajadores de oriente y occidente reencontremos la senda para seguir la lucha por una sociedad más justa y democrática, libre de la miseria capitalista y de los crímenes de la burocracia stalinista, el socialismo.