Diferendo diplomático México -vs- Cuba
En todo esto hay una fuerte dosis de hipocresía. El gobierno mexicano de Vicente Fox expulsa a dos diplomáticos cubanos en su territorio, acusándolos de intromisión en sus asuntos internos. Hipocresía porque a los días siguientes, sin embargo, el propio presidente Fox se manifiesta opuesto a las nuevas medidas de endurecimiento del embargo anunciadas por su similar norteamericano, George Bush hijo, contra Cuba. En fin, ¿con quién está, a favor o en contra?
La contradicción ya ha trascendido y puesto en incómoda posición a la diplomacia mexicana, tradicionalmente coherente.
En el pasado, México ha sido un irreductible defensor de la doctrina de la no intervención, la misma que le sirvió de base ahora para expulsar a los cubanos y retirar a su embajada en La Habana. Pero resulta que Fidel Castro zarpó en una expedición, armada en parte por allegados al gobierno del PRI mexicano, para arribar a su país e iniciar una guerrilla que derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista y tomó el poder en enero de 1959.
De allí en adelante, México se ha opuesto y votado, en cuanto foro ha tenido oportunidad, a favor del régimen cubano, justificando su posición en la citada doctrina y en el principio de la autodeterminación de los pueblos. Así ha sido siempre, salvo bajo el gobierno de Fox que, en una ocasión, votó contra Cuba en una resolución de condena de países que violan derecho humanos.
La hipocresía radica en que, al menos esta vez, el gobierno de Cuba tiene razón en haber expulsado y enviando de regreso a su país al magnate mexicano Carlos Ahumada, porque tras prestarle refugio en su suelo, pudo comprobarse que se trataba de un inquilino indeseable, sospechoso de corrupción y lavado de dinero en contubernio con líderes políticos y gente del gobierno azteca.
Obviamente, bajo el constante escrutinio y amenaza de sus enemigos externos e internos, lo que menos que quiere Fidel Castro es que su gobierno sea acusado de dar refugio a lavadores de dinero, delincuentes financieros y saqueadores de sus países. La hipocresía radica en que a Ahumada tampoco lo querían de vuelta a México, porque puede embarrar con sus confesiones a personeros de los actuales y pasados gobiernos. Habrían preferido que Castro se quedara con él en silencioso exilio y no lo hizo. De allí la ira mexicana.
Entre 1999 y 2001, la Secretaría Nacional de Ciencias, Tecnología e Innovación (SENACYT) aplicó el proyecto piloto "Esquema de Aprendizaje Científico y Tecnológico (PEACYT)" a jóvenes que recibieron sus clases desde IV hasta VI año en el Instituto Fermín Naudeau.
En una evaluación preliminar realizada por un grupo de científicos del departamento de Física de la Universidad de Panamá, se observó que la mayoría (62%) del conjunto experimental logró aprobar la prueba de conceptos, mientras que sólo el 23% del control, estudiantes que siguieron el sistema tradicional, logró pasarlo.
La contradicción ya ha trascendido y puesto en incómoda posición a la diplomacia mexicana, tradicionalmente coherente.
En el pasado, México ha sido un irreductible defensor de la doctrina de la no intervención, la misma que le sirvió de base ahora para expulsar a los cubanos y retirar a su embajada en La Habana. Pero resulta que Fidel Castro zarpó en una expedición, armada en parte por allegados al gobierno del PRI mexicano, para arribar a su país e iniciar una guerrilla que derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista y tomó el poder en enero de 1959.
De allí en adelante, México se ha opuesto y votado, en cuanto foro ha tenido oportunidad, a favor del régimen cubano, justificando su posición en la citada doctrina y en el principio de la autodeterminación de los pueblos. Así ha sido siempre, salvo bajo el gobierno de Fox que, en una ocasión, votó contra Cuba en una resolución de condena de países que violan derecho humanos.
La hipocresía radica en que, al menos esta vez, el gobierno de Cuba tiene razón en haber expulsado y enviando de regreso a su país al magnate mexicano Carlos Ahumada, porque tras prestarle refugio en su suelo, pudo comprobarse que se trataba de un inquilino indeseable, sospechoso de corrupción y lavado de dinero en contubernio con líderes políticos y gente del gobierno azteca.
Obviamente, bajo el constante escrutinio y amenaza de sus enemigos externos e internos, lo que menos que quiere Fidel Castro es que su gobierno sea acusado de dar refugio a lavadores de dinero, delincuentes financieros y saqueadores de sus países. La hipocresía radica en que a Ahumada tampoco lo querían de vuelta a México, porque puede embarrar con sus confesiones a personeros de los actuales y pasados gobiernos. Habrían preferido que Castro se quedara con él en silencioso exilio y no lo hizo. De allí la ira mexicana.
Entre 1999 y 2001, la Secretaría Nacional de Ciencias, Tecnología e Innovación (SENACYT) aplicó el proyecto piloto "Esquema de Aprendizaje Científico y Tecnológico (PEACYT)" a jóvenes que recibieron sus clases desde IV hasta VI año en el Instituto Fermín Naudeau.
En una evaluación preliminar realizada por un grupo de científicos del departamento de Física de la Universidad de Panamá, se observó que la mayoría (62%) del conjunto experimental logró aprobar la prueba de conceptos, mientras que sólo el 23% del control, estudiantes que siguieron el sistema tradicional, logró pasarlo.