Difícil acceso al empleo formal
El actual modelo económico imperante en el país y el mundo, conocido como globalización le abrió paso a una sociedad dominada por la competencia y la volatilidad de los mercados. Esta se visibiliza en una crisis del empleo formal, la precarización de las relaciones laborales, la desregulación laboral, la flexibilización, en la crisis de la acción colectiva del orden laboral, en donde el desempleo adquiere un carácter estructural y persiste el autoempleo de subsistencia.
Es por ello que el tiempo actual de globalización, propio de la época de ajustes estructurales y reformas del Estado, genera por una parte tendencias excluyentes creadoras y causantes de desempleo y subempleo, que son fruto de la volatilidad de los mercados, donde no escapa el mercado laboral y la empleabilidad.
El desempleo producto de la globalización se manifiesta en la prevalencia de varias tendencias, entre las que destacan: Declive del empleo público, Estado progresivamente ha disminuido su papel central de empleador, brindando menos oportunidades de ocupación, lo que agudiza la crisis del empleo formal; precarización de las relaciones laborales, que se da desde la óptica de la desregulación laboral, reestructuración productiva y flexibilidad laboral, así como en el debilitamiento del actor sindical, lo que muestra cómo el mundo laboral se está desvaneciendo ante la emergencia de un nuevo modelo acumulativo que conlleva lógicas laborales distintas; la naturaleza estructural del desempleo, es decir, el desempleo tiene una naturaleza estructural y no meramente cíclica, en donde la misma puede desarrollar dinámicas de transmisión generacional de la pobreza y la persistencia del autoempleo de subsistencia, donde gran parte de este tipo de autoempleo corresponde a una economía de pobreza, pobres, produciendo para pobres.
En la actual etapa de globalización ha persistido, e incluso aumentado, la desigualdad social. En ella se han creado las condiciones de inserción para unos sectores de la sociedad y para otros no. La resultante más significativa del cambio estructural precipitado por el proceso de globalización en las economías nacionales es su incapacidad para crear empleo formal, a tiempo completo, estable y bien remunerado.
En el caso de Panamá, prueba de lo anterior es que, según cifras de la Contraloría General de la República, un 47% de los ocupados a agosto del 2007 forma parte del sector informal de la economía. En la mayoría de los casos, esta informalidad les impide acceder a ventajas sociales como seguridad social, no le brinda acceso a crédito; por ende, no les permiten adquirir una serie de bienes, no otorga el derecho a una jubilación, pensión, licencias por maternidad. Todo eso les condiciona y restringe la participación social, imponiéndoles "barreras" que no les permiten recorrer el camino necesario para transitar hacia un ejercicio de la ciudadanía social, lo que dificulta su participación en muchas actividades generales (sociales, políticas, económicas, culturales etc.) quedando, por lo general, excluidos de participar en muchas y diversas esferas sociales.
Se debe tener cuidado con los discursos celebratorios de que se está a punto de alcanzar el pleno empleo, cuando lo que se manifiesta en la realidad es una incapacidad del Estado y del mercado de generar empleos formales, dignos y bien remunerados.
*Del IDEN, Universidad de Panamá.