Dilema replanteado: ¿Reforma o Constituyente?
En la baraúnda de ideas que durante los últimos quince años se han expuesto por conducto de nuestros medios de comunicación social o pública, con respecto a la denominación que encabeza este artículo, creemos que la forma más responsable y adecuada con que un medio de masa haya podido referirse al tema, consta en el editorial del diario El Panamá América del 24 de octubre recién pasado. Todos los párrafos de ese editorial exigen meditación, porque plantean aspectos esenciales en esa problemática.
Para muestra, reproducimos las siguientes líneas que constituyen una seria oferta: "El Panamá América presentará todas las posiciones en este debate: analizará críticamente todas las propuestas; investigará los antecedentes; proyectará las consecuencias probables y ofrecerá toda la información posible, para que nos encaminemos conscientemente por el camino más conveniente a la Nación".
Dado que la Curia Católica ha pedido, yendo a la Presidencia, que se incluya una papeleta adicional sobre tal punto, para usarla en las elecciones presidenciales próximas, y que su Consejo Ecuménico ha puesto en marcha la recolección de firmas, parece que "el río suena" y que "piedras trae".
Hay algunas ideas sueltas sobre el particular, que podemos externar. Será necesario discutir y decidir, entre muchas otras situaciones, cuál debe ser el camino que conduzca a una meta o resultado eficiente y de beneficio ciudadano. Si se aprueba un Decreto o una Ley que autorice el método de papeletas en las urnas eleccionarias o que se recojan firmas para una propuesta, entonces no pocos dirán, y tal vez tengan razón, que la vía es inconstitucional y puede ser impugnada ante la Corte Suprema de Justicia, con resultados que muchos solicitarán sean trasparentes; es decir, de exclusivo análisis jurídico. La respuesta de la Corte nos parece obvia.
Otro punto de interés reside en que una "propuesta" o "papeleta" resulta muy poco específica; sería incompleta, pues la simple existencia de una mayoría no decide nada en cuanto al método de elección, la fecha eleccionaria y otros particulares de indispensable solución previa. ¿Y quién los hace obligatorios?
También será obvio que una coincidencia o mezcla de elección presidencial con algún tipo de idea sobre Reformas constitucionales o Constituyente, introduce un factor extrañamente caro y desorientador. Los candidatos de una y otra clase y los partidos gastarán para sus propios fines, incluso personales, pues no es lo mismo ser legislador a ser constituyente, y hay algunos últimos que dicen que no se sabe qué rumbo tomarán las cosas.
Hay otro punto inmediato: como las elecciones actuales (presidentes, vicepresidentes, legisladores y representantes) exigen que el candidato gaste mucho dinero, y es ya la costumbre, lo más seguro es que un grupo de adinerados se postulen y ganen la curul constituyente, por lo que aparecerán en la futura Carta los principios económicos de la globalización, la tesis de libre comercio, las privatizaciones, mediante fórmulas constitucionales. Así se perderá cierta cantidad de disposiciones que hoy constan en la constitución o en las leyes, y que los ricos no las quieren, sino las posibilidades de que las reformen o las eliminen. "para mayor gloria de Dios", o sea don dinero. Los propagandistas actuales, si no tienen dinero, que se despidan. Por esta senda, desaparecerán no pacas normas de la Carta Magna, las que a lo mejor serán sustituidas o reformadas, en defensa de los nuevos intereses. Ya los puertos no serán del Estado sino de inversionistas. Se borrará de la Constitución el artículo 255 actual, conforme a cuyo texto, "pertenecen al Estado, son de uso público y por consiguiente no pueden ser objeto de apropiación privada: el mar territorial, las playas y riberas, los ríos navegables, los puertos y los esteros". Se borrará también de la Carta el artículo 288, sobre comercio al por menor de los panameños, que sigue vigente, aunque los dueños de hoy, en buena cantidad, no hablen español, si bien tienen cédulas de panameños, por haber nacido en Chupampa o en Coclecito.
Hay la creencia falsa de que la Constituyente o una "nueva" Constitución vendrá a ser la panacea para los problemas nacionales: salud, educación, desempleo, miseria o pobreza extrema, economía estancada, crisis general. Esos problemas encuentran sus fuentes en las estructuras de la sociedad panameña, y mientras las últimas no sean corregidas, lo que sólo se logra a largo plazo, todo seguirá su rumbo actual, con o sin Constituyente, Constituciones u otros fetiches parecidos, a los que a veces se les atribuyen poderes fantásticos, sin tenerlos.
Para muestra, reproducimos las siguientes líneas que constituyen una seria oferta: "El Panamá América presentará todas las posiciones en este debate: analizará críticamente todas las propuestas; investigará los antecedentes; proyectará las consecuencias probables y ofrecerá toda la información posible, para que nos encaminemos conscientemente por el camino más conveniente a la Nación".
Dado que la Curia Católica ha pedido, yendo a la Presidencia, que se incluya una papeleta adicional sobre tal punto, para usarla en las elecciones presidenciales próximas, y que su Consejo Ecuménico ha puesto en marcha la recolección de firmas, parece que "el río suena" y que "piedras trae".
Hay algunas ideas sueltas sobre el particular, que podemos externar. Será necesario discutir y decidir, entre muchas otras situaciones, cuál debe ser el camino que conduzca a una meta o resultado eficiente y de beneficio ciudadano. Si se aprueba un Decreto o una Ley que autorice el método de papeletas en las urnas eleccionarias o que se recojan firmas para una propuesta, entonces no pocos dirán, y tal vez tengan razón, que la vía es inconstitucional y puede ser impugnada ante la Corte Suprema de Justicia, con resultados que muchos solicitarán sean trasparentes; es decir, de exclusivo análisis jurídico. La respuesta de la Corte nos parece obvia.
Otro punto de interés reside en que una "propuesta" o "papeleta" resulta muy poco específica; sería incompleta, pues la simple existencia de una mayoría no decide nada en cuanto al método de elección, la fecha eleccionaria y otros particulares de indispensable solución previa. ¿Y quién los hace obligatorios?
También será obvio que una coincidencia o mezcla de elección presidencial con algún tipo de idea sobre Reformas constitucionales o Constituyente, introduce un factor extrañamente caro y desorientador. Los candidatos de una y otra clase y los partidos gastarán para sus propios fines, incluso personales, pues no es lo mismo ser legislador a ser constituyente, y hay algunos últimos que dicen que no se sabe qué rumbo tomarán las cosas.
Hay otro punto inmediato: como las elecciones actuales (presidentes, vicepresidentes, legisladores y representantes) exigen que el candidato gaste mucho dinero, y es ya la costumbre, lo más seguro es que un grupo de adinerados se postulen y ganen la curul constituyente, por lo que aparecerán en la futura Carta los principios económicos de la globalización, la tesis de libre comercio, las privatizaciones, mediante fórmulas constitucionales. Así se perderá cierta cantidad de disposiciones que hoy constan en la constitución o en las leyes, y que los ricos no las quieren, sino las posibilidades de que las reformen o las eliminen. "para mayor gloria de Dios", o sea don dinero. Los propagandistas actuales, si no tienen dinero, que se despidan. Por esta senda, desaparecerán no pacas normas de la Carta Magna, las que a lo mejor serán sustituidas o reformadas, en defensa de los nuevos intereses. Ya los puertos no serán del Estado sino de inversionistas. Se borrará de la Constitución el artículo 255 actual, conforme a cuyo texto, "pertenecen al Estado, son de uso público y por consiguiente no pueden ser objeto de apropiación privada: el mar territorial, las playas y riberas, los ríos navegables, los puertos y los esteros". Se borrará también de la Carta el artículo 288, sobre comercio al por menor de los panameños, que sigue vigente, aunque los dueños de hoy, en buena cantidad, no hablen español, si bien tienen cédulas de panameños, por haber nacido en Chupampa o en Coclecito.
Hay la creencia falsa de que la Constituyente o una "nueva" Constitución vendrá a ser la panacea para los problemas nacionales: salud, educación, desempleo, miseria o pobreza extrema, economía estancada, crisis general. Esos problemas encuentran sus fuentes en las estructuras de la sociedad panameña, y mientras las últimas no sean corregidas, lo que sólo se logra a largo plazo, todo seguirá su rumbo actual, con o sin Constituyente, Constituciones u otros fetiches parecidos, a los que a veces se les atribuyen poderes fantásticos, sin tenerlos.