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Dime quién escribe y te diré lo que quiere


Con extrañeza y pesar leímos el editorial de El Panamá América correspondiente a la edición del 6 de abril del año en curso, titulado "El lado oscuro de la Universidad", una apretada síntesis de improperios, incongruencias y maledicencias, dignos de la peor prensa amarilla, la que sería prueba más que suficiente para revelar el propósito egoísta que inspiró al autor. Porque, dígase lo que se diga, todo editorial tiene un autor y todo autor tiene un propósito que, similar a la misma moral que lo sustenta, se revela en el tono de su escritura.
Nada de extrañar tiene que, en medio del proceso electoral que se inicia en la Universidad de Panamá para escoger a sus dignatarios, afloren viejos resentimientos, que las ambiciones soterradas reverdezcan laureles y que quienes se sienten agraviados por un motivo u otro, con o sin razón, aprovechen la oportunidad de trabajar en un medio de comunicación para tomar venganza, manchar reputaciones e iniciar campañas descalificadoras con fines tan antiguos como la misma existencia humana. Sin duda, en casos como estos, la razón de la diatriba quedaría en evidencia si se revelara la identidad del autor. El dime quién escribe y te diré lo que quiere podría ser uno de los refranes más populares de nuestro tiempo.
Flaco favor se hace a sí mismo y a la comunidad un medio de comunicación tan prestigioso como El Panamá América si arremete contra una institución, hermanada por la historia, que espera en reciprocidad lo que da en demasía. Porque no obstante, las justas críticas que se le pueden hacer, en ocasiones muy merecidas, nadie puede desconocer el papel que desempeña la Universidad de Panamá desde su fundación y el esfuerzo que hace cada generación de universitarios, en medio de campañas como la que pretende iniciar el editorialista de su diario, para cumplir las tareas por las cuales fue creada: elevar la calidad de la enseñanza y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos que comparten la tierra que los vio nacer.-
Ninguna institución del país es inmune a las zonas oscuras que las circunstancias provocan. Ante ello, esta casa de estudios está permanentemente abierta a las críticas constructivas que conduzcan a su mejoramiento y progreso académico y profesional.- Pero igualmente, debemos destacar que muy pocas actividades públicas pueden vanagloriarse de haber conservado encendida la luz del decoro y la dignidad, de sobrevivir en medio de los envilecimientos a los que se la sometió, y de haber devuelto al país con creces los recursos que a menudo le regatean.- Las pequeñas ruindades, las crueles y rabiosas acometidas de sus detractores oficiosos, sólo sirven a los universitarios para agigantarse y cerrar filas en su papel siempre renovado de ser la conciencia crítica de la nación.

101 años de Panamá América

 
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