Dimensión ambiental en el plan de gobierno
Los problemas ambientales han trascendido de la relación hombre-naturaleza, pues cuestionan las decisiones económicas y los modelos de desarrollo, imponen retos culturales y atentan contra la supervivencia del hombre y del planeta. Ya no podemos hablar sólo de cuidar los árboles, ahorrar el agua o cuidar los animales de los circos. Esto, aunque tiene su valor, resulta trivial ante los procesos de desertificación y empobrecimiento de nuestros suelos; la pérdida de la autosuficiencia alimentaria por la imposición de semillas transgénicas; y la disminución de la disponibilidad del agua que cada vez más se agudiza.
Esta situación hace imprescindible que la próxima gestión de gobierno consolide la relación sector privado, gobierno y sociedad civil a efecto de hacer propia la lucha para defender los intereses comunes ambientales y el patrimonio natural del país, que nos pertenece a todos. La experiencia en el mundo nos ha enseñado que sólo se toman n serio los problemas ambientales cuando existe efectivamente esa relación. Este momento en que se estructuran los programas que definirán el rumbo de Panamá en el próximo quinquenio, es el adecuado para establecer una política comprometida con la gestión ambiental en el plano nacional e internacional. Y es que el país ya no resiste más los discursos demagógicos; es necesario que los programas de los candidatos asuman con urgencia una genuina agenda ambiental que nos permita alcanzar una verdadera justicia social.
La consciencia de la sociedad a favor de la gestión ambiental ha evolucionado, por lo que no me queda duda que el candidato que no incluya con jerarquía en su programa de gobierno la causa ambiental no podrá refrendar su propuesta electoral en las urnas. Mediante ésta tendrá que convencernos de que es diferente, de que está comprometido genuinamente con estas preocupaciones, que está dispuesto a aceptar el reto de apoyar propuestas y políticas públicas que no son necesariamente populares, pero que constituyen medidas urgentes para revertir el deterioro ecológico y propiciar un desarrollo socioeconómico en armonía con la protección ambiental.
Con respecto a las locuciones adverbiales "a diestro y siniestro" y a "diestra y siniestra", debe entenderse que no tienen el mismo significado y, por tanto, no deben emplearse indistintamente. Aquella está en el DRAE desde hace más de dos siglos, y significa "sin tino, sin orden, sin discresión". Tiene el mismo significado de "sin ton ni son" y "a tontas y a locas". La locución "a diestra y siniestra" no aparece en el catálogo oficial de la lengua. Tiene, no obstante, buena formación idiomática, pero no reemplaza a la primera. Podría aceptarse como variante de "a brazo partido".
Hay gente en Panamá enferma de dequísmo: "Pienso de que", "creo de que", "siento de que", "dijo de que". Otros, para evitar un imaginario dequeísmo omiten la preposición de equivocadamente. Dicen, por ejemplo, "No hay duda que", en vez de "No hay duda de que", la expresión correcta.
Enfermos están muchos, también, del que galicado: "Ahora es que viene", en vez de "cuando viene". "Así fue que lo conocí", en vez de "como lo conocí". En ese lugar fue que lo encontraron", en vez de "donde lo encontraron".
Abundan los que no conocen la diferencia entre "debe" y "debe de": "Hoy debe llegar" (señala obligación). "Hoy debe de llegar" (denota posibilidad). Y hay por ahí un "la cual" que me golpea cada vez que lo oigo -que es a cada rato-, donde por elemental sentido de concordancia corresponde "el cual", por ejemplo, "Este es el motivo por La ( ) cual pido su intervención".
Por último, he perdido la cuenta de las veces que he llamado la atención sobre la frase "jugar un papel o rol". Debo insistir: Un papel o rol, en términos castizos, no se juega. Se desempeña, se hace, se tiene, se representa, en el sentido que las palabras papel y rol tienen de cargo o función que alguien o algo cumple en alguna situación o en la vida. He dejado en el tintero incorrecciones de lenguaje que me propongo comentar próximamente.
*El autor es miembro correspondiente de la Academia Panameña de la Lengua.
Esta situación hace imprescindible que la próxima gestión de gobierno consolide la relación sector privado, gobierno y sociedad civil a efecto de hacer propia la lucha para defender los intereses comunes ambientales y el patrimonio natural del país, que nos pertenece a todos. La experiencia en el mundo nos ha enseñado que sólo se toman n serio los problemas ambientales cuando existe efectivamente esa relación. Este momento en que se estructuran los programas que definirán el rumbo de Panamá en el próximo quinquenio, es el adecuado para establecer una política comprometida con la gestión ambiental en el plano nacional e internacional. Y es que el país ya no resiste más los discursos demagógicos; es necesario que los programas de los candidatos asuman con urgencia una genuina agenda ambiental que nos permita alcanzar una verdadera justicia social.
La consciencia de la sociedad a favor de la gestión ambiental ha evolucionado, por lo que no me queda duda que el candidato que no incluya con jerarquía en su programa de gobierno la causa ambiental no podrá refrendar su propuesta electoral en las urnas. Mediante ésta tendrá que convencernos de que es diferente, de que está comprometido genuinamente con estas preocupaciones, que está dispuesto a aceptar el reto de apoyar propuestas y políticas públicas que no son necesariamente populares, pero que constituyen medidas urgentes para revertir el deterioro ecológico y propiciar un desarrollo socioeconómico en armonía con la protección ambiental.
Con respecto a las locuciones adverbiales "a diestro y siniestro" y a "diestra y siniestra", debe entenderse que no tienen el mismo significado y, por tanto, no deben emplearse indistintamente. Aquella está en el DRAE desde hace más de dos siglos, y significa "sin tino, sin orden, sin discresión". Tiene el mismo significado de "sin ton ni son" y "a tontas y a locas". La locución "a diestra y siniestra" no aparece en el catálogo oficial de la lengua. Tiene, no obstante, buena formación idiomática, pero no reemplaza a la primera. Podría aceptarse como variante de "a brazo partido".
Hay gente en Panamá enferma de dequísmo: "Pienso de que", "creo de que", "siento de que", "dijo de que". Otros, para evitar un imaginario dequeísmo omiten la preposición de equivocadamente. Dicen, por ejemplo, "No hay duda que", en vez de "No hay duda de que", la expresión correcta.
Enfermos están muchos, también, del que galicado: "Ahora es que viene", en vez de "cuando viene". "Así fue que lo conocí", en vez de "como lo conocí". En ese lugar fue que lo encontraron", en vez de "donde lo encontraron".
Abundan los que no conocen la diferencia entre "debe" y "debe de": "Hoy debe llegar" (señala obligación). "Hoy debe de llegar" (denota posibilidad). Y hay por ahí un "la cual" que me golpea cada vez que lo oigo -que es a cada rato-, donde por elemental sentido de concordancia corresponde "el cual", por ejemplo, "Este es el motivo por La ( ) cual pido su intervención".
Por último, he perdido la cuenta de las veces que he llamado la atención sobre la frase "jugar un papel o rol". Debo insistir: Un papel o rol, en términos castizos, no se juega. Se desempeña, se hace, se tiene, se representa, en el sentido que las palabras papel y rol tienen de cargo o función que alguien o algo cumple en alguna situación o en la vida. He dejado en el tintero incorrecciones de lenguaje que me propongo comentar próximamente.
*El autor es miembro correspondiente de la Academia Panameña de la Lengua.