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Dinámica de la revolución venezolana


En un artículo, el ex ministro de Defensa colombiano, Rodrigo Pardo, realizó un interesante análisis sobre la situación política venezolana y afirmó que con relación a nuestra crisis la comunidad internacional se encuentra "desmotivada". Esto es cierto y la pregunta es ¿por qué?, ¿qué ocurre con los eventos que aparatosamente se suceden en Venezuela, causando ruina interna y creciente impacto exterior, sin generar una reacción más asertiva de parte de la comunidad interamericana e internacional?
La respuesta tiene que ver con el carácter tragicómico de nuestra crisis. Por un lado, el régimen revolucionario de Hugo Chávez hace gestos que incluyen la posibilidad hasta de romper relaciones con Estados Unidos (EU) y Colombia, denuncia proyectos de invasión del país y asegura que convertirá a cada venezolano en un soldado; por otra parte, no se atreve a cerrar medios de comunicación y se proclama defensor de los derechos humanos. ¿Quién puede tomar en serio tales bufonadas?
El peor costo pagado por Chávez a lo largo de sus delirantes años en el poder es el de haberse convertido en figura de irrisión en el marco internacional. Castro es un déspota condenable, pero su figura no suscita la hilaridad y el menosprecio que despierta Chávez en el exterior. No me cabe duda que una de las principales razones que explican el escaso interés de otros gobiernos del área y en nuestras desventuras tiene que ver con el irrespeto que origina el histrionismo del Jefe de Estado venezolano, su carencia de densidad como político y estadista, sus ambiciones fantasiosas y la brecha entre sus aspavientos revolucionarios y el desastre de sus realizaciones. Chávez es el anti Maquiavelo por excelencia. El gran florentino aconsejaba: "Téngase muy en cuenta que a los hombres se les debe ganar, o anularlos, porque de las pequeñas ofensas se vengan, pero de las grandes no pueden; por ello el agravio que se les haga debe ser de los que no permitan temer venganza" ("El príncipe", capítulo III). El régimen ha llenado de agravios a los que se le oponen, pero no se atreve a anularlos.
En el plano de la hilaridad, las contradicciones, y la falta de seriedad, la oposición democrática no se queda demasiado atrás. Por un lado afirmamos que este régimen es una cuasi-dictadura, una dictadura constitucional, una dictadura con máscara o dictadura a secas. Por otro lado, incontables delegaciones de oposición que van a Washington a vender esa tesis se ven forzadas a admitir que la oposición participará en elecciones bajo el manto del régimen y que algunos de los solemnes delegados oposicionistas, inflados como siempre de increíble vanidad, son ellos mismos candidatos a posiciones de poder. ¿Cómo sorprenderse de que los senadores de EU carezcan de la paciencia para seguir nuestros sutiles argumentos?
Esta gran farsa, que afecta por igual a gobierno y oposición, esta impostura diaria, esta carencia de un sentido de las proporciones que coloque nuestras actitudes en armonía con lo que decimos, son nuestras convicciones acerca de la naturaleza del régimen, tendrá que finalizar algún día. De igual modo, la comicidad chavista, las chapucerías y mentirillas al estilo del Vicepresidente Ejecutivo de la burlesca República Bolivariana, tendrán que extinguirse tarde o temprano. Y ello por efecto de la dinámica intrínseca de las revoluciones. Esta dinámica impulsa inexorablemente hacia la radicalización. Es eso lo que observamos. El régimen tiene dos opciones: o le pone fin a las ilusiones democráticas o admite que será derrotado por ellas. Es decir, que dejarán necesariamente de ser ilusiones. El juego de la ambigüedad no puede durar mucho más. Ello a pesar de nuestro gusto por el teatro político, por los amagos fallidos y los duelos meramente verbales.
La dinámica de las revoluciones arrastra y muele a sus hijos. Chávez no tiene otra opción, si desea preservar un mínimo de dignidad, que la de acelerar el llamado "proceso", como se lo predican sus amos cubanos. A decir verdad, si no fuese por la intervención castrista en este contexto, os venezolanos seríamos capaces de dar continuidad al circo por más tiempo. Pero con sus fallas, a los fidelistas que han venido acá, y a su jefe máximo, hay que reconocerles una cosa: no están jugando y contribuirán a empujar a su protegido a cualquier abismo a fin de convertir esta revolución bufa en algo más serio, menos despreciable.
Razón tenían los teóricos del buen gobierno cuando afirmaban que lo era aquél que lograba el mayor bien, felicidad y bienestar para el mayor número posible.
Tal como se ha señalado, utilizaremos toda la capacidad del país y el esfuerzo de nuestro gobierno para combatir todos los problemas sociales actuales generados y lo haremos con el aumento de la productividad.
Lo anterior es el interés del licenciado, Martín Torrijos, presidente de todos los panameños. ¡Sí se puede, Panamá!

101 años de Panamá América

 
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