Dios acoge al pecador
El verbo "perder" se suele usar para hablar de las cosas que no encontramos, ya sea porque se nos han extraviado o quizás porque nos las han quitado. Cuando se aplica a personas, nos referimos a alguien que se ha alejado o se nos ha ido para siempre. En cualquier caso, el verbo perder indica extravío, alejamiento, distancia. Por eso, cuando nos referimos a alguien que vive de mala manera (por la razón que sea) decimos que viven como un "perdido" o que está en camino de "perdición". Por desgracia, hay muchas personas que andan así. Y de los que viven así, se suele decir que son unos perdidos. Pues bien, ¿cómo se porta el Padre del cielo con los "perdidos"?
El evangelio de Lucas dedica un capítulo entero (el 15) a este asunto. El hecho es que por que se dice al comienzo de este capítulo, Jesús andaba con malas compañías: "Todos los publicanos y los pecadores se le acercaban para escucharlo" (Luc. 15,1), y además, Jesús los "acogía" y "comía" con ellos. (Luc. 15,2). O sea, Jesús convivía con la gente más perdida de aquel tiempo. "Hic peccatores recipit". Lo cual, como es lógico, era motivo de murmuración y de escándalo para las "personas más respetables" (fariseos) y también para los más entendidos (letrados) en asuntos de religión (Luc. 15,2). Sin duda, los fariseos y los letrados no les cabía en la cabeza que Jesús estuviera hablando a todas horas de Dios como Padre y que al mismo tiempo, se pasara la vida juntándose con los "perdidos". Los "hombres de la religión" estaban convencidos de que Dios, por muy "Padre" que sea, tiene que rechazar al perdido. Y, sin embargo, Jesús no se defiende de la acusación que hacen contra él los "respetables" y los "entendidos" en las cosas de Dios. Todo lo contrario, en vez de defenderse, lo que hace el evangelio de Lucas es explicar que el dios, en el que creían los fariseos y los letrados, no es como el Dios que anunciaba Jesús. Porque el dios de fariseos y letrados es un dios que condena a los "perdidos" de este mundo; mientras que el Dios que anunciaba Jesús quiere tanto a los "perdidos" que no puede pasar sin ellos, sea cual sea la razón por la que se pierden.
El evangelio de Lucas pone en boca de Jesús tres parábolas: El famoso tríptico de la misericordia. La oveja perdida (Lc. 15,3-7), la moneda perdida (Lc.15-8,10) y el hijo perdido (Lc. 15, 11-32) Las tres parábolas coinciden en una cosa: el pastor que pierde la oveja (Lc.15,4) la mujer que pierde la moneda (Lc.15,8) y el padre que pierde al hijo (Lc.15,32) son personas que quieren tanto lo que se ha perdido, que no paran hasta que lo encuentran. Y cuando lo encuentran, les da tanta alegría (Lc. 15,7 y 10) que todo termina en una gran fiesta concomida abundante, música y baile (Lc.15,23-25) Entonces eso quiere decir que Dios no ve a los pecadores como personas "malas", sino como personas "necesitadas" y "desamparadas"; o sea, no le causan a Dios ni rechazo, ni "resentimiento". Todo lo contrario, cuando Dios, el Padre, ve de lejos al hijo, siente tanta emoción que el Evangelio dice literalmente que se le conmovieron las entrañas (Lc. 15,20). Dios siente lo más hondo y lo más fuerte que sentimos los seres humanos en esta vida cuando queremos de verdad a alguien. Eso le pasa a Dios con los "perdidos" por muy perdidos que estén. Pero en esas tres parábolas hay una cosa en la que no coinciden: la oveja y la moneda se pierden sin culpa propia, como es natural. Por el contrario, el hijo que se va de la casa del Padre se va porque quiere. O sea, se pierde por culpa suya. Además, no sólo se va por su culpa, sino que encima se lleva la mitad de la fortuna del padre (Lc. 15, 11-13). Se va lejísimo de su casa y allí se gasta todo el dinero, "viviendo como un perdido". Es la imagen trágica de un desgraciado que terminó viviendo peor que los cerdos, ya que no podía comer ni lo que comían los cerdos (Lc. 15, 169).
En esta parábola se dicen dos cosas que resultan de tal manera impresionantes que no nos las acabamos de creer. La primera cosa es que el hijo perdido (el pródigo) volvió a la casa del padre, no porque se "convirtió" (eso no dice en la parábola en ninguna parte), sino porque "se moría de hambre" Y eso es lo que explica el discursito que traía preparado para dar explicaciones y excusas. Es decir, al Padre no le interesan los motivos por los que el hijo vuelve. Lo que le importa es el hecho de que el hijo está con él. Y prueba de ello es que no le reprocha nada, ni le echa en cara las barbaridades que ha hecho. Todo lo contrario, el Padre le organiza un fiestón por lo alto. Sin embargo, es más chocante la segunda cosa. El hermano mayor "el bueno de la película", que siempre estuvo donde tenía que estar cumpliendo con su deber al pie de la letra, es el que termina, al final de la historia, recibiendo una represión. ¿Por qué? Porque el hermano mayor era efectivamente, cumplidor y observante. Pero era un cumplidor con espíritu y mentalidad de fariseo. Es decir, era un individuo que tenía conciencia de que él era bueno. Y porque él se consideraba el bueno y estaba orgulloso de serlo, despreciaba al perdido. Lo cual quiere decir que el hijo mayor era, un cumplidor y un observante perfecto, pero no se relacionaba con su padre como un Padre sino como un jefe o un amo al que hay que someterse, pero también ante el que uno se puede quejar, si el jefe (o el amo) no le da aquello a lo que uno piensa que tiene derecho. Por eso, ni más ni menos, el hijo mayor le echara en cara al padre que no le ha dado ni un cabrito para merendar con los amigos.
Hay personas religiosas que son observantes hasta el último detalle,y precisamente porque se ven a sí mismos tan observantes, piensa que son los buenos y de ello se sienten satisfechos. Pero resulta que viven todo eso de tal forma que desprecian a todos los que van por la vida como unos perdidos; y entonces lo que ocurre es que los que piensan y sienten como el hermano mayor por más observancias y más fidelidades que puedan presentar como "méritos" ante Dios, la pura verdad es que no se han enterado de lo que es Dios. Ni saben media palabra de cómo es Dios. Muchos de los que decimos que Dios es nuestro padre, en realidad no hemos matado al fariseo que todos llevamos dentro.
Pero al mismo tiempo, el Dr. Arnulfo Arias se abrogó la facultad de cambiar de constitución por referéndum popular y no por la aprobación de dos Asambleas, según como estipulaba la Constitución vigente de 1904 (art. 137).
En la nueva Constitución se reforzó exageradamente el papel del Presidente, extendiendo su período de 4 a 6 años (art. 104), lo que le habría dado al Presidente Arnulfo Arias una presidencia de siete años y además permitía que la Asamblea lo revistiera "pro tempore...de facultades extraordinarias para fines específicos" (art.88, no.20). Además, expresó un racismo por razones económico-culturales sobre todo hacia los negros cuyo idioma originario no fuera el castellano en cuanto a nacionalidad y naturalización (art.12 y 14), y estableció que eran de "inmigración prohibida: la raza negra cuyo idioma originario no sea el castellano, la raza amarilla y las razas originarias de la India, Asia Menor y el Norte de Africa"(art. 23). Este sentimiento racista se encontraba difuso en la sociedad, incluso se manifestó en la Ley del 11 de marzo de 1904, mediante la cual la Asamblea Constituyente había legislado sobre "las razas de inmigración prohibida". Pero al darle categoría constitucional, dicho racismo se endureció y agravó. Y sobre todo se aplicó drásticamente a nivel del comercio al por menor en contra de los orientales.
A este cambio de Constitución se opuso el Dr. Harmodio Arias, quien comenzó a manifestar oposición a las iniciativas políticas de su hermano. Las relaciones entre ambos nunca volvieron a ser las mismas que antes, con lo cual Arnulfo Arias perdió quien hubiera podido ser su más valioso asesor. Harmodio Arias llegó incluso a denunciar ante diplomáticos de los EU que su hermano, el Presidente, estaba ejerciendo presiones para quitarle el control del diario El Panamá América, y el 14 de octubre de 1950 Samuel Lewis Arango publicó en su diario El País la carta que en 1941 Harmodio Arias le había enviado a los ministros de Estado donde denunciaba "que se habían extremado ciertos actos contra mí por razón de que no había querido ceder el periódico aludido..."
Buscó ejercer control sobre la prensa y la radio. Impuso el uniforme a determinados oficios y profesiones e inició la organización llamada Los Cachorros de Urracá, que llegó a tener 5,000 niños y adolescentes de 10 a 16 años, después de lo cual se integraban al Movimiento de la Juventud Panameña, lo cual inspiraba el temor a una regimentación de la vida. Impuso como asesor militar, nexo entre él y la Policía Nacional, a un guatemalteco, Coronel Gómez Aayub, recomendado por el dictador Ubico de dicho país, lo que sugeriría la voluntad de militarizar la Policía, al mismo tiempo que generaba resentimiento de parte de oficiales como el joven Capitán José A. Remón Cantera. Continuó con la práctica del cobro del 5% a los empleados públicos y bajo su presidencia se gestó un escándalo en relación con la concesión del negocio de traganíqueles.
Continuará el próximo domingo.
(ariyan@sinfo.net)
Con relación a las sanciones para los estudiantes, Hurtado expresó que en la Ley 40 se tipifican siete delitos que merecen penas. Estos son: secuestros, violaciones, y otros más, pero debido a que no se contemplan sanciones a los menores de edad por destruir, por ejemplo, vidrios u otros objetos, se les trata con mucha benevolencia y no se omprueba la falta cometida sino que el juez se limita a amonestarlos. Las actuaciones de los tribunales son lentas.
Una visión sociológica del problema de las bandas juveniles fue brindada por Aida Selles de Palacios, directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá. Según la especialista, la banda tiene una estructura organizativa más formal con fines delictivos; tiene un tiempo de permanencia más larga; ha logrado plena identificación entre sus miembros; sus roles están distribuidos con gran especificidad; tiene un líder que marca la autoridad y decide las actuaciones, inclusive en casos en que desaparezca el líder, tienen seleccionado quién lo remplazará; poseen códigos de comunicación muy cerrados que pueden ir desde un tatuaje hasta mecanismos de ingreso a la banda; poseen disciplina de su dinámica criminal; son jóvenes entre los 12 hasta los 25 años; a sus miembros, muy difícilmente se les permite desertar; sus integrantes poseen un tipo de conducta en la cual se perfeccionan, lo mismo que sus métodos.
Las pandillas no son organizadas con fines ilícitos; surgen por fines distintos a la delincuencia; realizan ocasionalmente conductas delictivas; se les llama en el interior de la república- bichera: se trata de conductas menores tipificadas como asociales: molestar a un vecino, tirar piedras. Su duración en el tiempo es menor.
En la actualidad el Instituto de Criminología está preparando un estudio sobre el comportamiento de las bandas juveniles que será realizado por especialistas y a la vez contará con la plena participación de sus miembros.
Según Selles de Palacios las bandas surgen tras razones de tipo familliar, por hogares incompletos, personalidades con autoestima baja, falta de afecto en la infancia y adolescencia y ausencia de control familiar.
Según la experta, una de las mejores soluciones para el problema de las bandas juveniles es desarrollar de forma conjunta una política de prevención y en la que participen el gobierno, empresa privada y sociedad civil; para evitar que los jóvenes se sumen a la actual ola delictiva.
Hay que hacer énfasis en la escuela y en la labor de los medios de comunicación y sobre todo fortalecer la estructura familiar.
El evangelio de Lucas dedica un capítulo entero (el 15) a este asunto. El hecho es que por que se dice al comienzo de este capítulo, Jesús andaba con malas compañías: "Todos los publicanos y los pecadores se le acercaban para escucharlo" (Luc. 15,1), y además, Jesús los "acogía" y "comía" con ellos. (Luc. 15,2). O sea, Jesús convivía con la gente más perdida de aquel tiempo. "Hic peccatores recipit". Lo cual, como es lógico, era motivo de murmuración y de escándalo para las "personas más respetables" (fariseos) y también para los más entendidos (letrados) en asuntos de religión (Luc. 15,2). Sin duda, los fariseos y los letrados no les cabía en la cabeza que Jesús estuviera hablando a todas horas de Dios como Padre y que al mismo tiempo, se pasara la vida juntándose con los "perdidos". Los "hombres de la religión" estaban convencidos de que Dios, por muy "Padre" que sea, tiene que rechazar al perdido. Y, sin embargo, Jesús no se defiende de la acusación que hacen contra él los "respetables" y los "entendidos" en las cosas de Dios. Todo lo contrario, en vez de defenderse, lo que hace el evangelio de Lucas es explicar que el dios, en el que creían los fariseos y los letrados, no es como el Dios que anunciaba Jesús. Porque el dios de fariseos y letrados es un dios que condena a los "perdidos" de este mundo; mientras que el Dios que anunciaba Jesús quiere tanto a los "perdidos" que no puede pasar sin ellos, sea cual sea la razón por la que se pierden.
El evangelio de Lucas pone en boca de Jesús tres parábolas: El famoso tríptico de la misericordia. La oveja perdida (Lc. 15,3-7), la moneda perdida (Lc.15-8,10) y el hijo perdido (Lc. 15, 11-32) Las tres parábolas coinciden en una cosa: el pastor que pierde la oveja (Lc.15,4) la mujer que pierde la moneda (Lc.15,8) y el padre que pierde al hijo (Lc.15,32) son personas que quieren tanto lo que se ha perdido, que no paran hasta que lo encuentran. Y cuando lo encuentran, les da tanta alegría (Lc. 15,7 y 10) que todo termina en una gran fiesta concomida abundante, música y baile (Lc.15,23-25) Entonces eso quiere decir que Dios no ve a los pecadores como personas "malas", sino como personas "necesitadas" y "desamparadas"; o sea, no le causan a Dios ni rechazo, ni "resentimiento". Todo lo contrario, cuando Dios, el Padre, ve de lejos al hijo, siente tanta emoción que el Evangelio dice literalmente que se le conmovieron las entrañas (Lc. 15,20). Dios siente lo más hondo y lo más fuerte que sentimos los seres humanos en esta vida cuando queremos de verdad a alguien. Eso le pasa a Dios con los "perdidos" por muy perdidos que estén. Pero en esas tres parábolas hay una cosa en la que no coinciden: la oveja y la moneda se pierden sin culpa propia, como es natural. Por el contrario, el hijo que se va de la casa del Padre se va porque quiere. O sea, se pierde por culpa suya. Además, no sólo se va por su culpa, sino que encima se lleva la mitad de la fortuna del padre (Lc. 15, 11-13). Se va lejísimo de su casa y allí se gasta todo el dinero, "viviendo como un perdido". Es la imagen trágica de un desgraciado que terminó viviendo peor que los cerdos, ya que no podía comer ni lo que comían los cerdos (Lc. 15, 169).
En esta parábola se dicen dos cosas que resultan de tal manera impresionantes que no nos las acabamos de creer. La primera cosa es que el hijo perdido (el pródigo) volvió a la casa del padre, no porque se "convirtió" (eso no dice en la parábola en ninguna parte), sino porque "se moría de hambre" Y eso es lo que explica el discursito que traía preparado para dar explicaciones y excusas. Es decir, al Padre no le interesan los motivos por los que el hijo vuelve. Lo que le importa es el hecho de que el hijo está con él. Y prueba de ello es que no le reprocha nada, ni le echa en cara las barbaridades que ha hecho. Todo lo contrario, el Padre le organiza un fiestón por lo alto. Sin embargo, es más chocante la segunda cosa. El hermano mayor "el bueno de la película", que siempre estuvo donde tenía que estar cumpliendo con su deber al pie de la letra, es el que termina, al final de la historia, recibiendo una represión. ¿Por qué? Porque el hermano mayor era efectivamente, cumplidor y observante. Pero era un cumplidor con espíritu y mentalidad de fariseo. Es decir, era un individuo que tenía conciencia de que él era bueno. Y porque él se consideraba el bueno y estaba orgulloso de serlo, despreciaba al perdido. Lo cual quiere decir que el hijo mayor era, un cumplidor y un observante perfecto, pero no se relacionaba con su padre como un Padre sino como un jefe o un amo al que hay que someterse, pero también ante el que uno se puede quejar, si el jefe (o el amo) no le da aquello a lo que uno piensa que tiene derecho. Por eso, ni más ni menos, el hijo mayor le echara en cara al padre que no le ha dado ni un cabrito para merendar con los amigos.
Hay personas religiosas que son observantes hasta el último detalle,y precisamente porque se ven a sí mismos tan observantes, piensa que son los buenos y de ello se sienten satisfechos. Pero resulta que viven todo eso de tal forma que desprecian a todos los que van por la vida como unos perdidos; y entonces lo que ocurre es que los que piensan y sienten como el hermano mayor por más observancias y más fidelidades que puedan presentar como "méritos" ante Dios, la pura verdad es que no se han enterado de lo que es Dios. Ni saben media palabra de cómo es Dios. Muchos de los que decimos que Dios es nuestro padre, en realidad no hemos matado al fariseo que todos llevamos dentro.
Pero al mismo tiempo, el Dr. Arnulfo Arias se abrogó la facultad de cambiar de constitución por referéndum popular y no por la aprobación de dos Asambleas, según como estipulaba la Constitución vigente de 1904 (art. 137).
En la nueva Constitución se reforzó exageradamente el papel del Presidente, extendiendo su período de 4 a 6 años (art. 104), lo que le habría dado al Presidente Arnulfo Arias una presidencia de siete años y además permitía que la Asamblea lo revistiera "pro tempore...de facultades extraordinarias para fines específicos" (art.88, no.20). Además, expresó un racismo por razones económico-culturales sobre todo hacia los negros cuyo idioma originario no fuera el castellano en cuanto a nacionalidad y naturalización (art.12 y 14), y estableció que eran de "inmigración prohibida: la raza negra cuyo idioma originario no sea el castellano, la raza amarilla y las razas originarias de la India, Asia Menor y el Norte de Africa"(art. 23). Este sentimiento racista se encontraba difuso en la sociedad, incluso se manifestó en la Ley del 11 de marzo de 1904, mediante la cual la Asamblea Constituyente había legislado sobre "las razas de inmigración prohibida". Pero al darle categoría constitucional, dicho racismo se endureció y agravó. Y sobre todo se aplicó drásticamente a nivel del comercio al por menor en contra de los orientales.
A este cambio de Constitución se opuso el Dr. Harmodio Arias, quien comenzó a manifestar oposición a las iniciativas políticas de su hermano. Las relaciones entre ambos nunca volvieron a ser las mismas que antes, con lo cual Arnulfo Arias perdió quien hubiera podido ser su más valioso asesor. Harmodio Arias llegó incluso a denunciar ante diplomáticos de los EU que su hermano, el Presidente, estaba ejerciendo presiones para quitarle el control del diario El Panamá América, y el 14 de octubre de 1950 Samuel Lewis Arango publicó en su diario El País la carta que en 1941 Harmodio Arias le había enviado a los ministros de Estado donde denunciaba "que se habían extremado ciertos actos contra mí por razón de que no había querido ceder el periódico aludido..."
Buscó ejercer control sobre la prensa y la radio. Impuso el uniforme a determinados oficios y profesiones e inició la organización llamada Los Cachorros de Urracá, que llegó a tener 5,000 niños y adolescentes de 10 a 16 años, después de lo cual se integraban al Movimiento de la Juventud Panameña, lo cual inspiraba el temor a una regimentación de la vida. Impuso como asesor militar, nexo entre él y la Policía Nacional, a un guatemalteco, Coronel Gómez Aayub, recomendado por el dictador Ubico de dicho país, lo que sugeriría la voluntad de militarizar la Policía, al mismo tiempo que generaba resentimiento de parte de oficiales como el joven Capitán José A. Remón Cantera. Continuó con la práctica del cobro del 5% a los empleados públicos y bajo su presidencia se gestó un escándalo en relación con la concesión del negocio de traganíqueles.
Continuará el próximo domingo.
(ariyan@sinfo.net)
Con relación a las sanciones para los estudiantes, Hurtado expresó que en la Ley 40 se tipifican siete delitos que merecen penas. Estos son: secuestros, violaciones, y otros más, pero debido a que no se contemplan sanciones a los menores de edad por destruir, por ejemplo, vidrios u otros objetos, se les trata con mucha benevolencia y no se omprueba la falta cometida sino que el juez se limita a amonestarlos. Las actuaciones de los tribunales son lentas.
Una visión sociológica del problema de las bandas juveniles fue brindada por Aida Selles de Palacios, directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá. Según la especialista, la banda tiene una estructura organizativa más formal con fines delictivos; tiene un tiempo de permanencia más larga; ha logrado plena identificación entre sus miembros; sus roles están distribuidos con gran especificidad; tiene un líder que marca la autoridad y decide las actuaciones, inclusive en casos en que desaparezca el líder, tienen seleccionado quién lo remplazará; poseen códigos de comunicación muy cerrados que pueden ir desde un tatuaje hasta mecanismos de ingreso a la banda; poseen disciplina de su dinámica criminal; son jóvenes entre los 12 hasta los 25 años; a sus miembros, muy difícilmente se les permite desertar; sus integrantes poseen un tipo de conducta en la cual se perfeccionan, lo mismo que sus métodos.
Las pandillas no son organizadas con fines ilícitos; surgen por fines distintos a la delincuencia; realizan ocasionalmente conductas delictivas; se les llama en el interior de la república- bichera: se trata de conductas menores tipificadas como asociales: molestar a un vecino, tirar piedras. Su duración en el tiempo es menor.
En la actualidad el Instituto de Criminología está preparando un estudio sobre el comportamiento de las bandas juveniles que será realizado por especialistas y a la vez contará con la plena participación de sus miembros.
Según Selles de Palacios las bandas surgen tras razones de tipo familliar, por hogares incompletos, personalidades con autoestima baja, falta de afecto en la infancia y adolescencia y ausencia de control familiar.
Según la experta, una de las mejores soluciones para el problema de las bandas juveniles es desarrollar de forma conjunta una política de prevención y en la que participen el gobierno, empresa privada y sociedad civil; para evitar que los jóvenes se sumen a la actual ola delictiva.
Hay que hacer énfasis en la escuela y en la labor de los medios de comunicación y sobre todo fortalecer la estructura familiar.