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Dios es Padre


Sucesos hodiernos y urgentes como el pacto ético entre nuestros aspirantes a la primera magistratura, que ojalá sea según lo de "pacta sunt servanda", el pronunciamiento del Sumo Pontífice que ha producido el obvio escozor sobre el rechazo a los matrimonios gays, y la escogencia del Obispo Anglicano con similares tendencias en New Hampshire, USA, que tantos comentarios ha suscitado, ofrecen materia suficiente para pensar y divagar en escritos que no nos van a llevar muy lejos. Estamos en orillas opuestas. Mas, quiero retomar el tema de Dios, pues siento que exige seguimiento. Comenzamos hablando de quién conoce a Dios, luego vimos la compleja relación con el Padre, hoy intentaremos borrar la imagen del Dios que amenaza.
Para enterarse de que es padre y para experimentar lo que eso representa en la vida de cualquier persona, lo primero que hay que hacer es quitarse de la cabeza las "falsas imágenes" de Dios que mucha gente tiene en su conciencia, en su intimidad más secreta. Y eso es necesario, porque mientras uno lleva dentro esas falsas imágenes, no podrá relacionarse con Dios "como Padre". La primera "imagen falsa" que muchos cristianos tienen es que Dios es una amenaza de la que hay que protegerse. Muchos padres les dicen a sus niños pequeños: "No hagas eso, que Dios te castiga". Naturalmente, cuando un niño oye semejante cosa, lo primero que piensa es que Dios es una amenaza, o sea un peligro, para todo el que hace lo que no está bien, aunque sea una tontería sin mucha importancia. Luego, cuando pasas el tiempo, en las catequesis o en los sermones de las iglesias, los cristianos oyen predicaciones en las que dicen que Dios nos va a pedir cuentas a todos. Y en esas cuentas tendremos que responder de todo lo malo que hemos hecho. Además, yo no sé porqué muchas personas tienen la idea de que cuando ocurre una desgracia (enfermedad, terremoto) eso es castigo de Dios. Pero todos lo que (de la forma que sea) piensan así, aunque no lo digan, en realidad están incapacitados para relacionarse con Dios como Padre. Porque, para quien piensa así Dios es más un policía (o un juez), que un Padre.
Por eso es absolutamente necesario acabar con la imagen del dios que amenaza. Y para ello, lo más útil es enterarse de lo que enseña la parábola de los talentos (Mt. 25, 14-30) (Lc. 19, 11-27). Muchas veces se ha explicado ésta diciendo que Dios le da a cada uno una cantidad determinada de bienes divinos y humanos, de cualidades, de gracias, celestiales, en definitiva "los talentos" de los que tendrá que dar cuenta a Dios, hasta el último céntimo, el día que el Señor os llame a eso, a que le rindamos cuentas. Quienes interpretan la parábola así entienden que Jesús nos hace a todos un llamamiento exigente para que seamos responsables ante los mucho que Dios nos quiere y nos da. Con esta forma de interpretación, es imposible liberarse del Dios que amenaza. Afortunadamente la parábola no dice para nada que Dios es una amenaza. ¿Qué es lo que la parábola enseña? Todo depende de lo que le pasa al que recibió un solo talento. La parábola cuenta que ese fue el que mereció el castigo (Mt. 25, 30), pero la cuestión está en saber por qué fue castigado tan severamente.
Jesús lo explica con toda claridad y admirablemente. Se trataba de un individuo que tenía el convencimiento de que el "Señor" de los talentos, o sea Dios, es duro "de manera que siega donde no siembra y recoge donde no esparce (Mt. 25, 24)". Es decir, este individuo tenía una idea terrible de Dios. Y por eso, "tenía miedo", y se fue a "esconder el talento debajo de tierra. (Mt. 25, 24). Eso precisamente fue su perdición. Con lo cual Jesús quiere decir, ante todo, que el miedo (incluido el miedo a Dios) paraliza, es decir, hace estériles a las personas. A eso se refiere Jesús cuando dice que el asustado, que recibió talento, fue y lo escondió debajo de tierra.
El Dios que amenaza es un Dios que bloquea y anula a las personas, a los grupos, a las comunidades, a las organizaciones. Pero, lo que Jesús quiere enseñar, es que quien lleva en su cabeza y en sus sentimientos a un Dios que mete miedo, éste está perdido, y por dos razones: 1) Porque no hará en esta vida nada que valga la pena, como se explicó; y 2) porque tener en la cabeza un Dios que pide cuentas, hasta el último detalle, es no conocer a Dios. O sea, el que piensa que Dios es así, en realidad no cree en Dios de Jesús, sino que cree en un ídolo que él se ha inventado. Porque ese Dios no existe. Por lo tanto, la parábola de los talentos no es la parábola de la "responsabilidad" ante Dios, sino la parábola de la "confianza" en Dios. Lo cual no significa que le quitemos importancia a nuestras responsabilidades ante el bien o el mal que podemos hacer en la vida. Lo que pasa es que, cuando el padre quiere de verdad a sus hijos, no anda amenazando a todas las horas con pedir cuentas y repartir castigos al que se descuida. Un padre, que de verdad es padre, no hace eso. Porque querer a alguien no es estar amenazando a cada dos por tres.
Muchos cristianos dicen que Dios es Padre. Y rezan todos los días el Padre Nuestro. Pero todo eso son ideas. La pura verdad es que ni sienten ni pueden sentir a Dios como Padre. Porque lo que hay que hacer para sentir eso es acabar con el Dios que amenaza. Hay personas que, por la razón que sea, son gentes que tienen poder y autoridad. Puede ser un padre con sus hijos, un gobernante con sus súbditos, un sacerdote con sus fieles, un jefe con los que dependen de él. Y con frecuencia ocurre que a esas personas se le sube el cargo a la cabeza y se convierten en policías disimulados, que "por amor", "por el bien de los demás", o por lo que a ellos se les ocurra, el hecho es que no paran de amenazar. Y además se sirven del sacrosanto nombre de Dios para imponer sus amenazas, es decir, su poder y su autoridad. Son una de las mayores desgracias para la humanidad. Y son los que consiguen (a lo mejor sin darse cuenta) que cada día haya menos gente que cree en Dios como Padre.

101 años de Panamá América

 
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