A Dios rogando y con el mazo dando
DE TODAS las guerras, las religiosas son las más sanguinarias e interminables, pues todas tienen un dios que las justifique y ampare. Eso hace que no sea posible concebir la derrota. La paz, cuando no es quimera, es una tregua con puntos suspensivos. La victoria: un don divino y el sufrimiento humano: un castigo del cielo. A la sombra de los dioses viven enquistadas, como locas sanguijuelas, las ambiciones que se nutren de inocente sangre humana. De allí la letanía de las lamentaciones y la solicitud rutinaria de un perdón sin arrepentimiento sincero. Disculpas inútiles que carecen de auténtica convicción religiosa y responden al ritual político de una conmiseración falsa.
La guerra actual del Medio Oriente es, en gran medida, responsabilidad de Occidente, luego que Gran Bretaña asumiera en Palestina, tras la caída del imperio otomano, el Mandato de 1923 de la Liga de Naciones, fundada por los vencedores de la Primera Guerra Mundial y semilla de lo que luego de la Segunda serían las Naciones Unidas, también fundada, expandida y controlada por los vencedores de entonces. En el centro de Europa, promediando la segunda mitad del siglo XIX, los judíos de ascendencia asquenazí (originarios de la ribera del Rin) siguiendo la corriente ideológica nacionalista en boga, comenzaron a entretejer la posibilidad de formar un Estado judío. Moses Hess inició el ideario sionista. A este socialista, colaborador de Marx, se le atribuye la célebre sentencia "la religión es el opio del pueblo". El sionismo era la respuesta lógica de quienes se encontraban asediados y discriminados en forma creciente por los pueblos de Europa, particularmente en Viena y en Francia donde se dirimía el caso Dreyfus. Luego de la primera gran asamblea sionista mundial (Sion es el antiguo nombre de Jerusalén), concertada por el líder Theodor Herzl, se decidió enviar dos delegaciones exploratorias para establecer el lugar de asentamiento de un nuevo Estado judío. Una comisión partió hacia la Patagonia argentina (2) y otra a Palestina. El informe de la primera no fue positivo, pero el de la segunda fue expresado con sutil vehemencia en un mensaje en clave: "La novia es hermosa, pero está casada con otro". (3)
La declaración de Belfour (1), Ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, dio el visto bueno para la creación en Palestina de un Estado judío -no sin antes haber ofrecido a Uganda, entonces -protectorado de la corona británica-. En tiempos del Mandato otorgado a ese país europeo, la población judía en Palestina tenía cerca de 80 mil habitantes (6%), la mayoría colonos que compraron sus tierras a los árabes o se asentaron con el consentimiento británico. En 1948 eran ya más de 600 mil judíos cuando la ONU aprobó la formación del Estado de Israel y el de Palestina. En esa declaración se delimitaron las fronteras de ambos estados y se ordenó una constitución democrática que debía gobernarlos. Los palestinos rechazaron la resolución de la ONU y en 1949 los estados árabes vecinos atacaron a Israel que expandió su territorio más allá de los límites establecidos.
En la antigua Canaan deben convivir hoy dos pueblos semitas, hermanos de lengua y de sangre -judíos y musulmanes son descendientes de Abraham-. Así, israelíes y árabes, comparten la misma ascendencia, pero poseen distinta cultura y religión. Palestina e Israel tienen la obligación política, moral, histórica y religiosa de coexistir pacíficamente. Esta nueva y repetitiva realidad supera y transfigura antiguos derechos ancestrales y arbitrarios designios divinos.
Dios, sea el nombre que se le asigne, no puede ser motivo o excusa que justifique en el siglo XXI un nuevo genocidio a cuentagotas. Tanto la razón como los derechos humanos, adquiridos por la dignidad de una vida compartida, deben hacer reflexionar a los actores responsables de esta violencia sin fin. En primer lugar a Gran Bretaña y su aliado, los Estados Unidos de América, uno por ser parte imputable en la creación del Estado de Israel en territorio poblado de palestinos, el segundo por ser sostén político, económico y militar de Israel. Los palestinos, por rechazar apasionada e irracionalmente la existencia de Israel como Estado limítrofe independiente. Los israelíes por sacar ventajas territoriales de su privilegiada situación política, militar y económica.
Si las sagradas escrituras se utilizaran para los fines espirituales que los patriarcas han querido ofrecer a la civilización occidental y no a la caprichosa interpretación política de los falsos profetas del odio que los gobiernan, todo sería tan sencillo y grandioso como una simple plegaria que sirva para desterrar definitivamente al lobo que los consume.
(1) Declaración de Belfour.
Oficina Extranjera 2 Noviembre de 1917.
Querido Señor Rothschild, me complace mucho transmitirle, a nombre del gobierno de su majestad, la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones sionistas judías, la cual se ha sometido, y aprobado por el gabinete. "El gobierno de su Majestad mira favorablemente el establecimiento en Palestina de una nación para los Judíos, y utilizará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo, en el entendimiento claro que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no Judías existentes en Palestina, o el status de los derechos civiles y políticos gozados por los Judíos en cualquier otro país". Estaré muy agradecido si usted pone el contenido de esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista. *Traducido del inglés al español por Panamá América.
(2) Der Judenstaat: T. Herzl, Viena, 1896.
(3) El muro de hierro: Israel y el mundo árabe. Avi Shlaim. ED. Almed, 2003.
Señor Martín Torrijos, Presidente de la República, el pueblo lo eligió para poner orden en nuestro país. No siga por el mismo camino que nos dejaron las administraciones anteriores de Endara, Pérez Balladares y Mireya Moscoso. Solo tiene que ordenar que se ponga orden en el tránsito vehicular, de lo contrario seguirá Ud. siendo responsable por los cientos de accidentes que tenemos anualmente que dejan a familias panameñas guardando luto por falta de autoridad.
En la actualidad se está trabajando una ley, la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) ha contratado una consultoría para que elabore una norma o ley que tenga que ver con el reciclaje de ciertos materiales, instrumentos y demás, informó el jefe de Servicios Técnicos de la DIMAUD, Alonso Filós.
"Tengo entendido que ya entregaron el informe preliminar sobre esta futura regulación, que creo incluye algunos incentivos para que las personas o las empresas que quieran participar del reciclaje", añadió.
La solución que plantea Filós es que exista la responsabilidad de los productores de estos aparatos, de llevarse los desechos a su país de origen, como se está haciendo en Europa, Estados Unidos y Asia.
La guerra actual del Medio Oriente es, en gran medida, responsabilidad de Occidente, luego que Gran Bretaña asumiera en Palestina, tras la caída del imperio otomano, el Mandato de 1923 de la Liga de Naciones, fundada por los vencedores de la Primera Guerra Mundial y semilla de lo que luego de la Segunda serían las Naciones Unidas, también fundada, expandida y controlada por los vencedores de entonces. En el centro de Europa, promediando la segunda mitad del siglo XIX, los judíos de ascendencia asquenazí (originarios de la ribera del Rin) siguiendo la corriente ideológica nacionalista en boga, comenzaron a entretejer la posibilidad de formar un Estado judío. Moses Hess inició el ideario sionista. A este socialista, colaborador de Marx, se le atribuye la célebre sentencia "la religión es el opio del pueblo". El sionismo era la respuesta lógica de quienes se encontraban asediados y discriminados en forma creciente por los pueblos de Europa, particularmente en Viena y en Francia donde se dirimía el caso Dreyfus. Luego de la primera gran asamblea sionista mundial (Sion es el antiguo nombre de Jerusalén), concertada por el líder Theodor Herzl, se decidió enviar dos delegaciones exploratorias para establecer el lugar de asentamiento de un nuevo Estado judío. Una comisión partió hacia la Patagonia argentina (2) y otra a Palestina. El informe de la primera no fue positivo, pero el de la segunda fue expresado con sutil vehemencia en un mensaje en clave: "La novia es hermosa, pero está casada con otro". (3)
La declaración de Belfour (1), Ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, dio el visto bueno para la creación en Palestina de un Estado judío -no sin antes haber ofrecido a Uganda, entonces -protectorado de la corona británica-. En tiempos del Mandato otorgado a ese país europeo, la población judía en Palestina tenía cerca de 80 mil habitantes (6%), la mayoría colonos que compraron sus tierras a los árabes o se asentaron con el consentimiento británico. En 1948 eran ya más de 600 mil judíos cuando la ONU aprobó la formación del Estado de Israel y el de Palestina. En esa declaración se delimitaron las fronteras de ambos estados y se ordenó una constitución democrática que debía gobernarlos. Los palestinos rechazaron la resolución de la ONU y en 1949 los estados árabes vecinos atacaron a Israel que expandió su territorio más allá de los límites establecidos.
En la antigua Canaan deben convivir hoy dos pueblos semitas, hermanos de lengua y de sangre -judíos y musulmanes son descendientes de Abraham-. Así, israelíes y árabes, comparten la misma ascendencia, pero poseen distinta cultura y religión. Palestina e Israel tienen la obligación política, moral, histórica y religiosa de coexistir pacíficamente. Esta nueva y repetitiva realidad supera y transfigura antiguos derechos ancestrales y arbitrarios designios divinos.
Dios, sea el nombre que se le asigne, no puede ser motivo o excusa que justifique en el siglo XXI un nuevo genocidio a cuentagotas. Tanto la razón como los derechos humanos, adquiridos por la dignidad de una vida compartida, deben hacer reflexionar a los actores responsables de esta violencia sin fin. En primer lugar a Gran Bretaña y su aliado, los Estados Unidos de América, uno por ser parte imputable en la creación del Estado de Israel en territorio poblado de palestinos, el segundo por ser sostén político, económico y militar de Israel. Los palestinos, por rechazar apasionada e irracionalmente la existencia de Israel como Estado limítrofe independiente. Los israelíes por sacar ventajas territoriales de su privilegiada situación política, militar y económica.
Si las sagradas escrituras se utilizaran para los fines espirituales que los patriarcas han querido ofrecer a la civilización occidental y no a la caprichosa interpretación política de los falsos profetas del odio que los gobiernan, todo sería tan sencillo y grandioso como una simple plegaria que sirva para desterrar definitivamente al lobo que los consume.
(1) Declaración de Belfour.
Oficina Extranjera 2 Noviembre de 1917.
Querido Señor Rothschild, me complace mucho transmitirle, a nombre del gobierno de su majestad, la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones sionistas judías, la cual se ha sometido, y aprobado por el gabinete. "El gobierno de su Majestad mira favorablemente el establecimiento en Palestina de una nación para los Judíos, y utilizará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo, en el entendimiento claro que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no Judías existentes en Palestina, o el status de los derechos civiles y políticos gozados por los Judíos en cualquier otro país". Estaré muy agradecido si usted pone el contenido de esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista. *Traducido del inglés al español por Panamá América.
(2) Der Judenstaat: T. Herzl, Viena, 1896.
(3) El muro de hierro: Israel y el mundo árabe. Avi Shlaim. ED. Almed, 2003.
Señor Martín Torrijos, Presidente de la República, el pueblo lo eligió para poner orden en nuestro país. No siga por el mismo camino que nos dejaron las administraciones anteriores de Endara, Pérez Balladares y Mireya Moscoso. Solo tiene que ordenar que se ponga orden en el tránsito vehicular, de lo contrario seguirá Ud. siendo responsable por los cientos de accidentes que tenemos anualmente que dejan a familias panameñas guardando luto por falta de autoridad.
En la actualidad se está trabajando una ley, la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) ha contratado una consultoría para que elabore una norma o ley que tenga que ver con el reciclaje de ciertos materiales, instrumentos y demás, informó el jefe de Servicios Técnicos de la DIMAUD, Alonso Filós.
"Tengo entendido que ya entregaron el informe preliminar sobre esta futura regulación, que creo incluye algunos incentivos para que las personas o las empresas que quieran participar del reciclaje", añadió.
La solución que plantea Filós es que exista la responsabilidad de los productores de estos aparatos, de llevarse los desechos a su país de origen, como se está haciendo en Europa, Estados Unidos y Asia.