A Dios rogando y con el mazo dando
La crisis en el sector salud es cada día más evidente. Ya se manifiesta en todos los estadios y componentes del país y amenaza con convertirse en un monstruo cuyos estertores repercutirán y estremecerán los cimientos de nuestra sociedad. Cada día, al respecto, vemos noticias preocupantes y artículos en las secciones de opinión de nuestra prensa, expresando conceptos en pro o en contra de determinada posición en cuanto a la forma de atención de salud a los panameños que diariamente arrastran la cruz de sus dolamas sin conseguir en nuestro sistema público de atención, la solución a sus problemas.
Y no es que no haya recursos, ya que vemos a diario las fuertes inversiones en remodelación, construcción e implementación de hospitales. La cuestión es, ¿por qué hay grandes atrasos en la atención y realización de cirugías?, ¿por qué no hay medicamentos en las farmacias del Seguro?, ¿por qué las consultas especializadas se postergan a más de tres meses?, ¿por qué los médicos no quieren hacer los turnos? ¿por qué en Chorrera hacen fila desde las 3:30 de la madrugada? ah ah!!! ... que no hay suficientes materiales en hospitales, policlínicas y centros de salud del estado, dice un periódico, que si el Hospital del Niño no le pagan tendrá que cerrar algunos servicios, dice otro periódico, que parece que los proveedores no quieren cotizarles a la Caja, y así, etc., etc.
El panameño por su parte, aquejado por sus dolores y vencido por las enfermedades, tiene miedo, o mejor dicho, terror en manifestarse para exigir respeto y atención oportuna, especialmente los jubilados, que necesitando un servicio, postrados en sus camas, o desmejorados sensiblemente en su calidad de vida, esperan en vano prótesis o cirugías de cataratas que quizás nunca les efectuarán a pesar de haber cotizado toda una vida, pero como no se les considera económica y políticamente importantes no se les administrarán con celeridad las soluciones a sus problemas y así seguirán esperando hasta que la comadre los libere.
No recuerdo haber leído en ningún medio de comunicación escrito o hablado, de asociación alguna, que aglutine a algún grupo, que vele por los intereses de los pacientes jubilados, exigiendo resolver estos problemas con la celeridad que estos seres humanos y nuestros congéneres se merecen. Dicen que sólo el pueblo salva la pueblo.. pregúntele a los pacientes de diálisis si esto no es así, ya que ellos tuvieron que trancar la Transístmica para lograr hacer efectivo su derecho a vivir.
¿Qué estamos haciendo?... ¿Qué estamos proponiendo?... ¿Cómo atender a nuestros mayores y a los enfermos cotizantes?... ¿Será eficiente y se justificará la política de comprar hospitales? Y si construimos o compramos hospitales, ¿cuánto nos costará después atender a cada paciente? ¿Tendremos presupuesto para esto? ¿Tenemos suficientes recursos para atender a los que ahora estamos atendiendo? ¿Tendremos la capacidad tecnológica y los recursos disponibles para controlar o por lo menos conocer el gasto que representan las atenciones médicas de cada asegurado? ¿No será más cara la mecha que el candil? ¿Qué está pasando con el funcionamiento de los hospitales del interior? En Chorrera, por ejemplo, no se ha abierto todavía el área de cuidados intensivos, ni una sala de ginecología, ni una de cirugía. Y si este es así, finalmente, no será más fácil cotizar con ventaja con los hospitales privados, que están semivacíos, cada procedimiento quirúrgico o diagnóstico y facilitar así la atención, comprando servicios ahora para quien más los necesita ahora. En otras palabras, ¿para qué comprar la vaca si lo que necesito es leche?.
No creemos que con etiquetar las opiniones de otros con posturas ideológicas, se logren resolver los problemas reales de los panameños y de los asegurados. Lo que sí consideramos importante, es tomar el toro por los cuernos y eliminar los atrasos al menor costo posible de la forma que más cómodo le resulte a la Caja de Seguro Social y a los intereses de los asegurados.
Es insano e inmoral prorrogar el dolor de trabajadores, jubilados, empleados y en fin contizante o jubilado y verter ríos de tintas en enjundiosos escritos con ribetes vedetistas, mientras nada se hace abordar y resolver con seriedad y honestidad el problema.
Creo que para afrontar un asunto tan serio como el que a diario ventilamos en cuanto corrillo existe en este Panamá sufriente, que ha otorgado a más de uno, doctorados en esta materia, a fuerza de hablar de lo mismo, es preguntarnos ¿Cuál es la razón de ser de la Caja de Seguro Social?. Si mal no recuerdo, la finalidad de esta institución era entre otras, ofrecer servicios de salud oportunos y eficientes a los asegurados, proveer recursos a los panameños en sus años dorados, luego de haber llenado ciertos requisitos de cotización.
Si lo que se ha hecho hasta ahora y lo que se está haciendo para cumplir estos propósitos, está dando resultado y no existe un nivel generalizado de insatisfacción con el sistema, (pregúnteles a los miles de panameños que piden sin recibir y buscan sin encontrar alivio en su calvario), pues ni hablar más de este problema, ¡sigamos por este rumbo! No sigamos buscándole a la razón del problema justificación en la dialéctica marxista, ni en el capitalismo salvaje, entiéndase neoiberalismo, total, parece para tranquilidad de los dirigentes, que este pueblo es tranquilo.
Síganle achacándole la culpa de estos problemas, a los médicos, a la tecnología, a la burocracia, al sistema económico, a los proveedores...¡Ah... ya sé!... A la mala suerte... ¡Que Dios nos ayude!.
Pero si queda alguno que se atreva a mirarse al espejo y que tenga ganas de ser honesto consigo mismo y con el ciudadano que cotiza, ¡Que se atreva a actuar acorde a sí mismo! ¿Por qué no podemos empezar a ser innovadores y rompemos con la inercia que nos arrastra al abismo? ¿Será acaso que en Panamá no nos enfermamos, independientemente de ideas, color, religión, forma de caminar o sabor? Podrá ser que logremos, por fin, algún día un sistema nacional de salud donde se coordinen esfuerzos, se asignen y administren recursos mediante procesos coherentes y unificados para alcanzar metas tangibles que nos traigan satisfacción a este gran problema de salud que de paso, por si no lo recordamos, es uno de los derechos inalienables del ser humano.
Pensemos un poco en esto, rompamos con los estereotipos escritos y presentados en los diferentes medios que nos ofrecen ideas ya dirigidas por otros. Somos nosotros, "El hombre! el hombre panameño, objeto y razón de ser de este problema y para nosotros es que deben funcionar las instituciones para resolver nuestros problemas, ahora y no prorrogarlos por razones que no son más que excusas. Entonces qué estamos esperando pa"lante amigo. ¡Y hasta la próxima, compita!
Y no es que no haya recursos, ya que vemos a diario las fuertes inversiones en remodelación, construcción e implementación de hospitales. La cuestión es, ¿por qué hay grandes atrasos en la atención y realización de cirugías?, ¿por qué no hay medicamentos en las farmacias del Seguro?, ¿por qué las consultas especializadas se postergan a más de tres meses?, ¿por qué los médicos no quieren hacer los turnos? ¿por qué en Chorrera hacen fila desde las 3:30 de la madrugada? ah ah!!! ... que no hay suficientes materiales en hospitales, policlínicas y centros de salud del estado, dice un periódico, que si el Hospital del Niño no le pagan tendrá que cerrar algunos servicios, dice otro periódico, que parece que los proveedores no quieren cotizarles a la Caja, y así, etc., etc.
El panameño por su parte, aquejado por sus dolores y vencido por las enfermedades, tiene miedo, o mejor dicho, terror en manifestarse para exigir respeto y atención oportuna, especialmente los jubilados, que necesitando un servicio, postrados en sus camas, o desmejorados sensiblemente en su calidad de vida, esperan en vano prótesis o cirugías de cataratas que quizás nunca les efectuarán a pesar de haber cotizado toda una vida, pero como no se les considera económica y políticamente importantes no se les administrarán con celeridad las soluciones a sus problemas y así seguirán esperando hasta que la comadre los libere.
No recuerdo haber leído en ningún medio de comunicación escrito o hablado, de asociación alguna, que aglutine a algún grupo, que vele por los intereses de los pacientes jubilados, exigiendo resolver estos problemas con la celeridad que estos seres humanos y nuestros congéneres se merecen. Dicen que sólo el pueblo salva la pueblo.. pregúntele a los pacientes de diálisis si esto no es así, ya que ellos tuvieron que trancar la Transístmica para lograr hacer efectivo su derecho a vivir.
¿Qué estamos haciendo?... ¿Qué estamos proponiendo?... ¿Cómo atender a nuestros mayores y a los enfermos cotizantes?... ¿Será eficiente y se justificará la política de comprar hospitales? Y si construimos o compramos hospitales, ¿cuánto nos costará después atender a cada paciente? ¿Tendremos presupuesto para esto? ¿Tenemos suficientes recursos para atender a los que ahora estamos atendiendo? ¿Tendremos la capacidad tecnológica y los recursos disponibles para controlar o por lo menos conocer el gasto que representan las atenciones médicas de cada asegurado? ¿No será más cara la mecha que el candil? ¿Qué está pasando con el funcionamiento de los hospitales del interior? En Chorrera, por ejemplo, no se ha abierto todavía el área de cuidados intensivos, ni una sala de ginecología, ni una de cirugía. Y si este es así, finalmente, no será más fácil cotizar con ventaja con los hospitales privados, que están semivacíos, cada procedimiento quirúrgico o diagnóstico y facilitar así la atención, comprando servicios ahora para quien más los necesita ahora. En otras palabras, ¿para qué comprar la vaca si lo que necesito es leche?.
No creemos que con etiquetar las opiniones de otros con posturas ideológicas, se logren resolver los problemas reales de los panameños y de los asegurados. Lo que sí consideramos importante, es tomar el toro por los cuernos y eliminar los atrasos al menor costo posible de la forma que más cómodo le resulte a la Caja de Seguro Social y a los intereses de los asegurados.
Es insano e inmoral prorrogar el dolor de trabajadores, jubilados, empleados y en fin contizante o jubilado y verter ríos de tintas en enjundiosos escritos con ribetes vedetistas, mientras nada se hace abordar y resolver con seriedad y honestidad el problema.
Creo que para afrontar un asunto tan serio como el que a diario ventilamos en cuanto corrillo existe en este Panamá sufriente, que ha otorgado a más de uno, doctorados en esta materia, a fuerza de hablar de lo mismo, es preguntarnos ¿Cuál es la razón de ser de la Caja de Seguro Social?. Si mal no recuerdo, la finalidad de esta institución era entre otras, ofrecer servicios de salud oportunos y eficientes a los asegurados, proveer recursos a los panameños en sus años dorados, luego de haber llenado ciertos requisitos de cotización.
Si lo que se ha hecho hasta ahora y lo que se está haciendo para cumplir estos propósitos, está dando resultado y no existe un nivel generalizado de insatisfacción con el sistema, (pregúnteles a los miles de panameños que piden sin recibir y buscan sin encontrar alivio en su calvario), pues ni hablar más de este problema, ¡sigamos por este rumbo! No sigamos buscándole a la razón del problema justificación en la dialéctica marxista, ni en el capitalismo salvaje, entiéndase neoiberalismo, total, parece para tranquilidad de los dirigentes, que este pueblo es tranquilo.
Síganle achacándole la culpa de estos problemas, a los médicos, a la tecnología, a la burocracia, al sistema económico, a los proveedores...¡Ah... ya sé!... A la mala suerte... ¡Que Dios nos ayude!.
Pero si queda alguno que se atreva a mirarse al espejo y que tenga ganas de ser honesto consigo mismo y con el ciudadano que cotiza, ¡Que se atreva a actuar acorde a sí mismo! ¿Por qué no podemos empezar a ser innovadores y rompemos con la inercia que nos arrastra al abismo? ¿Será acaso que en Panamá no nos enfermamos, independientemente de ideas, color, religión, forma de caminar o sabor? Podrá ser que logremos, por fin, algún día un sistema nacional de salud donde se coordinen esfuerzos, se asignen y administren recursos mediante procesos coherentes y unificados para alcanzar metas tangibles que nos traigan satisfacción a este gran problema de salud que de paso, por si no lo recordamos, es uno de los derechos inalienables del ser humano.
Pensemos un poco en esto, rompamos con los estereotipos escritos y presentados en los diferentes medios que nos ofrecen ideas ya dirigidas por otros. Somos nosotros, "El hombre! el hombre panameño, objeto y razón de ser de este problema y para nosotros es que deben funcionar las instituciones para resolver nuestros problemas, ahora y no prorrogarlos por razones que no son más que excusas. Entonces qué estamos esperando pa"lante amigo. ¡Y hasta la próxima, compita!