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Diplomacia preventiva, una exigencia global


HAN PASADO 34 años desde la histórica convocatoria del Consejo de Seguridad en Panamá, escenario en el que gravitaban las contradicciones de la Guerra Fría; un momento crucial en que el enfoque estratégico de la política exterior panameña concitó el más amplio apoyo mundial a la causa nacional consignado en una resolución, que, pese a ser vetada, fue considerado un éxito diplomático sin precedentes en la historia del Derecho Internacional Público, toda vez que conminó la suscripción de la Declaración de Principios entre el ministro de Relaciones Exteriores, Juan Antonio Tack y el Secretario de Estado, Henry A. Kissinger, constituyéndose ésta en el punto de referencia de las negociaciones que traspasaron el Canal y la Zona a la jurisdicción panameña.
Hoy, superada la retórica del enfrentamiento, la complejidad de los retos de la comunidad internacional es distinta, pues existen grandes amenazas a la paz, tales como terrorismo, enfermedades como el SIDA, la pobreza extrema y las violaciones flagrantes a los derechos humanos. De allí que la posición de Panamá en el Consejo de Seguridad de la ONU, inspirada en su vocación pacifista, conciliadora y equilibrada, privilegiará las soluciones diplomáticas para administrar las crisis generadas de los conflictos, abogando por el afianzamiento de la paz y la promoción del desarrollo económico y político.
En la Agenda del Consejo de Seguridad para el 2007, figuran como prioridades encarar los conflictos en Oriente Medio, Asia y África, los programas de armas nucleares en Corea del Norte e Irán, y los desafíos políticos y de seguridad en Afganistán e Irak. Además del terrorismo, la violencia transfronteriza, el narcotráfico, las sistemáticas y generalizadas violaciones de derechos humanos y los flujos de refugiados.
En fin, el Consejo de Seguridad compuesto por 15 naciones, responsable del mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, contará con la racionalidad negociadora y ponderada de sus miembros No Permanentes: Bélgica, Ghana, Indonesia, Italia, Perú, Qatar, República del Congo, Eslovaquia, Sudáfrica y Panamá.
La participación de Panamá se proyectará en el debate de la problemática de la prevención de conflictos o de la consolidación de la paz, el fortalecimiento del derecho internacional, la defensa de los derechos humanos y el estado de derecho, la protección de civiles en conflictos armados y la problemática de las armas pequeñas, entre otras. Además, la implementación de acuerdos de paz o de cese del fuego que promueven la normalización de las situaciones del conflicto en diversos países y las 18 operaciones de mantenimiento de la paz en Haití, Costa de Marfil, Liberia, República Democrática del Congo, Burundi, Eritrea-Etiopía, Sahara Occidental, Chipre, Georgia, Líbano y Alturas del Golán, Sudán y la crisis humanitaria de Darfur.
Ante esta compleja y activa agenda, Panamá, respaldará toda iniciativa tendiente a poner fin a la escalada de violencia en los diversos escenarios de conflicto, mediante soluciones negociadas, inspiradas en el multilateralismo para su resolución, respetando el derecho internacional humanitario, apoyando los esfuerzos por el desarme y la no proliferación de armas nucleares, así como apoyará la recurrencia a una diplomacia preventiva que promueva el desarrollo y la erradicación de la pobreza extrema.
En materia económica y social, los retos son enormes, cuando se perfila que para el 2015 deberá reducirse a la mitad la proporción de personas que viven en la miseria crónica por debajo de la línea de la pobreza, instaurando la educación primaria universal, promoviendo la igualdad de género, reduciendo la mortalidad infantil en dos tercios y la materna en tres cuartos, conforme a lo acordado en los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio. Aunado al compromiso nacional para combatir la expansión del VIH, la malaria y otras enfermedades, asegurando al mismo tiempo la sustentabilidad ambiental y generando una sociedad global para el desarrollo entre el Norte y el Sur. Incluso, ante los descontroles en la emisión de los gases de efecto invernadero, será menester concitar un respaldo universal a un acuerdo global en materia de cambio climático más allá de 2012 para prorrogar la vigencia del Protocolo de Kyoto.
Las exigencias globales y nuestras responsabilidades internacionales en el Consejo de Seguridad justifican el fortalecimiento de nuestra representación permanente en Naciones Unidas. Precisamente, porque estamos inmersos en una agenda de asuntos trascendentales en el que la diplomacia panameña se proyecta con firmeza y prudencia ante la urgencia que tiene la comunidad internacional de trabajar coordinadamente para afrontar las nuevas amenazas a la paz.
raulleisr.hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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