Diplomacia vecinal
"ES PELIGROSO que las FARC traten de cruzar la frontera hacia Panamá huyendo del acoso permanente que mantiene sobre ellas el Ejército de Colombia..., los grupos de narcotraficantes, incluyendo a las FARC, están utilizando la Zona Libre para lavar su dinero ilícito". "Hemos encontrado que muchas de las mercancías que entran desde Panamá a Colombia vienen con subfacturación. Como se produce mucho contrabando técnico, tuvimos que restringir el ingreso de los productos que vienen de Colón. Esta medida no les gustó y han dicho que van a llevar la denuncia ante la OMC. Están en todo su derecho", afirmó el canciller colombiano Fernando Araujo Perdomo.
Semejantes insinuaciones, acusaciones y advertencias del canciller colombiano respecto a Panamá, no son casuales, pues existen tensiones similares con Nicaragua que tiene reclamaciones jurisdiccionales, agravada por la parada militar que presidió el presidente Álvaro Uribe en San Andrés el pasado 20 de julio; el conflicto con el Ecuador y Venezuela a causa de las fumigaciones en áreas fronterizas y por el cobro de peajes en los pasos fronterizos.
El tono de las declaraciones del canciller colombiano ante el Consejo de las Américas generó tensión cuando afirmó que "Chávez es el líder ideológico de la guerrilla en Colombia". El Gobierno venezolano exigió una respuesta que se "restituyera los términos de respeto" en las relaciones de ambos países y el presidente Uribe respondió que "la fraternidad y el respeto que debe regir la relación con países hermanos requiere de la máxima prudencia de todos los funcionarios del Gobierno".
Ese mismo trato de respeto y ponderación es al que aspira nuestro país, porque las declaraciones del canciller revelan una posición oficial que no se corresponden al interés de amistad que han compartido los presidentes de ambos países, quienes han coincidido en una serie de asuntos internacionales de interés común y que tienen por delante una agenda bilateral en temas comerciales y de integración. Además de que tampoco se compadece con la hospitalidad y solidaridad que han sido recibido los deslazados colombianos en Darién y los millares que disfrutan de la estabilidad, la seguridad y las oportunidades de negocios de nuestro país.
Sin pretender analizar el trasfondo de estas inusitadas declaraciones, podría pensarse que se trata de una cortina de humo frente a la grave crisis de institucionalidad que atraviesa el hermano país, sacudido por el escándalo de la "parapolítica", la situación de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario con las acciones de grupos insurgentes y grupos paramilitares que han incrementado homicidios, secuestros, desapariciones forzadas y masacres, convirtiendo a Colombia en el país más inestable de la región, generando una corriente migratoria hacia los países limítrofes, incluyendo a Panamá y Centroamérica, con inversiones, pero también grandes tensiones en el tema de la criminalidad, tal como se revela en el incumplimiento del Tratado de Traslado de Detenidos que no ha recibido el beneplácito del gobierno colombiano para que los procesados cumplan la condena en su país.
La memoria histórica del pueblo panameño registra amargas experiencias cuando se le ha tratado de involucrar en conflictos civiles ajenos, pues en el pasado arruinaron nuestra economía y por fortuna precipitaron las condiciones nuestra separación hace más de cien años; por tanto, no existe espacio para reacciones emocionales ante semejantes insinuaciones, porque Panamá no ha sido ni será santuario financiero de la guerrilla ni se puede prestar para encubrir los complejos problemas que atraviesa el vecino país. Desde su perspectiva neutral, sin ejército ni complejos de país pequeño, Panamá ha invertido capital político y diplomático a favor de la estabilidad y la pacificación del hermano país, consciente de que el progreso social y económico de los colombianos es una garantía que se reditúa en nuestra estabilidad y seguridad en la administración del Canal, persuadidos de que a través de un enfoque geopolítico se fortalece los rumbos convergentes entre las diversas iniciativas de la agenda bilateral que se coordina en la Comisión de Vecindad Colombo-Panameño, que promueve un marco de cooperación, mecanismos de consultas y negociación en asuntos económicos y comerciales, intercambio de inteligencia y cooperación entre las autoridades de seguridad, sanitarias, judiciales y migratorias frente a cualquier amenaza del narcotráfico y de la guerrilla.
Los tiempos aconsejan prudencia y firmeza, porque en el pasado los encuentros entre los líderes políticos de ambos países han sido provechosos, no sólo en respaldo de la lucha por el Canal, sino en la construcción de consensos consignados en convenios y declaraciones dirigidas a fortalecer la democracia, la equidad social, la cooperación, la no injerencia en los asuntos internos, el respeto a los derechos humanos, la convivencia pacífica y el estado de derecho. Tenemos que darle oportunidad a la diplomacia preventiva, por lo que es de esperarse que la participación del presidente Uribe en los actos de conmemoración del 30 aniversario de los Tratados Torrijos-Carter sea un momento propicio para situar las tradicionales relaciones en el mutuo respeto, coadyuvando a la armonía que debe prevalecer entre países que comparten una historia y un destino común.
roframon@gmail.com
Semejantes insinuaciones, acusaciones y advertencias del canciller colombiano respecto a Panamá, no son casuales, pues existen tensiones similares con Nicaragua que tiene reclamaciones jurisdiccionales, agravada por la parada militar que presidió el presidente Álvaro Uribe en San Andrés el pasado 20 de julio; el conflicto con el Ecuador y Venezuela a causa de las fumigaciones en áreas fronterizas y por el cobro de peajes en los pasos fronterizos.
El tono de las declaraciones del canciller colombiano ante el Consejo de las Américas generó tensión cuando afirmó que "Chávez es el líder ideológico de la guerrilla en Colombia". El Gobierno venezolano exigió una respuesta que se "restituyera los términos de respeto" en las relaciones de ambos países y el presidente Uribe respondió que "la fraternidad y el respeto que debe regir la relación con países hermanos requiere de la máxima prudencia de todos los funcionarios del Gobierno".
Ese mismo trato de respeto y ponderación es al que aspira nuestro país, porque las declaraciones del canciller revelan una posición oficial que no se corresponden al interés de amistad que han compartido los presidentes de ambos países, quienes han coincidido en una serie de asuntos internacionales de interés común y que tienen por delante una agenda bilateral en temas comerciales y de integración. Además de que tampoco se compadece con la hospitalidad y solidaridad que han sido recibido los deslazados colombianos en Darién y los millares que disfrutan de la estabilidad, la seguridad y las oportunidades de negocios de nuestro país.
Sin pretender analizar el trasfondo de estas inusitadas declaraciones, podría pensarse que se trata de una cortina de humo frente a la grave crisis de institucionalidad que atraviesa el hermano país, sacudido por el escándalo de la "parapolítica", la situación de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario con las acciones de grupos insurgentes y grupos paramilitares que han incrementado homicidios, secuestros, desapariciones forzadas y masacres, convirtiendo a Colombia en el país más inestable de la región, generando una corriente migratoria hacia los países limítrofes, incluyendo a Panamá y Centroamérica, con inversiones, pero también grandes tensiones en el tema de la criminalidad, tal como se revela en el incumplimiento del Tratado de Traslado de Detenidos que no ha recibido el beneplácito del gobierno colombiano para que los procesados cumplan la condena en su país.
La memoria histórica del pueblo panameño registra amargas experiencias cuando se le ha tratado de involucrar en conflictos civiles ajenos, pues en el pasado arruinaron nuestra economía y por fortuna precipitaron las condiciones nuestra separación hace más de cien años; por tanto, no existe espacio para reacciones emocionales ante semejantes insinuaciones, porque Panamá no ha sido ni será santuario financiero de la guerrilla ni se puede prestar para encubrir los complejos problemas que atraviesa el vecino país. Desde su perspectiva neutral, sin ejército ni complejos de país pequeño, Panamá ha invertido capital político y diplomático a favor de la estabilidad y la pacificación del hermano país, consciente de que el progreso social y económico de los colombianos es una garantía que se reditúa en nuestra estabilidad y seguridad en la administración del Canal, persuadidos de que a través de un enfoque geopolítico se fortalece los rumbos convergentes entre las diversas iniciativas de la agenda bilateral que se coordina en la Comisión de Vecindad Colombo-Panameño, que promueve un marco de cooperación, mecanismos de consultas y negociación en asuntos económicos y comerciales, intercambio de inteligencia y cooperación entre las autoridades de seguridad, sanitarias, judiciales y migratorias frente a cualquier amenaza del narcotráfico y de la guerrilla.
Los tiempos aconsejan prudencia y firmeza, porque en el pasado los encuentros entre los líderes políticos de ambos países han sido provechosos, no sólo en respaldo de la lucha por el Canal, sino en la construcción de consensos consignados en convenios y declaraciones dirigidas a fortalecer la democracia, la equidad social, la cooperación, la no injerencia en los asuntos internos, el respeto a los derechos humanos, la convivencia pacífica y el estado de derecho. Tenemos que darle oportunidad a la diplomacia preventiva, por lo que es de esperarse que la participación del presidente Uribe en los actos de conmemoración del 30 aniversario de los Tratados Torrijos-Carter sea un momento propicio para situar las tradicionales relaciones en el mutuo respeto, coadyuvando a la armonía que debe prevalecer entre países que comparten una historia y un destino común.
roframon@gmail.com