Diplomas y corrupciones
Hace poco tiempo, en la Universidad de Panamá se habló de diplomas falsos. Las autoridades salieron al paso con una débil negativa poco convincente, porque como profesor universitario por muchos años sabemos que toda la educación panameña está flotando en un mar de hondas deficiencias; para decir lo menos. También se ha dado el caso innegable de un colegio secundario de La Chorrera, que era una fábrica de diplomas a nombre de jóvenes que jamás pasaron por sus aulas. Sabemos igualmente que el cúmulo de maestrías que ha invadido tanto las universidades estatales como las privadas está descalificado por las enormes deficiencias de la educación diplomada que sigue en venta, y se hace notoria por la pobreza intelectual que la caracteriza, cuando no ya el plagio descarado. Las llamadas tesis que buena cantidad de alumnos presentan para hacerse acreedores delictivos de diplomas, es una especie de patente de corso para tener puntajes preferentes en los concursos de cátedra de la escuela secundaria y de las universidades. En síntesis, la situación general apuntada no puede ocultar su enorme putrefacción.
Lo más importante es que no se adoptan medidas adecuadas, para contener esta viciosa y degenerada realidad de la educación panameña, en todos sus niveles. Desde luego que no es fácil ponerle coto a esta verdadera podredumbre educativa, que es un "secreto" público en todo el país. Nuestra nación sufre las calamidades de una multitud de problemas nacionales, frente a los cuales no tenemos ningún recurso de contención, o por lo menos de estudio verdadero de la gravedad de la problemática descrita. Cerrar una escuela privada vendedora de diplomas falseados, nada soluciona; pero de todos modos es preferible que las clausuren. El problema no resuelve ni siquiera con cierres masivos, si los hubiera. El problema continúa y continuará a la deriva purulenta.
Nadie puede desmentir las enormes dificultades que plantea la situación señalada, para pensar en una acción oficial que lleve soluciones, siquiera aceptables mediatamente. No nos cansamos de reiterar que Panamá ha llegado a una situación de crisis general profunda, en que los problemas nacionales tienen acogotados a los tres millones de habitantes que vivimos en este país. Aguardar que los Gobiernos de una partidocracia que nada en un mar de degradación, puedan plantear soluciones para los males de nuestro terruño, esa idea no es más que un sueño de opio. La única posibilidad de un cambio que comience por nuestras raíces, la veremos sólo cuando los grupos intelectuales se organicen para presentar descarnadamente las realidades negativas que nos anonadan y que debemos superar. Y esa conjunción de intelectuales beligerantes y patriotas deberá cumplir la misión apostólica de conducir al pueblo mayoritario, para ganarle el poder político a los putrefactos oligarcas y conducir al pueblo mayoritario por la senda de su propia regeneración, lo que implica un cambio revolucionario que no tiene que ser sangriento sino organizado y democrático, a fin de sepultar la tragedia nacional en que vivimos desde hace tiempo, sin esperanza a la vista.
Los delitos impunes gubernamentales; el desquiciamiento de los servicios públicos; un uso rutinario del Canal, con nuevas o viejas esclusas; el hundimiento de la existencia colectiva panameña en el pozo de escandalosos fracasos, no se eliminarán si seguimos jugando al fraude quinquenal de que tanto se ufanan los grupos privilegiados.
En primer lugar los intelectuales, con una organización emprendedora, deben iniciar la única salida regeneradora que se le presenta al país. Eso sí, en alianza con lo sectores populares más conscientes, para que hagamos un alto definitivo al fracaso total en que estamos hundidos como país, como nación.
Este centro no aparenta ser un hogar, sino hasta que podemos entrar y apreciar el hermoso jardín que luce en el patio central , ya que son unas instalaciones muy aseadas y con una paz y armonía dignos de una casa en la que Dios hace maravillas.
La escuelita es pequeña, a penas si tiene un salón para cada grado, la educación es primaria únicamente.
Según la Hermana Berta, cuando los niños se gradúan, son trasladados a otros colegios secundarios para que puedan seguir preparándose. Los salones cuentan con todo lo necesario para cada clase, hay un laboratorio de informática que tiene un equipo muy novedoso y actualizado.
"Los niños que estudian en el Hogar de la Infancia, se capacitan para ser excelentes profesionales, que más tarde son grandes hombres y mujeres", indicó la hermana Berta.
La biblioteca cuenta con pocos libros, pero sí una literatura muy novedosa y atractiva para cada niño dentro del hogar.
Los dormitorios son amplios, sencillos y muy limpios. A simple vista por las comodidades del hogar, pareciera que no hay necesidad, pero como nos cuenta la hermana Berta, sí las tienen, pero el Hogar siempre ofrece la mejor cara.
Instituciones públicas y empresas privadas, son las que cada día contribuyen al sostenimiento al Hogar de la Infancia.
El centro recibe donaciones de alimentos secos, arroz, leche y azúcar, porque escasean siempre y es necesario tenerlos para poder complementar la alimentación de los niños y no permitir que haya desnutrición.
La hermana Berta Ariza indicó que el trabajo desinteresado y el servicio en beneficio de los demás es importante cuando se hace con amor, fe y corazón, ya que solo de esa manera el ser humano que recibe tu apoyo crece con una fe y voluntad de poder retribuir lo que antes recibió de ti.
Lo más importante es que no se adoptan medidas adecuadas, para contener esta viciosa y degenerada realidad de la educación panameña, en todos sus niveles. Desde luego que no es fácil ponerle coto a esta verdadera podredumbre educativa, que es un "secreto" público en todo el país. Nuestra nación sufre las calamidades de una multitud de problemas nacionales, frente a los cuales no tenemos ningún recurso de contención, o por lo menos de estudio verdadero de la gravedad de la problemática descrita. Cerrar una escuela privada vendedora de diplomas falseados, nada soluciona; pero de todos modos es preferible que las clausuren. El problema no resuelve ni siquiera con cierres masivos, si los hubiera. El problema continúa y continuará a la deriva purulenta.
Nadie puede desmentir las enormes dificultades que plantea la situación señalada, para pensar en una acción oficial que lleve soluciones, siquiera aceptables mediatamente. No nos cansamos de reiterar que Panamá ha llegado a una situación de crisis general profunda, en que los problemas nacionales tienen acogotados a los tres millones de habitantes que vivimos en este país. Aguardar que los Gobiernos de una partidocracia que nada en un mar de degradación, puedan plantear soluciones para los males de nuestro terruño, esa idea no es más que un sueño de opio. La única posibilidad de un cambio que comience por nuestras raíces, la veremos sólo cuando los grupos intelectuales se organicen para presentar descarnadamente las realidades negativas que nos anonadan y que debemos superar. Y esa conjunción de intelectuales beligerantes y patriotas deberá cumplir la misión apostólica de conducir al pueblo mayoritario, para ganarle el poder político a los putrefactos oligarcas y conducir al pueblo mayoritario por la senda de su propia regeneración, lo que implica un cambio revolucionario que no tiene que ser sangriento sino organizado y democrático, a fin de sepultar la tragedia nacional en que vivimos desde hace tiempo, sin esperanza a la vista.
Los delitos impunes gubernamentales; el desquiciamiento de los servicios públicos; un uso rutinario del Canal, con nuevas o viejas esclusas; el hundimiento de la existencia colectiva panameña en el pozo de escandalosos fracasos, no se eliminarán si seguimos jugando al fraude quinquenal de que tanto se ufanan los grupos privilegiados.
En primer lugar los intelectuales, con una organización emprendedora, deben iniciar la única salida regeneradora que se le presenta al país. Eso sí, en alianza con lo sectores populares más conscientes, para que hagamos un alto definitivo al fracaso total en que estamos hundidos como país, como nación.
Este centro no aparenta ser un hogar, sino hasta que podemos entrar y apreciar el hermoso jardín que luce en el patio central , ya que son unas instalaciones muy aseadas y con una paz y armonía dignos de una casa en la que Dios hace maravillas.
La escuelita es pequeña, a penas si tiene un salón para cada grado, la educación es primaria únicamente.
Según la Hermana Berta, cuando los niños se gradúan, son trasladados a otros colegios secundarios para que puedan seguir preparándose. Los salones cuentan con todo lo necesario para cada clase, hay un laboratorio de informática que tiene un equipo muy novedoso y actualizado.
"Los niños que estudian en el Hogar de la Infancia, se capacitan para ser excelentes profesionales, que más tarde son grandes hombres y mujeres", indicó la hermana Berta.
La biblioteca cuenta con pocos libros, pero sí una literatura muy novedosa y atractiva para cada niño dentro del hogar.
Los dormitorios son amplios, sencillos y muy limpios. A simple vista por las comodidades del hogar, pareciera que no hay necesidad, pero como nos cuenta la hermana Berta, sí las tienen, pero el Hogar siempre ofrece la mejor cara.
Instituciones públicas y empresas privadas, son las que cada día contribuyen al sostenimiento al Hogar de la Infancia.
El centro recibe donaciones de alimentos secos, arroz, leche y azúcar, porque escasean siempre y es necesario tenerlos para poder complementar la alimentación de los niños y no permitir que haya desnutrición.
La hermana Berta Ariza indicó que el trabajo desinteresado y el servicio en beneficio de los demás es importante cuando se hace con amor, fe y corazón, ya que solo de esa manera el ser humano que recibe tu apoyo crece con una fe y voluntad de poder retribuir lo que antes recibió de ti.