Dirijan la economía usando su sentido común
Tres náufragos, un químico, un físico y un economista se encuentran en una isla desierta tratando de descifrar cómo abrir una lata de comida. El químico quiere utilizar los rayos del sol para tratar de abrir la lata; el físico quiere usar la gravedad y tirar la lata al aire permitiéndole así caer sobre una roca y abrirse. El economista dice: "empecemos asumiendo que tenemos un abridor de latas". Aún cuando las economías son dinámicas y complejas, no se necesita un doctorado en Economía para entender lo que trabaja y lo que no. Lo que en realidad se necesita es usar el sentido común.
Actualmente, existe un anteproyecto de ley "Reordenamiento y Simplificación del Sistema Tributario Panameño", que pareciera inofensivo pero, en realidad, es un plan para aumentar los impuestos en 80 millones de balboas. El sentido común debe indicarle que si la economía actualmente está creciendo en menos del uno por ciento y si usted le quita dinero a los consumidores por medio de impuestos sobre ventas, ingresos o servicios, éstos tendrán menos dinero para gastar. En este año ya se ha visto una duplicación de las tarifas telefónicas para los usuarios más pequeños, así como también un aumento en las tarifas de agua y electricidad. Cuando baja la capacidad adquisitiva del consumidor tiene menos para gastar, esto implica un crecimiento económico más lento, lo cual sucesivamente impulsará las tasas de desempleo (actualmente en un excesivo 17 por ciento).
Una advertencia interesante del anteproyecto es que no define para qué se va usar el aumento de impuestos. Por consiguiente, uno sólo puede asumir que el Gobierno está tratando de cubrir su déficit fiscal al aumentar los impuestos, en lugar de bajar los costos y eliminar agencias gubernamentales anacrónicas. Actualmente nuestro gobierno es uno de los más grandes de Latinoamérica per cápita y es el empleador más grande de nuestra nación. Los economistas de la vieja guardia siempre han dependido de un incrementado gasto gubernamental como un medio para poner más dinero en la economía, una política anticuada que ha puesto sobre los hombros de generaciones futuras una deuda de 8.2 billones de balboas (aproximadamente 81,5 % del Producto Interno Bruto para el año 2000). Solamente para darle servicio a la deuda de 8.2 billones de balboas (esto es, pagando intereses y capital), nos cuesta 1.1 billones de balboas o un 21 por ciento del presupuesto anual de nuestro gobierno. Esto significa que una quinta parte de nuestro presupuesto anual de 5.6 billones de balboas es gastado en servicio, sin reducir, nuestra deuda nacional.
Mientras tanto, estamos sentados sobre 1.24 billones de balboas en el Fondo Fiduciario, si usáramos todo este dinero para reducir la deuda, cumplir con el servicio de la misma sería menos costoso. En lugar de aumentar los impuestos, tal como lo propone el anteproyecto, este ingreso adicional pudiese ser usado para pagar parcialmente el déficit que nuestro gobierno tendrá el próximo año fiscal.
Esto podría parecer una buena medida, pero si usamos el sentido común adecuadamente nos obligaría a considerar una mejor alternativa al enorme gasto y déficit gubernamental. En lugar de mantener un sin número de agencias gubernamentales, la administración debería considerar consolidar un número de agencias similares para, de este modo, reducir operaciones, salarios y costos de mantenimiento.
Por otra parte, el Gobierno también podría inyectarle dinero adicional a nuestra economía por medio de reducciones de impuestos u otros incentivos que ayuden a revivir el sector privado. Estas medidas le proporcionarían al mismo los medios necesarios para reconstruirse y restablecer confianza y credibilidad en los mercados. Esto haría que las ruedas de la economía comenzaran a rodar nuevamente, creando trabajos, seguridad y prosperidad para nuestro país.
La historia nos ha enseñado que iniciativas miopes, tales como, el aumento de impuestos para cubrir el déficit fiscal, a la larga nos perjudicarán a todos y a corto plazo sólo benefician a unos cuántos. Debemos usar el sentido común y volvernos fiscalmente prudentes. Es hora de tomar los pasos necesarios para reducir el tamaño de nuestro gobierno, pagar nuestra excesiva deuda e impulsar nuestra alicaída economía.
Actualmente, existe un anteproyecto de ley "Reordenamiento y Simplificación del Sistema Tributario Panameño", que pareciera inofensivo pero, en realidad, es un plan para aumentar los impuestos en 80 millones de balboas. El sentido común debe indicarle que si la economía actualmente está creciendo en menos del uno por ciento y si usted le quita dinero a los consumidores por medio de impuestos sobre ventas, ingresos o servicios, éstos tendrán menos dinero para gastar. En este año ya se ha visto una duplicación de las tarifas telefónicas para los usuarios más pequeños, así como también un aumento en las tarifas de agua y electricidad. Cuando baja la capacidad adquisitiva del consumidor tiene menos para gastar, esto implica un crecimiento económico más lento, lo cual sucesivamente impulsará las tasas de desempleo (actualmente en un excesivo 17 por ciento).
Una advertencia interesante del anteproyecto es que no define para qué se va usar el aumento de impuestos. Por consiguiente, uno sólo puede asumir que el Gobierno está tratando de cubrir su déficit fiscal al aumentar los impuestos, en lugar de bajar los costos y eliminar agencias gubernamentales anacrónicas. Actualmente nuestro gobierno es uno de los más grandes de Latinoamérica per cápita y es el empleador más grande de nuestra nación. Los economistas de la vieja guardia siempre han dependido de un incrementado gasto gubernamental como un medio para poner más dinero en la economía, una política anticuada que ha puesto sobre los hombros de generaciones futuras una deuda de 8.2 billones de balboas (aproximadamente 81,5 % del Producto Interno Bruto para el año 2000). Solamente para darle servicio a la deuda de 8.2 billones de balboas (esto es, pagando intereses y capital), nos cuesta 1.1 billones de balboas o un 21 por ciento del presupuesto anual de nuestro gobierno. Esto significa que una quinta parte de nuestro presupuesto anual de 5.6 billones de balboas es gastado en servicio, sin reducir, nuestra deuda nacional.
Mientras tanto, estamos sentados sobre 1.24 billones de balboas en el Fondo Fiduciario, si usáramos todo este dinero para reducir la deuda, cumplir con el servicio de la misma sería menos costoso. En lugar de aumentar los impuestos, tal como lo propone el anteproyecto, este ingreso adicional pudiese ser usado para pagar parcialmente el déficit que nuestro gobierno tendrá el próximo año fiscal.
Esto podría parecer una buena medida, pero si usamos el sentido común adecuadamente nos obligaría a considerar una mejor alternativa al enorme gasto y déficit gubernamental. En lugar de mantener un sin número de agencias gubernamentales, la administración debería considerar consolidar un número de agencias similares para, de este modo, reducir operaciones, salarios y costos de mantenimiento.
Por otra parte, el Gobierno también podría inyectarle dinero adicional a nuestra economía por medio de reducciones de impuestos u otros incentivos que ayuden a revivir el sector privado. Estas medidas le proporcionarían al mismo los medios necesarios para reconstruirse y restablecer confianza y credibilidad en los mercados. Esto haría que las ruedas de la economía comenzaran a rodar nuevamente, creando trabajos, seguridad y prosperidad para nuestro país.
La historia nos ha enseñado que iniciativas miopes, tales como, el aumento de impuestos para cubrir el déficit fiscal, a la larga nos perjudicarán a todos y a corto plazo sólo benefician a unos cuántos. Debemos usar el sentido común y volvernos fiscalmente prudentes. Es hora de tomar los pasos necesarios para reducir el tamaño de nuestro gobierno, pagar nuestra excesiva deuda e impulsar nuestra alicaída economía.