Discípulo y misionero
En el ambiente posterior a la Reunión de Aparecida, dentro de los planes pastorales se trata de sintetizar la línea trazada en el énfasis de ser todos “discípulos y misioneros”.
Asimismo se lee en titulares de noticias de la Iglesia que comunidades católicas cristianas católicas chinas solicitan la canonización o la introducción de la causa de canonización de un gran discípulo y misionero que en estos días es celebrado en su ciudad natal de Italia, Macerata.
El sábado 29 de mayo el Sumo Pontífice, su Santidad Benedicto XVI, se dirigió a los participantes en la peregrinación promovida por la Diócesis de Macerata- Recanta- Cingoli- Trata y por las diócesis de las Marcas (Centro de Italia) con ocasión de la muerte de Mateo Ricci, el apóstol de China.
Según el Papa “la historia de las misiones católicas comprende figuras de gran estatua por el celo y el valor de llevar a Cristo a tierras nuevas y lejanas, pero el Padre Ricci es un caso singular de feliz síntesis entre el anuncio del Evangelio y el diálogo con la cultura y el pueblo que se lleva, un ejemplo de equilibrio entre claridad doctrinal, prudente acción pastoral. No solo el aprendizaje profundo de la lengua, sino también la asunción del estilo de vida y de las costumbres de clases chinas, fruto de estudio y de ejercicio paciente y amplio de miras, hicieron que el Padre Ricci fuese aceptado por los chinos con respeto y estima, ya no como un extranjero, sino como “El Maestro del gran Occidente”. En el Museo del Lineo de Pekín solo se recuerdan dos extranjeros entre los grandes de la historia china: Marco Polo y el Padre Matteo Ricci.
El Padre Ricci no va a China para llevarles sabiduría y la cultura de Occidente, sino para llevarles el Evangelio, para dar a conocer a Dios. Escribe; Durante más de veinte años cada mañana y cada noche he rezado con lágrimas al Cielo. Se que el Señor del Cielo tiene piedad con las criaturas vivientes y las perdona. La verdad sobre el Señor del Cielo está ya en los corazones de los hombres. Pero los seres humanos no la comprenden inmediatamente y además no se inclinan a reflexionar sobre una cuestión semejante.
La admiración hacia el Padre Ricci, no debe, sin embargo, hacer olvidar el papel y la influencia de sus interlocutores chinos. Las decisiones tomadas por Ricci no dependían de una estrategia abstracta de inculturación de la fe, sino del conjunto del acontecimiento, de los encuentros y de la experiencia que iba teniendo. Son especialmente cuatro célebres conversos, “pilares de la Iglesia china” Xu Guangqi, literato, astrónomo, experto agrónomo. Otro sabio, Li Zhizao, ayudó a Ricci en hacer los mapas. Es justo por tanto asociar al Padre Ricci también a sus grandes amigos chinos que compartieron con él la experiencia de la fe.