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"Discurso antimilitarista"


Me refiero a la muy interesante columna de Ricardo Arias Calderón del 27 de mayo, en que resume aspectos de su participación en el foro del Centro Panameño de Relaciones Internacionales sobre las relaciones de Panamá con Estados Unidos. El ex vicepresidente opina que "debemos superar el discurso anti-yanqui de rescate de la soberanía, para desarrollar un nuevo discurso de ejercicio responsable de la plena soberanía, y también superar el discurso antimilitarista de rescate de la civilidad, para desarrollar un nuevo discurso incluyente de perfeccionamiento de la civilidad."
Sin duda, la segunda recomendación del Dr. Arias Calderón - "superar el discurso antimilitarista de rescate de la civilidad"- se ha puesto de moda en algunos círculos políticos, con bríos singulares a partir del acuerdo que les permitió al PRD y el PDC asumir el control de la Asamblea Legislativa, el 1 de septiembre de 2000. En el examen cuidadoso de los fundamentos e implicaciones de la propuesta del ex vicepresidente, sin embargo, sobresalen una falta de correspondencia con la realidad histórica y su inconveniencia para el desarrollo nacional.
Mientras no se superen los resabios de militarismo que aún perduran y no se consolide plenamente la ciudadanía democrática, no podrá abandonarse el "discurso antimilitarista de rescate de la civilidad". Tal cual lo dejó apuntado Miguel Antonio Bernal en su columna del viernes 25 de mayo, el militarismo corrupto implantado en 1968 aún condiciona la vida política de la República y menoscaba su calidad, en parte como consecuencia de la vigencia del ordenamiento jurídico de la dictadura. Este se ha mantenido esencialmente intacto debido a la lamentable decisión de preservarlo, tomada por quienes asumieron las riendas del gobierno en 1989.
El aspecto venal del militarismo criollo también sigue condicionando la vida política de la Nación a través de la cultura del botín y el "juega vivo", cuya persistencia funesta reduce significativamente las posibilidades para un auténtico desarrollo nacional. Estas costumbres perniciosas no fueron inventadas por los dictadores militares y sus secuaces civiles. Sin embargo -como resultado del primitivo afán de lucro que animaba a los partícipes de la tiranía, así como de la supresión de libertades, el desmantelamiento del sistema de representación democrática (por imperfecto que fuese el que tuvimos hasta 1968) y la castración del poder judicial- el autoritarismo castrense pudo aplicar y promover dichos antivalores como nunca antes se practicaron e impulsaron en la historia de la Nación.
El "discurso antimilitarista de rescate de la civilidad" no podrá abandonarse hasta que logremos erradicar el legado nefasto de la dictadura y reemplazarlo por una aproximación democrática y cívica al manejo de la cosa pública. Mientras tanto, propuestas como la de Ricardo Arias Calderón sólo pueden interpretarse como un intento por legitimar la cooperación política con los ex colaboradores de la dictadura, los mismos que fomentaron el descalabro político, económico, social y moral de la Nación, cuyas trágicas consecuencias todavía nos afectan sensiblemente.

101 años de Panamá América

 
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