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Discurso populista barato


Es lastimoso escuchar a tantos de nuestros políticos, de un lado y del otro, recurrir al discurso populista barato como estrategia para llegar al poder. De ello hablaba con un amigo, y me dijo que si ellos salían a decir la verdad era muy improbable que lograran ganar las elecciones. A tal grado hemos llevado a nuestro pueblo que no podemos presentarnos ante ellos con la realidad. Lo terrible de todo es que nos amarramos a caminos torcidos.

La mayoría de los economista nacionales, y en particular los buenos, saben lo dañino que es el proteccionismo, tal como el de los aranceles de importación, que, a fin de lograr un beneficio para un grupo minoritario de productores, sacrifican a todo un pueblo que queda comprando el arroz más caro y perdiendo su derecho a escoger; a menos que vivas en la frontera con Costa Rica, pues esos agraciados compran a los vecinos a mitad de precio un producto muy superior. Sin embargo, no hay manera que el rancio sistema politiquero imperante ceda y le dé ese respiro inmediato al pueblo, porque piensan que crearían crisis en el agro, como si la que existe en la mesa de los pobres no importara. Quizás no en los  votos, pues esta gente no logra entender temas de economía.

En Nueva Zelanda (NZ), en 1984, terminaron con todos los subsidios gubernamentales que consistían en 30 pagos distintos a la producción y al incentivo de exportación. Anterior a la reforma, los subsidios representaban el 30% del valor de la producción; más alto que  EE.UU. hoy día. Desde el ‘84 la producción en NZ se ha disparado en un 40% en valor dólares, y la fracción de la producción económica en el PIB ha aumentado del 14% al 17%. La productividad pasó del 1% al 6% anual. Sólo 1% de los agricultores abandonó la actividad.

Gran parte del aumento de precios nos llega importado y poco podemos hacer al respecto; pero lo triste es que las soluciones que sí funcionarían no las podemos tomar porque son políticamente incorrectas; y estos son los señores que dicen que están para acabar con la pobreza. No tienen agallas suficientes para hacer lo correcto, ni suficientes luces largas para darse cuenta que al final del día la gente se los reconocerá.

Mientras tanto, los ricos seguirán comiendo arroz al precio que sea, en tanto que los auténticos pobres quedan subsidiando a los menos pobres y no tan ricos del agro comprando arroz con un arancel del 100%, pues ellos compran en el chinito de la esquina y no en ferias y súper.

101 años de Panamá América

 
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