Discursos, pobreza y... ¡nada!
Políticos, gobernantes, intelectuales, dirigentes gremiales, dignatarios eclesiásticos y economistas compiten en discursos de denuncia de la pobreza. Hacen llamados aterradores, pero no se refieren a las políticas oficiales que bajan el ingreso real de los más desvalidos.
Pocos dicen que los aranceles, las bandas de precios, las salvaguardias y otros trucos encarecen brutalmente el pan, la harina, el azúcar, el aceite, la carne, la leche y otros alimentos. Tampoco se denuncia que la vestimenta está encarecida en Chile por la sobretasa a la importación de ropa usada, logro obtenido por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).
Las recetas forzadas y las restricciones en la venta de medicinas hacen otro tanto con la salud. Las autoridades nos tienen llenos de prohibiciones y gravámenes, que suben precios como los de la locomoción colectiva, del metro cuadrado de terreno para la vivienda, del tabaco y de las bebidas alcohólicas. Además, castigan al pobre que quiere poner un negocio, comerciar, manejar un taxi o importar un auto usado.
Pocos denuncian la persecución de pobres al prohibírseles trabajar a un salario menor que el mínimo o en jornadas pactadas libremente. Usted no puede pagarle 70 mil pesos a un minusválido, curado o drogadicto, para que le limpie la acera o los cultivos, le haga un paquete o le saque la basura. Tampoco contratar a un menor, porque, aunque ande de ocioso, los socialistas suponen que está en el colegio. A esos niños que usted ve en la televisión robando en los supermercados o en los buses, o que viven bajo los puentes, está prohibido darles un empleo. No existen. Son un invento: la ley dice que están en este momento estudiando. Para ser francos, no se sabe si es mejor que anden en la calle o que vayan a la escuela, pues la educación estatal para pobres en Chile es vergonzosa. Lo que sí les está prohibido es trabajar. No vaya a ser cosa que aprendan buenas costumbres y se aburguesen.
222Pocos denuncian la persecución de pobres al prohibírseles trabajar a un salario menor que el mínimo o en jornadas pactadas libremente.
Si se cierran los ministerios del Trabajo, Agricultura, Educación y Salud, los pobres mejorarían. Y lo mismo si se suprime a los que mantienen los aranceles altos. Si se clausurara Mideplan, los indígenas volverían a encontrar trabajo en las regiones afectadas. Por ahora, se siguen empobreciendo, mientras desaparece el dinero en organismos de protección como Conadi e Indap.
Los pobres son particularmente afectados por la mala calidad de los servicios de seguridad y justicia. Al revés de lo que creen los socialistas, la inseguridad de la ley liquida más a los pobres que a los ricos. Estos pueden tener una policía propia y contratar abogados. Los más desvalidos están fregados.
Mire, compañero, el cuento es al revés. Si quiere erradicar la pobreza, hay que reducir el tamaño del Estado y concentrar el esfuerzo oficial en mejorar la justicia, la policía y los subsidios a la demanda libre de desvalidos, enfermos y pobres. A éstos les sirve la creación de oportunidades y empleos derivados de la inversión, la apertura y los mercados más libres. Las regulaciones municipales y estatales paralizan los proyectos, en especial los chicos, y la creación de empleos y oportunidades. El socialismo y la protección son la pobreza, y la libertad es el progreso y la riqueza. Esto es lo que debe plantearse en los discursos y no la mera denuncia de la pobreza seguida de un reiterado y fracasado papel más activo del Estado. ¿Dónde el socialismo ha derrotado a la pobreza? En ninguna parte. ¿Quiere que le cite los casos de mercado y propiedad privada donde la pobreza se ha reducido hasta casi desaparecer? Es muy larga la lista y, además, políticamente incorrecta. Es como decir que la ruptura de las parejas y de la familia es, quizás, el más importante factor de pobreza. Esto es verdad, sobre todo para los niños y los desvalidos.
*Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile.
(c)www.aipenet.com
Pocos dicen que los aranceles, las bandas de precios, las salvaguardias y otros trucos encarecen brutalmente el pan, la harina, el azúcar, el aceite, la carne, la leche y otros alimentos. Tampoco se denuncia que la vestimenta está encarecida en Chile por la sobretasa a la importación de ropa usada, logro obtenido por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).
Las recetas forzadas y las restricciones en la venta de medicinas hacen otro tanto con la salud. Las autoridades nos tienen llenos de prohibiciones y gravámenes, que suben precios como los de la locomoción colectiva, del metro cuadrado de terreno para la vivienda, del tabaco y de las bebidas alcohólicas. Además, castigan al pobre que quiere poner un negocio, comerciar, manejar un taxi o importar un auto usado.
Pocos denuncian la persecución de pobres al prohibírseles trabajar a un salario menor que el mínimo o en jornadas pactadas libremente. Usted no puede pagarle 70 mil pesos a un minusválido, curado o drogadicto, para que le limpie la acera o los cultivos, le haga un paquete o le saque la basura. Tampoco contratar a un menor, porque, aunque ande de ocioso, los socialistas suponen que está en el colegio. A esos niños que usted ve en la televisión robando en los supermercados o en los buses, o que viven bajo los puentes, está prohibido darles un empleo. No existen. Son un invento: la ley dice que están en este momento estudiando. Para ser francos, no se sabe si es mejor que anden en la calle o que vayan a la escuela, pues la educación estatal para pobres en Chile es vergonzosa. Lo que sí les está prohibido es trabajar. No vaya a ser cosa que aprendan buenas costumbres y se aburguesen.
222Pocos denuncian la persecución de pobres al prohibírseles trabajar a un salario menor que el mínimo o en jornadas pactadas libremente.
Si se cierran los ministerios del Trabajo, Agricultura, Educación y Salud, los pobres mejorarían. Y lo mismo si se suprime a los que mantienen los aranceles altos. Si se clausurara Mideplan, los indígenas volverían a encontrar trabajo en las regiones afectadas. Por ahora, se siguen empobreciendo, mientras desaparece el dinero en organismos de protección como Conadi e Indap.
Los pobres son particularmente afectados por la mala calidad de los servicios de seguridad y justicia. Al revés de lo que creen los socialistas, la inseguridad de la ley liquida más a los pobres que a los ricos. Estos pueden tener una policía propia y contratar abogados. Los más desvalidos están fregados.
Mire, compañero, el cuento es al revés. Si quiere erradicar la pobreza, hay que reducir el tamaño del Estado y concentrar el esfuerzo oficial en mejorar la justicia, la policía y los subsidios a la demanda libre de desvalidos, enfermos y pobres. A éstos les sirve la creación de oportunidades y empleos derivados de la inversión, la apertura y los mercados más libres. Las regulaciones municipales y estatales paralizan los proyectos, en especial los chicos, y la creación de empleos y oportunidades. El socialismo y la protección son la pobreza, y la libertad es el progreso y la riqueza. Esto es lo que debe plantearse en los discursos y no la mera denuncia de la pobreza seguida de un reiterado y fracasado papel más activo del Estado. ¿Dónde el socialismo ha derrotado a la pobreza? En ninguna parte. ¿Quiere que le cite los casos de mercado y propiedad privada donde la pobreza se ha reducido hasta casi desaparecer? Es muy larga la lista y, además, políticamente incorrecta. Es como decir que la ruptura de las parejas y de la familia es, quizás, el más importante factor de pobreza. Esto es verdad, sobre todo para los niños y los desvalidos.
*Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile.
(c)www.aipenet.com