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Discusiones infructuosas


Siempre hemos criticado el protagonismo de nuestros políticos, sobre todo el circo que con frecuencia están prestos a proporcionar al pueblo. Con ello pretenden tirar una cortina de humo a los grandes problemas nacionales. Recurren a la chabacanería, con el ánimo de llamar la atención, aprovechándose de un Ministerio Público al que aparentemente sólo le preocupa su presupuesto y formulan acusaciones que terminan por no tener mayor trascendencia. Allí en el papel y la tinta de los diarios, en las hemerotecas, quedan los registros de toda esta comedia bufa que nunca tiene mayor trascendencia. Pero lo malo es que luego esgrimen, como grandes gallardetes y méritos, este tipo de protagonismo anodino.
Durante el referéndum vimos al Dr. Ricardo Arias Calderón formular serias acusaciones y retos al Presidente de la República sobre el origen de su presunta enorme fortuna. Terminado el referéndum, acabó todo. Si el Dr. Ricardo Arias Calderón realmente le consta la mala procedencia de la fortuna del Sr. Presidente tiene la obligación de denunciarlo ante la autoridad competente y la ley indica la vía para ese tipo de denuncias, pero está muy mal el lanzar este tipo de acusaciones públicas sin ningún tipo de responsabilidad, con meros fines electoreros. Nos ha extrañado la impasibilidad del Presidente ante este tipo de acusaciones cuando sabemos que por mucho menos ha presentado demandas o quejas ante la Procuraduría General de la República. El Presidente ha expresado, recientemente, que para que no se le imputen cargos de querer atentar contra la libertad de expresión se abstiene de recurrir a la justicia. Lo cierto es que, con alguna frecuencia, se han dejado conocer acusaciones muy serias contra el Presidente de la República, las últimas son con relación a los aportes a su campaña por presuntos narcotraficantes, denunciado por el diario La Prensa; la presunta velada concesión administrativa del IRHE y más recientemente el aparente interés económico del Presidente en la privatización del IDAAN. Nuestras autoridades que están obligadas a investigar, por precepto constitucional, guardan un silencio inexplicable. Esto comienza a lucir muy feo, a apestar.
Ahora han surgido nuevamente las acusaciones entre estos dos personajes, me refiero a RAC y al Toro. Ambos se acusan de haber sido los causantes de la invasión de los norteamericanos en el 89. Según Arias Calderón el Presidente Pérez Balladares fue responsable de la invasión por haber sido un integrante de primera línea de la dictadura a pesar de que dice no tenía ninguna amistad con Manuel Antonio Noriega ni con los militares que lo rodeaban y, sin embargo, Noriega lo escogió como jefe de campaña de su candidato. El Presidente, por su parte, sin entrar a desvirtuar las aseveraciones de Arias Calderón, responde que RAC no respetó la soberanía nacional cuando pidió la invasión: "RAC solicitó de manera reiterada la invasión a Panamá, y ahora quiere presentarse como un gran nacionalista, como un opositor a la presencia militar norteamericana, como un defensor de los Tratados Torrijos Carter".
Ciertamente creo que realmente ambos fueron responsables de la invasión, porque como hombres públicos que son fueron incapaces de solventar la situación prevaleciente en aquel entonces, haciendo prevalecer intereses personales sobre los de la Nación. Fueron ambos grupos, gobierno y oposición, los que en sus pugnas por la conquista del poder crearon la situación que dio lugar a la tristemente invasión. Una prueba de ello es que, después de la invasión, todo ha permanecido igual. Los que antes criticaban la corrupción y otras desdeñables prácticas, hoy son sus principales protagonistas. Además, a nivel institucional, muy pocas son las cosas que han cambiado pues la Constitución, salvo unas reformas de carmín, permanece inalterable. Lo que sí eliminaron fue el protagonismo de los militares, pero sólo porque ellos constituían un elemento de competencia por la lucha del poder, se aprovecharon de las circunstancias y los quitaron del camino.
En las filas de la oposición hubo cualquiera cantidad de políticos que no sólo deseaban en privado la invasión, sino que a gritos pedían la intervención de los norteamericanos en suelo patrio porque era el único medio cómo podía derrotarse la dictadura de Noriega y sus secuaces y dar rienda a sus veladas pretensiones.
Los panameños todos fuimos los responsables de la invasión norteamericana ya que nuestra falta de entereza y coraje nos impidió combatir la dictadura más allá del comentario en corrillos y en la clandestinidad. Sólo fuimos capaces de ejercer una cuasi oposición y prueba de ello es que cuanto llamado a huelga general se formuló terminó en un rotundo fracaso que lo que hizo fue fortalecer el régimen. De no haber sido por la invasión todavía, a estas alturas, hubiésemos tenido a Noriega y sus secuaces gobernando. La oposición necesitó de la invasión para derrotar a la dictadura. Así lo registrará la historia a no dudarlo, duela a quien le duela.
Lo importante hoy no creo que sea determinar quién aupó o no la invasión norteamericana sino cuáles fueron las causas de la misma y qué hemos hecho hoy día por solventar esos problemas. La respuesta desafortunadamente es negativa, o sea, que todo el dolor y pena que dicen algunos sentir por ella no es más que un ademán politiquero que asumen para crear expectativas falsas en la ciudadanía.
Creo que el Dr. Ricardo Arias Calderón en vez de estar fomentando más divisionismo en la ciudadanía debería deponer ambiciones personales y trabajar más por el país fomentando la unión y no la disociación. No creemos, por ningún momento, que el Dr. Ricardo Arias Calderón es un político fracasado, ni que esté desesperado arrastrando una manta para ver quién la pisa, como expresó, de acuerdo con los medios, recientemente el Presidente. Me luce que éste está aprovechándose de su delicada salud para sacarse un clavo pasado. Creemos que el Presidente de la República tiene mucho que aprender del Dr. Ricardo Arias Calderón y éste a su vez del Presidente. Lo que evidentemente está ocurriendo es que ninguno de los dos está desempeñándose con la responsabilidad que su posición y las circunstancias exigen. ¡Qué lástima!


101 años de Panamá América

 
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