Dislate museográfico
Dislate significa disparate. Cuando se trata del tema cultural, la expresión se convierte en error garrafal, ex abrupto de marca mayor, pero aún reparable.
Hablo del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, cerrado hace más de dos años y sin esperanza de reapertura. En este final de siglo, cuando gritamos a los cuatro vientos que integramos el territorio y el Canal pasa a manos panameñas, ocurre -típicas contradicciones que en nuestro medio son habituales- que el principal museo del país está clausurado. Y es precisamente el Museo Antropológico que ostenta el nombre de la inmortal doctora Reina Torres de Araúz el llamado a poner de manifiesto nuestra riqueza arqueológica, nuestra variedad étnica, la exquisita orfebrería aurífera, el contacto de las culturas que aquí han tenido sede y desarrollo, en fin, el museo debe dibujar el rostro auténtico de nuestra Nación para edificar en la cultura y en valores legítimos a las nuevas generaciones que se asoman al siglo XXI.
Lo más grave de todo es que el Museo está en manos de un Patronato y ha sido sacado del engranaje museográfico del Instituto Nacional de Cultura.
Voy a explicarme mejor: los patronatos tienen como función primordial trabajar para obtener apoyo, fondos, recursos humanos con el objetivo de aumentar el presupuesto oficial, nunca "apoderarse" de la instalación que respalda y contribuir al desmantelamiento de la entidad oficial a la cual pertenece por ley y por la naturaleza propia de la dependencia estatal.
Si a eso nos atenemos, al Patronato del Hospital del Niño (de tanta respetabilidad y logros) se le hubiera permitido apropiarse del Hospital y quitárselo al Ministerio de Salud, lo cual ¡es impensable!
Lo que la señora Ana Elena Porras denomina "desburocratizar" no es otra cosa que crear un feudo independiente y en ello consiste uno de los principales errores del asunto que trato en este artículo.
Otro barbarismo anti cultural es el fútil argumento de que los fondos para instalar apropiadamente el museo no llegaron porque las partidas fueron recortadas en la pasada administración. ¡Vaya concepto inaceptable! Si por un lado es cierto que el Estado panameño no invierte en cultura y siempre le regatea al sector los medios financieros para su desenvolvimiento normal, no es menos verídico que la Dirección del patronato, el personal de planta reciben a tiempo y completos sus emolumentos. Sigo preguntándome ¿cómo hay dinero para salarios y no para reinstalar el museo? En lógica existe un nombre tremebundo para estas ilogicidades: contradictio terminorum, léase, oposición de términos, un choque contra la razón.
En otras palabras, se le paga a los funcionarios para montar pequeñas exposiciones que en nada justifican el gasto... y para botar chatarra durante más de dos años. La argumentación del artículo de la Señora Porras se desploma sola mueve a risa.
Si Reina Torres de Araúz estuviera entre nosotros, otra realidad cultural tendríamos, más productiva, más eficaz y con una mística de creaciones que encajaría mejor con los nuevos tiempos que vivimos.
El Museo Antropológico que ostenta su nombre se ha convertido en una ofensa a la memoria de esta panameña fuera de serie quien en su época y para la nuestra comprendió que en la cultura, y sólo en ella, radica la autenticidad de este país pequeño, frágil que en este preciso instante está reforzando su identidad.
Con el museo cerrado, la identidad queda mediatizada, cuestionada e incompleta.
Desglosar el Museo Antropológico, antes llamado "del Hombre Panameño" del INAC ha sido uno de los errores más abultados en el ámbito de la cultura, mejor dicho, de la anti cultura porque vamos a la inversa.
Lo deseable es que todas las instancias culturales se integren en un organismo fuerte, con suficientes medios para producir y trasmitirnos un mensaje de identidad para la Nación e identificación de todos cuantos compartimos la misma herencia espiritual.
¡Qué ejemplo extraordinario nos trasmiten los Ministerios de Cultura de Costa Rica (FANAL) y de Colombia! En ambos países vecinos, la cultural se ha reforzado, afianzado y fortalecido. En Panamá existe la tendencia a aminorar el ente cultural oficial y a quitarle lo poco que le queda.
Todavía estamos a tiempo para subsanar el mal. Es que los bienes patrimoniales de la Nación, de todos nosotros, no pueden estar en manos de patronatos privados y menos de personas que piensan de modo tan absurdo.
Hablo del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, cerrado hace más de dos años y sin esperanza de reapertura. En este final de siglo, cuando gritamos a los cuatro vientos que integramos el territorio y el Canal pasa a manos panameñas, ocurre -típicas contradicciones que en nuestro medio son habituales- que el principal museo del país está clausurado. Y es precisamente el Museo Antropológico que ostenta el nombre de la inmortal doctora Reina Torres de Araúz el llamado a poner de manifiesto nuestra riqueza arqueológica, nuestra variedad étnica, la exquisita orfebrería aurífera, el contacto de las culturas que aquí han tenido sede y desarrollo, en fin, el museo debe dibujar el rostro auténtico de nuestra Nación para edificar en la cultura y en valores legítimos a las nuevas generaciones que se asoman al siglo XXI.
Lo más grave de todo es que el Museo está en manos de un Patronato y ha sido sacado del engranaje museográfico del Instituto Nacional de Cultura.
Voy a explicarme mejor: los patronatos tienen como función primordial trabajar para obtener apoyo, fondos, recursos humanos con el objetivo de aumentar el presupuesto oficial, nunca "apoderarse" de la instalación que respalda y contribuir al desmantelamiento de la entidad oficial a la cual pertenece por ley y por la naturaleza propia de la dependencia estatal.
Si a eso nos atenemos, al Patronato del Hospital del Niño (de tanta respetabilidad y logros) se le hubiera permitido apropiarse del Hospital y quitárselo al Ministerio de Salud, lo cual ¡es impensable!
Lo que la señora Ana Elena Porras denomina "desburocratizar" no es otra cosa que crear un feudo independiente y en ello consiste uno de los principales errores del asunto que trato en este artículo.
Otro barbarismo anti cultural es el fútil argumento de que los fondos para instalar apropiadamente el museo no llegaron porque las partidas fueron recortadas en la pasada administración. ¡Vaya concepto inaceptable! Si por un lado es cierto que el Estado panameño no invierte en cultura y siempre le regatea al sector los medios financieros para su desenvolvimiento normal, no es menos verídico que la Dirección del patronato, el personal de planta reciben a tiempo y completos sus emolumentos. Sigo preguntándome ¿cómo hay dinero para salarios y no para reinstalar el museo? En lógica existe un nombre tremebundo para estas ilogicidades: contradictio terminorum, léase, oposición de términos, un choque contra la razón.
En otras palabras, se le paga a los funcionarios para montar pequeñas exposiciones que en nada justifican el gasto... y para botar chatarra durante más de dos años. La argumentación del artículo de la Señora Porras se desploma sola mueve a risa.
Si Reina Torres de Araúz estuviera entre nosotros, otra realidad cultural tendríamos, más productiva, más eficaz y con una mística de creaciones que encajaría mejor con los nuevos tiempos que vivimos.
El Museo Antropológico que ostenta su nombre se ha convertido en una ofensa a la memoria de esta panameña fuera de serie quien en su época y para la nuestra comprendió que en la cultura, y sólo en ella, radica la autenticidad de este país pequeño, frágil que en este preciso instante está reforzando su identidad.
Con el museo cerrado, la identidad queda mediatizada, cuestionada e incompleta.
Desglosar el Museo Antropológico, antes llamado "del Hombre Panameño" del INAC ha sido uno de los errores más abultados en el ámbito de la cultura, mejor dicho, de la anti cultura porque vamos a la inversa.
Lo deseable es que todas las instancias culturales se integren en un organismo fuerte, con suficientes medios para producir y trasmitirnos un mensaje de identidad para la Nación e identificación de todos cuantos compartimos la misma herencia espiritual.
¡Qué ejemplo extraordinario nos trasmiten los Ministerios de Cultura de Costa Rica (FANAL) y de Colombia! En ambos países vecinos, la cultural se ha reforzado, afianzado y fortalecido. En Panamá existe la tendencia a aminorar el ente cultural oficial y a quitarle lo poco que le queda.
Todavía estamos a tiempo para subsanar el mal. Es que los bienes patrimoniales de la Nación, de todos nosotros, no pueden estar en manos de patronatos privados y menos de personas que piensan de modo tan absurdo.