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Disquisiciones


En la bella ciudad de Roma (Italia), llena de encanto clásico y religioso, vino a mi mente algunas disquisiciones que he investigado a suficiencia con apoyo de diversas y convenientes lecturas. Pienso que el estado miserable, egoísta e inclemente en que ha sido sumida la humanidad en el nuevo orden económico internacional (sofisma del libre mercado) conduce al mundo a un proceso devastador, con diversas posibilidades que resumiré a continuación.

La economía de mercado tiene ciclos que se alternan uno tras otros: despegue, auge, desaceleración, recesión y depresión. A finales de los 70, por varios factores, como las variaciones del precio petrolero, las economías internacionales sufren una crisis económica que tambaleó al sistema de mercado, sumado al armamentismo de la guerra fría, que finalizó con la victoria del capitalismo sobre el socialismo de Estado, con liderazgo de EE.UU.
Desde entonces, los economistas de la ortodoxia neoliberal esgrimen recetas para cambiar el modelo de sustitución de importaciones (economía interna, producción, Estado inversor), por otro modelo que impulsa la reducción del Estado y del gasto publico-social, la libertad arancelaria, el libre flujo de capitales y libre comercio internacional.
El modelo aventajó a los países desarrollados, que lograron expandir sus mercados hacia el tercer mundo, el cual se vio afectado por los organismos financieros internacionales que condicionaron sus préstamos al desarrollo cuando se aplicará dicho modelo económico, conllevando problemas laborales y sociales, de producción nacional y gasto público, cercando a los países tercer mundistas a un ciclo de pobreza, subdesarrollo y crisis.
Pero el ciclo económico de auge mundial a partir de los 90 parece tocar techo actualmente, sumiendo a países como EE.UU. y Japón a crisis recesivas recientes, lo que puede contagiar al mercado mundial, sin descartar una caída de los mercados internacionales y una subida de los precios del petróleo, sobre todo en el dilema de una crisis política internacional.

Con el fin de la guerra fría, hay diversos factores nacionalistas y étnicos que producen guerras, en África donde aumenta el ciclo de pobreza, o en los Balcanes, a pesar de la pacificación, pues no es posible desactivar los resentimientos. Sin embargo, antes del 11-S la zona que puede ser epicentro de una guerra internacional es el Oriente Medio, toda vez que Israel y EE.UU. son factores desestabilizadores de la región. El problema es el integrismo islámico, con poder en Irán y Sudán. En Paquistán, el activismo islamita radical intenta desestabilizar al país para hacerse del poder político y nuclear.
Después del 11-S, George Bush ha iniciado una guerra anti-terrorista con fines de control energético, de una tensa calma de posguerra en Afganistán, donde los talibanes intentan reactivarse, a una costosa (en vidas humanas) guerra de Irak, con una pre-guerra civil, en que la mayoría chiíta (influenciada por Irán) busca hacerse del control político. Se agudiza si EE.UU. realiza acciones militares contra Irán, principal meca del fundamentalismo islámico, por el programa de investigación nuclear. Si hace igual contra Siria, gobernada por el partido Baas que gobernó Irak, se puede dar una resistencia que amenaza no conocer fronteras.
Ahora bien, antes del 11-S, el principal foco de contención era la nación Palestina, donde el integrismo islámico (ahora en el poder) está enfrascado en una lucha a muerte con Israel, con apoyo de la comunidad árabe. El terrorismo islámico radical amenaza países con presencia musulmana, de Chechenia a Albania, Afganistán a Palestina, Indonesia a norte de África, llevando su Guerra Santa (Yihad) al corazón de Occidente.
La posibilidad a largo plazo que una coalición de países árabes responda los ataques de occidente, orientaría la situación a lo que Samuel Huntington denominó "El Choque de Civilizaciones". Sin descartar además la vieja contención de guerra fría con Corea del Norte, que amenaza con misiles nucleares a Corea del Sur y Japón, colocando a EE.UU. en un dilema militar, también afectado con el diferendo de China Popular y Taiwan, estableciendo un dilema de grandes proporciones para la humanidad.
Sin embargo, es esperanzador que después de una compleja situación geopolítica futura de caos económico y guerra internacional, la humanidad pueda comprender desde el poder político-económico, en virtud de un examen de conciencia de la comunidad internacional, de la necesidad imperativa de reformar el sistema actual por un modelo de desarrollo económico sostenible, derechos humanos y relaciones internacionales justas, pues toda crisis otorga la posibilidad del cambio.

101 años de Panamá América

 
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