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Distribución equitativa del conocimiento



Las estadísticas sobre la distribución de los ingresos, desde hace décadas, colocan a Panamá entre los países del mundo con una mayor diferencia entre el sector de la población que recibe ingresos similares a los que se producen en el primer mundo y aquéllos que no alcanzan a recibir ni siquiera un dólar o balboa al día.
Múltiples esfuerzos se han realizado por los distintos gobiernos para tratar de acortar esa brecha, sin que se haya logrado atacar en su raíz el problema estructural que genera los vergonzosos niveles de pobreza, sobre todo en las áreas indígenas y rurales de nuestro país.
El paternalismo que se ensayó en la década del setenta sirvió de muy poco, y el experimento de los llamados asentamientos campesinos terminó siendo un monumental fracaso. Durante un tiempo se pensó que una reforma agraria que permitiera hacer dueños de tierra a los campesinos, podía ser la solución. Un campesino sin tierra es como un pez sin agua, se decía. Sin embargo, la sola posesión de la tierra, sin las herramientas técnicas y los conocimientos para trabajarla y sin el apoyo financiero, también resulta insuficiente, como ha quedado demostrado.
Los países que han tenido similares o peores problemas de pobreza e inequidad que el nuestro, apuntan a la educación como la base para sacar de la miseria a cientos de millones de seres humanos. La estrategia para derrotar la inequidad en los ingresos tiene necesariamente que considerar la equidad en la distribución del conocimiento como una de las pocas, si no la única, tabla de salvación.

101 años de Panamá América

 
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