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Disturbios Políticos en Perú


La violenta irrupción de manifestantes políticos al local presidencial peruano, hecho al parecer sin antecedentes cercanos en el tiempo, denota el grado creciente de crispación que enmarca las relaciones políticas entre el gobierno de Alberto Fujimori y el número de sus adversarios que crece mes a mes, según lo determinan las encuestas. La temeridad de los manifestantes, abiertamente enfrentados a las fuerzas de seguridad del recinto presidencial con palos y elementos contundentes y el saqueo de uniformes policiales, refleja la ausencia de diálogo entre las partes y también la carencia de respuesta oficial a las demandas populares.
Entre los diversos factores que determinan el vacío de comunicación entre gobernantes y gobernados en el Perú pueden identificarse dos elementos principales: en lo económico se aprecia en el escenario peruano un proceso de recesión que, por un lado, maniata el aparato de producción interna, mientras que, por otro lado, genera desempleo y obviamente crisis en las demandas sociales; en lo político, se advierte la respuesta de la sociedad civil frente al proyecto continuista del régimen, obstinado en lanzarse a la aventura de una reelección más al precio de romper el ordenamiento constitucional que cobija la opción de un referéndum antireeleccionista.
Recientemente el ministro peruano de economía informó con cierto alborozo que las estadísticas se aproximan a la inflación cero. Lo que no explicó el funcionario es que la inflación cero es recesión, es la parálisis del consumo y de la estructura productiva, ya que si no se consume no se produce. Esto es lo que los expertos independientes señalan con relación al esquema económico peruano. La industria manufacturera, por ejemplo, está al borde de la consunción por la ausencia de compradores. Las fábricas restringen la producción o simplemente cierran sus puertas. Los exportadores de minerales y harina de pescado enfrentan la consecuencia de la crisis asiática en forma de pérdidas por devaluaciones monetarias y recortes de los pedidos de los importadores asiáticos. Reflejo de ello es la paridad del sol frente al dólar que durante una década fue mantenida en dos y medio y, ya superó los tres soles por dólar y ha empezado a dispararse. Los exportadores podrían favorecerse con el cambio, pero los costos internos fuertemente dolarizados inevitablemente presionarán el dogma de la baja inflación hasta llevarlo a la realidad económica obrera disfrazada por las estadísticas oficiales.
El rechazo al referéndum sobre la reelección por una controvertida maniobra de la mayoría legislativa oficialista empieza a pagar un impredecible costo social con las reacciones destempladas de sindicatos, desocupados estatales, jubilados y juventudes universitarias. El descenso de la popularidad de Fujimori empieza a traducirse en una indeseable violencia para la comunidad peruana.

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