default

Divertimiento peligroso


Es para estas masas, siempre ávidas de emociones, para las que se inventaron las bombitas, los cohetes, fuegos artificiales, volcancitos, estrellitas, silbadores y correas tronadoras, porque desde el circo hasta el estadio, pasando por los centros comerciales, siempre adornan los desfiles navideños, los carnavales o las celebraciones del mes de la patria. Estos festejos, unos más peligrosos que otros, acaban por producir accidentes absurdos en lugares bastantes cercanos a donde ordinariamente reina la paz y el silencio.
Y como todos los años, a la media noche del 1 de enero, el cielo se ilumina con luces y destellos, al tiempo que el aire enrarecido asfixia al consumirse la pólvora. Y al pasar el polvorín, reina nuevamente la calma, pero no sin antes descubrir las calles y aceras chamuscadas como si habitáramos en un vertedero.
Pero pronto llega el momento de la realidad. Los petardos, al fin, empiezan a cobrar su tributo a medida que el número de accidentes llena las salas de urgencia. Y si puede haber agravante en estos accidentes, lo hay en el hecho de que la mayoría de las víctimas no tenían ninguna relación con la industria pirotecnia. Inútiles, evitables, de una tradición sin sentido pero más peligrosa.
Los muchos ciudadanos que temen ya la llegada del próximo nuevo año por lo que conlleva, miran hacia la lejana China confiando en que sea pionera en la prohibición de algo que, discutiblemente bello, nadie duda de su peligrosidad. Esperan que las masas sean capaces de encontrar otro tipo de diversión o que los creadores y manipuladores de opinión nos inventen otras.
Pero da igual. Entre un castillo de fuegos artificiales, ampuloso y vacuo, muchísimos prefieren un castillo de arena. O un árbol. O una flor. No quieren que algo similar les pase a sus hijos o amigos.
A pesar de las advertencias de las autoridades y de las estrictas regulaciones vigentes, en todas las principales calles de la capital y de las principales ciudades del interior del país, se explotaron libremente estos artefactos detonantes.
Sin duda es oportuna la ocasión para hacer un llamado a las autoridades y que intervengan para que en el futuro vigilen estas actividades y prevengan desgracias adicionales. Sigue habiendo una gran diferencia entre quien busca el peligro personal y el que pone en peligro a los demás.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América