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¿Divide y reinarás?


incompetencia y la soberbia de los actuales gobernantes.
COMO EL MÁXIMO exponente de la llamada patria nueva admitió, con actitud de infractor primario, que "tal vez se equivocó en el método" para imponer "sus reformas al Seguro Social", estimo oportuno recordar que esa metida de pata es sólo una de las muchas cometidas por el gobierno del PRD, en ese sólo tema, y que van camino de convertirse en un rosario interminable.
El primer error fue asumir que para imponer el proyecto de reformas a la seguridad social, el gobierno sólo necesitaba repetir la fórmula que utilizó para aumentar los impuestos, de confabularse con algunos líderes empresariales y representantes del poder económico.
Ingenuamente creyeron que con esos aliados y dando por descontada la "actitud amiga" de los medios de comunicación que les hacen el coro, no era necesario tomar en cuenta al resto del país y, mucho menos, dialogar con el pueblo llano; al que utilizaron para encaramarse al poder, pero por el que, como lo han demostrado, sienten un profundo desprecio.
El segundo error fue pensar que su victoria electoral equivalía a un cheque en blanco que podían utilizar como les viniera en ganas. En más de una ocasión, algunos de los más vocingleros miembros del gobierno así lo manifestaron, jactándose de ser los dueños del poder y del derecho a ejercerlo a su antojo.
El tercero fue asumir que la inoperancia de los llamados partidos de oposición les dejaba como dueños absolutos del patio político y, por tanto, que nadie estaba en condiciones de enfrentárseles o de poner en peligro sus planes. Su cálculo sobre la incapacidad de los partidos de oposición no estaba desorientado. Estos nunca encontraron la brújula durante la etapa previa a la divulgación de las reformas. Pero olvidaron recordar que la historia está llena de ejemplos en que las crisis producen sus líderes. Y esto volvió a ocurrir. Ante la pasividad o la incapacidad de los partidos de oposición, los sectores populares, sin ellos y sin necesitarlos, asumieron su propia conducción.
El cuarto error fue dar por sentado que las protestas contra las reformas a la Caja del Seguro Social cesarían, por arte de magia, tan pronto la aplanadora legislativa del PRD las aprobara. En su soberbia no entendieron que sus propias acciones abonaron el clima para la reacción popular. Entre ellas: 1) La pobrísima comparecencia del Sr. Torrijos, dizque para presentar sustentar el proyecto del gobierno 2) La farsa de la supuestas consultas que resultaron una burla mayúscula para todas los que, de buena fé, participaron en ellas 3) El plazo perentorio que impusieron para "discutir y aprobar" un proyecto que constaba de casi 200 artículos 4) La aprobación de la ley en un madrugonazo vergonzoso por aplanadora del PRD 5) El acto de cobardía política de rechazar la votación nominal del proyecto y 6) La ostentación ofensiva de celebrar la aprobación de la ley como si de una gran hazaña se tratara.
El quinto error fue recurrir a las bravuconadas, similares a las que acostumbraba la dictadura, para tratar de intimidar al pueblo, creyendo, ilusamente, que por esa vía desalentarían las protestas y obligarían a aceptar las reformas como un hecho irreversible.
El sexto error fue recurrir a la represión contra manifestantes pacíficos, con despliegues militaroides que, como tenía que ser, produjeron el efecto precisamente contrario: el pueblo no se intimidó y las protestas no sólo han aumentado sino que se han extendido a toda la geografía nacional. Si para algo sirvieron esos innecesarios y desmedidos despliegues de fuerza, fue sólo para poner en evidencia que dentro del partido gobernante siguen vivas las raíces militaristas de sus orígenes cuartelarios.
El séptimo error fue "dizque aceptar su equivocación metodológica" pero, a la vez, obcecadamente mantener y aplicar la nefasta Ley 17, negándose a escuchar el reclamo general del país que, de manera casi unánime la rechaza y exige que se suspendan sus efectos, porque fue impuesta, sin las debidas consultas, por el capricho de los gobernantes.
El octavo error ha sido convocar a un diálogo para, supuestamente enmendar los aspectos y los efectos negativos de la Ley 17, mientras se la sigue aplicando. Si de parte del gobierno hubiera sinceridad debería demostrarla, complementando su "mea culpa" y el llamado a dialogar, con la suspensión de la ley. Si antes de aprobarla, el gobierno sólo prestó atención a sus allegados y ahora dice estar dispuesto a escuchar las voces disidentes que antes despreció olímpicamente, entonces carece de toda lógica su obcecación de mantener la vigencia de la Ley 17.
El noveno error ha sido querer pasarse de listo, alardeando demagógicamente de un supuesto espíritu democrático. El gobierno sabe que al convocar al diálogo a sectores empresariales que favorecen la privatización del Seguro y a algunos gremios sin representatividad que le hacen el juego, para que en la mesa de negociación se enfrenten al FRENADESO, excluye toda posibilidad de entendimientos. Por ello, el anunciado compromiso de los gobernantes de tomar en cuenta sólo las recomendaciones que en el diálogo se adopten por consenso, es, de salida una farsa. Ellos saben muy bien que en ningún punto verdaderamente sustantivo podrán alcanzarse consensos.
Como están planteada la convocatoria del gobierno, mientras éste mantenga su empecinamiento de no suspender los efectos de la Ley 17; continúe con su táctica de anular la representatividad del FRENADESO; e insita en poner condiciones alejadas de la realidad, nada positivo se logrará.
El gobierno de la llamada patria nueva parece no aprender nada de sus errores. Si el país está convulsionado, a esta situación hemos llegado por la incompetencia y la soberbia de los actuales gobernantes. De ellos y de nadie más es la culpa. Y, su más grave error es no darse cuenta de que el pueblo así lo percibe y lo siente, como lo demuestran los más recientes sondeos.
Finalmente, un consejo: La máxima "Divide y reinarás", al igual que muchos proverbios y refranes, no es un axioma, como muchos han podido comprobar.

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