Divisionismo de los panameños
Hace muchos años, nuestro país quedó dividido en pobres y ricos por un error cometido permitiendo una división de clases sociales. En la política estamos divididos; en los problemas del país estamos partidos en dos. Siempre he pensado que algo debiera unir de una vez por todas a los panameños, así sea un interés nacional, una persona especial, o un tema que sepamos tratar como tema de estado. Lamentablemente nos ha faltado un liderazgo que logre esa amalgama de ciudadanos, que no nos demos trompadas sino abrazos; que no nos haga disentir sino ponernos de acuerdo.
Pero ese líder aún no ha aparecido. Siempre pensé, y no de ahora sino de antes, que el tema del Canal, fuere el que fuere, debiera tratarse como tema de Estado. Pero, empezando por nuestro Presidente, le ha dado un matiz político que ha destruido la confianza de los panameños en el Gobierno; que ha hecho partirse en dos a los partidos políticos; que no ha logrado que el pueblo tenga un verdadero concepto de lo que sucede, permitiendo errores garrafales que llevan el tema del Canalcomo si fuéramos enemigos. Si el Ejecutivo hubiera escuchado la voz de los disidentes y de los que apoyaban la ampliación; si el Sr. Presidente se hubiera apartado de la politiquería y permitido un entendimiento entre las partes, hubiera logrado la confianza de la mayoría. No creo que el Sí hubiera sido unánime, pero sí mayoritario.
¿Qué tiene ahora? Una desconfianza en lo que dice o hace o pretende hacer. Si el Presidente hubiera agregado a la ley un punto que permitiera manejar transparentemente los fondos que vienen del Canal, no hubiera necesidad de gastar tanto dinero en promover el Sí porque hubiera nacido solito. El voto arrollador hubiera venido sin el mayor esfuerzo. Pero, no sé quiénes lo asesoraron y ahora están en una encrucijada que no saben cómo salir de ella y cada vez se ven más obligados a cargar con una campaña que se hace impopular.
Los partidos políticos hicieron mal en entrometerse en este problema de estado. Estamos conscientes de que la clase política no goza de la mejor simpatía. Los partidos debieron aconsejar a los panameños cómo aprender lo mejor de ambos bandos y tomar solos su determinación. El hecho de que los partidos digan Só o No, los han debilitado en el sentido de que las directivas aconsejan algo y las bases se les separan y propugnan por lo contrario. Ese lujo no pueden dárselo los partidos políticos. Me hubiera gustado ver un país maduro, preocupándose por conocer la verdad de la ampliación para decidir, sin presiones, sin teatros baratos, sin colores que los identifique, sin el alboroto de ver cuál tiene mayor número de grupos que los apoye.
Sabemos que eso es ficticio pues para inscribirse en el TE se necesitaban seis personas por grupo. La gente se siente engañada. Si hubieran dejado de lado esas actitudes histriónicas, la gente tuviera más confianza en la ACP, que hubiera llevado este espectáculo de mejor manera.
Ahora estamos nuevamente divididos; estamos partidos en dos y, cada vez que esto sucede, cuesta un mundo lograr unirnos nuevamente. El gobierno y la sociedad civil es como un matrimonio; debe haber compenetración, comunicación, equidad en el trato de la pareja. Si esto se pierde, difícilmente se encuentran nuevamente las partes. Tenemos delante un proyecto económico que, aunque el gobierno no lo haya hecho, se ha ido formando solo, pero que nos traerá progreso y desarrollo. Si el Sr. Presidente y sus colaboradores actuaran con madurez, con conciencia, podríamos sacar adelante este país. ¿Qué sucederá si gana el Sí o el No? Nadie lo sabe porque no han sabido decirlo; nos han llenado con engaños. Pero los panameños debemos votar con conciencia, pensando en el futuro del país y no de un partido. Pensando en la mayoría y cómo nos beneficiaremos, y no personalizando algo que es muy serio porque dependemos de ello. No permitamos que nos ciegue la rabia ni la arrogancia. Pensemos en Panamá.
(marisin@movistar.com.pa)
Cuando los ciudadanos no confían en las autoridades policiales o en el sistema judicial derivan con mayor facilidad en tomar la justicia por sus manos o en privatizar la seguridad. La gente y las instituciones endurecen su posición ante el incremento del crimen y la violencia a través de una visión unicausal de la inseguridad ciudadana, lo que predispone a privilegiar lo represivo, el castigo carcelario sin rehabilitación o resocialización, y echar a menos lo preventivo.
El Estado adelgazado, atrapados en la estrechez impuesta por los escasos recursos económicos con los que cuenta y atenazado por la ausencia de voluntad política, le es difícil aportar soluciones integrales gravitando solo en acciones puntuales, esporádicas con enfoques parciales sobre el problema donde priva la represión.
Por el contrario , la seguridad ciudadana que debe ser tener un enfoque integral, incluyente hacia la sociedad civil con un rol participativo desde la consulta hasta la toma de decisiones.
(raulleisr@hotmail.com)
Pero ese líder aún no ha aparecido. Siempre pensé, y no de ahora sino de antes, que el tema del Canal, fuere el que fuere, debiera tratarse como tema de Estado. Pero, empezando por nuestro Presidente, le ha dado un matiz político que ha destruido la confianza de los panameños en el Gobierno; que ha hecho partirse en dos a los partidos políticos; que no ha logrado que el pueblo tenga un verdadero concepto de lo que sucede, permitiendo errores garrafales que llevan el tema del Canalcomo si fuéramos enemigos. Si el Ejecutivo hubiera escuchado la voz de los disidentes y de los que apoyaban la ampliación; si el Sr. Presidente se hubiera apartado de la politiquería y permitido un entendimiento entre las partes, hubiera logrado la confianza de la mayoría. No creo que el Sí hubiera sido unánime, pero sí mayoritario.
¿Qué tiene ahora? Una desconfianza en lo que dice o hace o pretende hacer. Si el Presidente hubiera agregado a la ley un punto que permitiera manejar transparentemente los fondos que vienen del Canal, no hubiera necesidad de gastar tanto dinero en promover el Sí porque hubiera nacido solito. El voto arrollador hubiera venido sin el mayor esfuerzo. Pero, no sé quiénes lo asesoraron y ahora están en una encrucijada que no saben cómo salir de ella y cada vez se ven más obligados a cargar con una campaña que se hace impopular.
Los partidos políticos hicieron mal en entrometerse en este problema de estado. Estamos conscientes de que la clase política no goza de la mejor simpatía. Los partidos debieron aconsejar a los panameños cómo aprender lo mejor de ambos bandos y tomar solos su determinación. El hecho de que los partidos digan Só o No, los han debilitado en el sentido de que las directivas aconsejan algo y las bases se les separan y propugnan por lo contrario. Ese lujo no pueden dárselo los partidos políticos. Me hubiera gustado ver un país maduro, preocupándose por conocer la verdad de la ampliación para decidir, sin presiones, sin teatros baratos, sin colores que los identifique, sin el alboroto de ver cuál tiene mayor número de grupos que los apoye.
Sabemos que eso es ficticio pues para inscribirse en el TE se necesitaban seis personas por grupo. La gente se siente engañada. Si hubieran dejado de lado esas actitudes histriónicas, la gente tuviera más confianza en la ACP, que hubiera llevado este espectáculo de mejor manera.
Ahora estamos nuevamente divididos; estamos partidos en dos y, cada vez que esto sucede, cuesta un mundo lograr unirnos nuevamente. El gobierno y la sociedad civil es como un matrimonio; debe haber compenetración, comunicación, equidad en el trato de la pareja. Si esto se pierde, difícilmente se encuentran nuevamente las partes. Tenemos delante un proyecto económico que, aunque el gobierno no lo haya hecho, se ha ido formando solo, pero que nos traerá progreso y desarrollo. Si el Sr. Presidente y sus colaboradores actuaran con madurez, con conciencia, podríamos sacar adelante este país. ¿Qué sucederá si gana el Sí o el No? Nadie lo sabe porque no han sabido decirlo; nos han llenado con engaños. Pero los panameños debemos votar con conciencia, pensando en el futuro del país y no de un partido. Pensando en la mayoría y cómo nos beneficiaremos, y no personalizando algo que es muy serio porque dependemos de ello. No permitamos que nos ciegue la rabia ni la arrogancia. Pensemos en Panamá.
(marisin@movistar.com.pa)
Cuando los ciudadanos no confían en las autoridades policiales o en el sistema judicial derivan con mayor facilidad en tomar la justicia por sus manos o en privatizar la seguridad. La gente y las instituciones endurecen su posición ante el incremento del crimen y la violencia a través de una visión unicausal de la inseguridad ciudadana, lo que predispone a privilegiar lo represivo, el castigo carcelario sin rehabilitación o resocialización, y echar a menos lo preventivo.
El Estado adelgazado, atrapados en la estrechez impuesta por los escasos recursos económicos con los que cuenta y atenazado por la ausencia de voluntad política, le es difícil aportar soluciones integrales gravitando solo en acciones puntuales, esporádicas con enfoques parciales sobre el problema donde priva la represión.
Por el contrario , la seguridad ciudadana que debe ser tener un enfoque integral, incluyente hacia la sociedad civil con un rol participativo desde la consulta hasta la toma de decisiones.
(raulleisr@hotmail.com)