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Doble discurso en la ONU


En la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada recientemente, el presidente de la República de Panamá se refirió a temas que, en el fondo, más bien sirvieron para reafirmar la convicción de la ciudadanía panameña de que aquí en las interioridades de nuestro país se expresan muchas cosas que deben ser cumplidas y realizadas, pero que se hacen otras a contrapelo de las necesidades de, sobre todo, la gran masa del sufrido y engañado pueblo panameño.

Veamos tan sólo que, por ejemplo, hizo un "solemne" llamado a reformar la estructura de las Naciones Unidas, en procura de "democratizar" una organización que lleva más de medio siglo manteniendo las mismas agendas, los mismos métodos e igual criterio en los órganos de decisiones. Pero en el caso interno panameño, el presidente y su equipo de gobierno están más bien promoviendo, proponiendo medidas de corte autoritario del peor militarismo, que representan una gran marcha atrás en el sistema democrático que debe regir el presente y el futuro de nuestra República.

En sus palabras en la mencionada Asamblea General de la ONU dijo también, como si él fuese un convencido de las bondades patrocinadas por los grupos ambientalistas nacionales, que hay que ser muy firmes para que en Panamá defendamos las riquezas medioambientales y ser muy enérgicos contra aquellos que lesionan y están dañando nuestras riquezas mineras, la flora y la fauna, etc. Pero, por otra parte el señor Presidente se está mostrando muy dadivoso y muy complaciente para con sectores minoritarios que están haciendo labores destructoras en, por ejemplo, el Proyecto de Petaquilla y su plan de minería a cielo abierto, mostrándose indolente e indiferente en relación con la venta de islas y otros territorios que son, hoy por hoy, reservas medioambientales que deben ser protegidas de la voracidad de transnacionales, cómplices y autores de graves delitos ecológicos.

El primer mandatario panameño hizo un llamado a las Naciones Unidas para que se emprenda un ¡cruzada contra la pobreza! En los últimos años en nuestro país ha aumentado la pobreza y la extrema pobreza. Panamá ha sido calificado como el país con peor distribución de la riqueza. El pueblo está sumido a las leyes del peor mercado y sin atreverse a tomar medidas contra el alto costo de los alimentos, de la gasolina, de la luz, del transporte público, y arremetiendo contra quienes reclaman derechos ciudadanos.

Cuando el Ejecutivo por fin aceptó que había una distorsión en el mercado del combustible, todos esperábamos ansiosamente una decisión de enderezarlo. Para sorpresa, el anuncio fue que se estaba dando seis millones de balboas -dinero de los contribuyentes- para los distribuidores del combustible a fin de mantener por 15 días los precios actuales de los carburantes.

Nuestro pueblo merece una mejor distribución de la riqueza y una mejor condición de vida. Se trata de decisiones muy humanas, sin tener que hacer filas para poder comprar alimentos, ni esperar que llegue un ministro para inaugurar una feria y, de esa manera, poder vender los productos de primera necesidad a los parroquianos. Justicia social para Panamá y los que convivimos en esta tierra.

101 años de Panamá América

 
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