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Doble hacinamiento



Nuestra ciudad capital, y con repercusiones en todo el país, tiene dos serios problemas por resolver: el hacinamiento en nuestras cárceles y la congestión vehicular en nuestras calles.
El galopante incremento de la delincuencia hace ya imposible mantener los centros penitenciarios funcionando adecuadamente con sus secuelas de muertes por contagio de enfermedades, riñas internas, soborno para fugas y obtención de casa por cárcel, y una larga lista de etcéteras.
El problema recrudece si consideramos la cantidad de personas que son detenidas todos los días por la comisión de delitos. Ninguno de estos problemas desaparecerán, mientras no se constituya una comisión de gente capaz, para estudiar cómo hacemos para construir nuevas cárceles. No hay otra salida. Entendámoslo. Lo hemos repetido hasta el cansancio y no cejaremos en ello.
En relación con el problema de la congestión vehicular, tenemos que convenir en que en nuestra ciudad capital hay demasiadas unidades de transporte, tanto público, como privado y pocas vías que ofrezcan un tránsito normal y adecuado.
Resulta irónico y risible que a un simple callejón se le bautice con el nombre de avenida, y que en vez de facilitar la agilización, ofrezca a diario el lastimoso espectáculo de tranques descomunales y desesperantes.
Tras la consulta popular que se avecina sobre la ampliación del Canal de Panamá, los dos aspectos señalados aquí deben tomarse en cuenta para su consideración con la urgencia que se requiere.

101 años de Panamá América

 
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