Docencia amenazante
Ha llegado el momento en que el gobierno tiene que decidir qué hacer frente a las amenazas de los maestros de ir a la huelga, si el 2 de agosto llega sin satisfacerlos en sus exigencias de aumento de sueldos que, dicho sea de paso, excede lo que se les puede ofrecer y en lo que la administración ha demostrado muy buena voluntad para complacerlos.
Estimamos que la decisión asumida por ellos no es patriótica ni sensata.
También es el momento de advertirle a los potenciales huelguistas que a nadie asustan con sus amenazas. Veamos cuál sería el posible resultado de la huelga.
En primer lugar, no contarán con el apoyo de los miles de padres de familia, quienes a pesar de que sus hijos están recibiendo una pobre educación, con la huelga la verán truncada. Mayor no podría ser su alarma.
Por otra parte, los doscientos cincuenta líderes que, según se anuncia, se reunirán en estos días para adoptar medidas de fuerza, pueden ser reemplazados en su totalidad rápidamente puesto que hay muchos educadores actualmente sin empleo que estarían gustosamente dispuestos a sustituirlos. Y más aún, hasta se les puede solicitar que acorten el plazo para iniciar la huelga y así disipar zozobras.