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Docencia y cultura judicial


Además de "decidir los conflictos en forma independiente, rápida y confiable, asegurando el respeto a la Constitución y las leyes de la República, la protección de las libertades y garantías ciudadanas y la convivencia pacífica", también es parte de la Misión del ?"rgano Judicial "la defensa de los valores esenciales de la democracia". Al respecto nos preguntamos, ¿dónde están esos valores esenciales de la democracia? La pregunta surge, sobre todo, dirigida a las nuevas generaciones, a esas generaciones de antes y después de la invasión norteamericana que "trajo la democracia al país".

Desde entonces, quién ha enseñado esos valores esenciales de la democracia, me pregunto. Ese espacio, dónde lo dejamos y qué o quién lo ocupa. Los valores del delito y el crimen organizado han ido ocupando ese espacio poco a poco. Es por eso que urge la necesidad de una cultura y docencia judicial sobre la base de esos valores democráticos para rescatar los espacios perdidos; y aquí se imponen las palabras del Libertador Simón Bolívar, quien sentenció: "A la sombra de la ignorancia trabaja el crimen".

Los funcionarios judiciales, al igual que el verdadero maestro; el docente por vocación, el que sigue aquel precepto de Anton Semionovich Makarenko de que el verdadero maestro no sólo se circunscribe a un aula de clases, sino que lo es en cada metro cuadrado, deben volcarse a compartir con la sociedad sus conocimientos y experiencias a fin de sembrar la simiente de una cultura judicial que permita consolidar esos valores democráticos.

Por muchos es sabido que en un sistema que NO ES democrático, el ser humano, que por naturaleza nace libre, es encadenado al sistema, pero no por esas cadenas de metal que otrora ataban a los esclavos, sino por las cadenas invisibles de la costumbre y la apatía, que los lleva a actuar sin pensar, como si se tratara de "un reflejo condicionado".

La democracia llegó al país con violencia y la violencia sigue reinando, pero nadie se ha preocupado por enseñar, sobre todo educar, a las nuevas generaciones a vivir en democracia. Tenemos que salvar a los niños, porque si el niño, que por naturaleza es bueno, desconoce sus derechos, mucho menos podrá defenderlos, al igual que el joven y el adulto que desconoce sus garantías constitucionales, no sabrá cuando le son violadas. Decimos esto porque, si un niño que lee será un adulto que piensa, un niño con cultura judicial será un defensor de la democracia.

101 años de Panamá América

 
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