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Dolor, indignación, consternación, sufrimiento...


No hay palabra con que se pueda identificar la connotación emocional que conlleva la vivencia de experiencias traumáticas, donde se pierden vidas inocentes o se adquiere condición de discapacidad por las conductas y acciones irresponsables de terceros.

Día a día se hacen noticias de accidentes automovilísticos que llenan de dolor, luto y sufrimiento con implicaciones socio-económicas, a familias panameñas de todos los estratos sociales y de indignación y consternación a la ciudadanía en general. No solo se requiere de la implementación de acciones punitivas por el incumplimiento de normas y reglas aplicables a violaciones contra la seguridad e integridad física de todo (a) ciudadano (a).

Hay que realizar campañas educativas de sensibilización desde el seno familiar, como ejes transversales en los centros escolares y a través de los medios de comunicación social, no por slogans, mensajes sensacionalistas, ni propagandistas, sino a través de la instauración de un código de valores que resalte el cuidado y conservación del don más sagrado que existe: la vida de todo ser humano sobre la faz de la tierra.

Es imperioso fomentar el valor al respeto, la consideración, la tolerancia, empatía y una cultura donde impere la cortesía en el manejo, junto a políticas de Estado, prohibiendo el uso de términos peyorativos como: Diablos Rojos, Volquetes de la Muerte o Diablitos (a colegiales), así como choferes asesinos y otros, lo que crea ciertas expectativas a las cuales responder y generan anti valores y sentimiento difíciles de manejar. Debe prohibirse el asumir el rol de psicólogo (a) u otro (a) profesional de la salud mental, al indagarse sobre el manejo de emociones y/o acciones a tomar a parientes, amigos (as) o víctimas de cualquier infortunio, en situaciones de crisis, donde se nubla la razón e impera la emoción, con consecuencias nefastas para el afectado.

Capacitemos para la toma de decisiones significativas por convicción, entre ellas, el asumir con responsabilidad el ser un (a) buen (a) conductor (a) que valore su trabajo, que debe ser bien remunerado, así como respetado por todos (a) por la responsabilidad que conlleva. Para poder gozar del privilegio de conducir un auto, que en todos los casos no deja de ser un arma en potencia, todo (a) conductor (a) debe responder a caracteres de personalidad sana, estabilidad y equilibrio emocional, con buen manejo del estrés, con capacidad de decisiones rápidas y certeras, caracteres evaluados y ponderados por un especialista idóneo de la salud mental.

Levantémonos al unísono en un acto de solidaridad y con acciones de prevención primaria y secundaria, sin desvalorizar la terciaria, afrontemos un problema que ha cobrado muchas vidas y que es responsabilidad de todos, como cualquier otra situación de carácter e implicación social.

101 años de Panamá América

 
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