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Dolor y lágrimas


Fue un holocausto involuntario y lamentablemetne producto de nuestra cultura anárquica en muchos aspectos Se está haciendo muchas cosas mal y ya no estamos acotumbrando a que se sigan haciendo mal y hacemos gala de tener un coeficiente alto de tolerancia. Es el "lessez faire". Es su problema, es su vida, es su carácter, es su manera de hacer as cosas y no se le puede decir nada ni corregir nada porque te cae el Derecho Procesal, y todas las argucias y el que comete el desaguisado desaparece y nos echa cuentos de que estuvo orando, luego que no le dijeron nada y que se apersonó después, etc...
Quién se puede poner en los zapatos de los parientes de los hermanos calcinados por indiscutible descuido que, a pesar de haber pasado el revisado y otros trámites para seguir funcionando, cargas un gas volátil e inflamable dentro del vehículo en la confianza de que no te va a suceder nada. Y lo que ocurrió solo lo puede narrar el conductor sobreviviente que está bajo el cuidado y asistencia de un psiquiatra. No es para menos. Cuántas veces se les ha advertido no sólo a los conductores de automedontes sino a muchos trabajadores, "oiga, tenga cuidado con el cable de alta tensión", y te contestan: "Yo no soy como Ud. miedoso y cobarde, yo no digo misa, ni creo en esas vai...s, qué cree Vd, yo sé cómo manejar ese asunto", y al rato tener que bajar con la velocidad de un simio por una soga en forma de hipotenusa de un triángulo recto imaginario porque resulta que tocó el cable en mención, y escapó milagrosamente de ser electrocutado y quedar asustado.
Otro caso que recuerdo, viajando de la Isla Casaya a Contadora, luego de celebrar la fiesta de la Santa Cruz,s e me asignó un bote con motor fura de borda que partió de la isla rumbo a Contadora en un trayecto que se hace en media hora y que de repente la lancha en media travesía se paró, y me dice el marino, preguntándome a ver si tenía un destornillador. Le repuse que por qué he de tener un destornillador. Y riéndose tomó el tanque de gasolina que llevaba y comenzó a transvasar el combustible fumando un cigarrillo, que le pedimos que lo apagara y me contestó que si tenía miedo. Es nuestra cultura, y mientras no sigamos tratando de corregirnos, casos como el de calle de la antigua central de Lechería seguirán ocurriendo para tristeza y consternación de la comunidad.

101 años de Panamá América

 
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