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Domingo cristiano


El domingo para los católicos es el Día del Señor. Consciente de que vivimos en una era de secularismo en que progresivamente vamos despojando de lo que tradicionalmente tenía algo de sagrado, voy a recoger reflexiones pertinentes del opúsculo Domingo Cristiano, del experto liturgista que nos ha visitado en varias ocasiones, el presbítero salesiano José Aldazábal. Indudablemente que para la gran mayoría de nuestros conciudadanos, el domingo es el día de descanso. Digo gran mayoría, pues para muchos que tienen que trabajar en cierto tipo de servicios, quizás el día de más trabajo. (Hoteles, aseo, policías, transporte, pilotos, templos, etc.).
Afirma el autor que la situación del domingo, actualmente, puede parecer desalentadora. La pérdida de las convicciones, la pobreza de las motivaciones que aguantaban la fidelidad a la misa dominical, sobre todo, la fuerza sociológica del "fin de semana" (week-end), con todo lo que comporta de desarraigo de la comunidad cristiana propia muchas veces, y de secularización de las motivaciones del descanso semanal, todo ello parece una amenaza de destrucción total de lo que significa el domingo como "Día del Señor".
No habría que asustarse ante estadísticas y experiencia de situaciones. Como tampoco ignorar el peligro de empobrecimiento progresivo del domingo cristiano. Lo que hay que hacer es poner manos a la obra, a fin de que en nuestras comunidades, niños, jóvenes y mayores, recuperen los valores cristianos del domingo. En el libro de "Actas de los Mártires", se nos ofrece este testimonio: A principios del Siglo IV, el 304, un grupo de cristianos de Abitina, en el norte de Africa, fueron sorprendidos cuando se hallaban reunidos en la casa de uno de ellos, desafiando el mandato del emperador Diocleciano y celebrando la eucaristía dominical. Aproximadamente 50 cristianos, un sacerdote, niños, jóvenes y personas importantes como un senador, murieron en medio de crueles tormentos típicos de esa salvaje época.
Uno de los mártires interrogado, mientras era torturado exclamaba: "Somos cristianos, por eso nos hemos reunido". - "¿Quién es la cabeza de las reuniones?". -"El presbístero Saturnino y todos nosotros". Una de las cristianas añadió: "Todo lo que he hecho, lo he hecho espontáneamente y por mi propia voluntad. Sí, yo he asistido a la reunión y he celebrado los misterios del Señor con mis hermanos por que soy cristiana".
El preste arrestado y torturado repuso a las palabras del procónsul que perentoriamente lo acusaba: "Tú has obrado contra el mandato de los emperadores reuniendo a todos éstos", diciendo: "Nosotros hemos celebrado pacíficamente el Día del Señor, porque la celebración del Día del Señor no puede omitirse". Y fue sometido a crueles tratos. Mientras esto sucedía, el lector Emérito respaldando: "Yo soy responsable, pues las reuniones se han celebrado en mi casa. Y los hacemos porque el Día del Señor no puede omitirse: Así lo manda la ley".
Cuestionando el juez: "¿En tu casa se han tenido estas reuniones?. ¿Por qué les permitiste entrar?". Respondió el lector: "porque son mis hermanos y no podía impedírselo. - "Tu deber era impedirlo". "No me era posible - respondió -, pues nosotros no podemos vivir sin celebrar el misterio del Señor". Más adelante sus compañeros afirmaron. "Nosotros somos cristianos y no podemos guardar otra ley que la Ley del Señor". El juez prosiguió: "No les pregunto si son cristianos sino ¿si han celebrado reuniones?". Un miembro joven del grupo aportó su parecer diciendo: "Yo celebré devotamente los misterios del Señor y me junté con mis hermanos porque soy cristiano". Y luego, un niño sin miedo a los tormentos completó: "Yo soy cristiano y porque me gusta, asistí a la reunión junto con mi padre y mis hermanos".
Esos no son cuentos. Constan en las Actas de los Mártires, es decir Testigos del Cristianismo primitivo, raizal, fervoroso. Hoy envidiamos y nos da vergüenza al contratar con la actitud mezquina, calculadora y perezosa de nuestros comportamientos a los cuales siempre les buscamos justificaciones. A nadie se le oculta en nuestros días, qué es el domingo para muchos cristianos. Me alegro, por supuesto, de la actividad dominical que llevan los cristianos no católicos en sus templos. Se habla de multitudes y muchos católicos tienden a compararse, algo que rehuso intentar por lo estériles de las comparaciones, por aquello que se dice que todas "las comparaciones cojean". Nuestros domingos panameños se caracterizan primordialmente por ser días de dormir tarde, donde hay playas: baños marinos, donde no hay baños de río. Muchos se dedican al deporte: fútbol, golf, bola suave, béisbol. Los que tienen la facilidad se dedican a la pesca, y todo se remata con unas "frías", esperando el medio día para escuchar los resultados de la lotería. Y luego a ver deportes en televisión, fútbol (soccer) o American foot ball o béisbol de las grandes ligas y la carreras de caballos u otras actividades.
Y ¿para Dios qué? Bueno, hay que esperar enfermarse o agravarse o tener un buen problema para ver cómo regresamos a la práctica piadosa, si alguna vez la tuvimos, o si no la tuvimos buscamos otros sustitutos. Tengo que reconocer que en las 86 parroquias de la arquidiócesis y las que existan a lo largo del país, todavía se ven grandes grupos que participan en las misas parroquiales y en las otras misas que suelen celebrarse dominicalmente en templos y capillas. Como dice el pastoralista salesiano "surgen evidentes motivos de preocupación. Sin hacer demasiado caso a voces alarmistas: ¿El domingo en crisis? ¿Agonía del domingo cristiano?. Sin embargo, hay que reconocer serios interrogantes para nuestra generación, de los cuales trataremos en fecha próxima.

101 años de Panamá América

 
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