Don Iván José Alfaro Lyons
El lunes 2 de febrero partió para la casa del Señor, después de una larga y productiva existencia, 91 años, un ilustre ciudadano panameño: Don Iván, como le llamamos sus recientes amigos. De sus ejecutorias, sobre todo la Fundación Ricardo J. Alfaro, El Museo, Biblioteca, Archivo del mismo nombre y de su periplo vital por EE.UU., Argentina, Perú y Guatemala como Gerente de Dupont y de sus condecoraciones nos dieron noticia las páginas de este diario en versión del miércoles 4 de febrero.
Cuando estuvo confeccionando el árbol genealógico de su familia, me di cuenta de sus métodos y hábitos científicos y, sobre todo, me enteré por él mismo de su parentesco con Monseñor Fermín Jované del quien se escribió una novela ya famosa. Era biznieto del prelado y entendí la relación con varias familias distinguidas de nuestra comunidad panameña.
Considero una bendición especial de Dios en mi vida haber conocido a este personaje, cuya exequias celebramos el jueves pasado. Más afortunado me siento por haber cultivado una gran amistad con este caballero que me aventajaba en 15 años y haber disfrutado de los valores de esas amistad nacida alrededor del servicio religioso dominical en la Isla Contadora. Los residentes, los trabajadores, los feligreses de la capilla de Contadora están de luto por la muerte del gran abuelo, el símbolo de la cordialidad, del respeto, del trabajo arduo, caballerosidad, de honradez y de moralidad que era Don Iván Alfaro Lyons. Las antípodas del juega vivo. Su rica personalidad es algo irrepetible y casi difícil de describir.
El año pasado, por octubre, antes de la celebración de la misa estábamos saludándonos varios de los asistentes, cuando el Dr. Alejandro Centella me pregunta: ¿Dónde está Don Iván que hace tiempo que no lo vemos? Y en ese momento entraba con su caminar lento por la puerta de la Iglesia y le dijo: "Oiga Ud.., Don Iván, no se va a morir, pues estábamos hablando de Ud. y Ud. que se aparece". Y con su acostumbrado sentido de fino humor le contestó: "Pues, por poco no acierta, ya que hace un rato me sentí bien mal".
Con motivo de la guerra en Afganistán y los talibanes, decía: "Nunca creí que iba a ser tan famoso, pues anda buscando a un tal Iván". Longevidad y buen humor dentro de una capacidad de trabajo, a la par que una servicialidad ejemplar, lealtad a su fe católica y a sus amistades y familia, como su gran sentido de hospitalidad, fueron algunas de las características sobresalientes de Iván Alfaro. Gran colaborador del difunto y emérito Monseñor Marcos Gregorio McGrath en la Cena de Pan y Vino, donde lo sorprendí varias veces colocando sillas antes del evento. Agasajó a sus compañeros del comité en varios ocasiones.
Durante casi un año fue invitado a su mesa, los domingos, en su casa de Contadora donde había coleccionado piedras de multiforme apariencias, incluso una que decía él se tenía parecido con él. Tenía una colección de conchas y otras variedades del mar. Y curiosamente, una botella con un mensaje que una turista echó al mar y que llegó a la orilla de las playas de la isla. Y siendo su huésped frecuente tengo que decir como muchos que fueron sus invitados, que se destacaba por su detalle en hacernos sentirnos bien, preparando él mismo los abre bocas, las ensaladas, etc.
Un carácter fuerte que protestaba por las impuntualidades de los vuelos y los cambios bruscos, por los cuales presentaba sus protestas. Tenía sus opiniones independientes sobre el país, que sólo se enteraba uno si se lo preguntaban. Empeñoso en lo que comenzaba y continuaba perseverantemente. Se hizo famoso por recoger las hojas secas para echarlas en una abertura de su terreno y convertirlas en tierra. Era conocido como en sus 80 y 90 años era el mejor nadador y el gran caminante de la isla. Atentísimo para avisarme con anticipación cuando no iba a estar. No tomaba nada de alcohol durante la Cuaresma. Y siempre al terminar la eucaristía dominical, nos decía: "si no tienen a dónde ir, los invito a una tenida en mi casa", siempre haciendo una escala técnica, que era para comprar las "frías".
Don Iván era un hombre culto y preocupado por la cultura. Testimonio de ello es el Museo, al que dedicó toda su vida de jubilado. Incontaminado con la politiquería local y muy conocedor de la historia contemporánea, a pesar de haber estado 40 años fuera de Panamá. A pesar de haber nacido en Washington, Estados Unidos, y de haber estado tanto años fuera de Panamá, era un patriota auténtico y nacionalista sin demagogias como verdadero hijo del Dr. Ricardo J. Alfaro, figura clave en la historia de nuestro nacionalismo.
Luego de regresar al istmo en 1978, perdió a su querida esposa Doña Olga Arosemena de quien tuvo siempre un recuerdo tan vivo que muchas veces cuando la mencionaba se le humedecían sus ojos. Se llevaron tan bien. Mis condolencias a sus dos hijos, a su nietos, y biznietos y demás familiares. Alguien me dijo al conocer su muerte: "Don Iván se irá al cielo con todo y zapatos", para darnos a entender que hoy despedimos a un gran panameño, un gran padre de familia, a un gran amigo y a un gran cristiano y católico que quiso hacer mucho más por su patria, pero que lo mejor que deja es el testamento de su vida y sus buenos ejemplos de honradez, trabajo y convicciones morales. Que descanses al fin en paz, Iván y que tus buenas obras te acompañen.
(* Analista "senior" de la CID/Gallup.)
Cuando estuvo confeccionando el árbol genealógico de su familia, me di cuenta de sus métodos y hábitos científicos y, sobre todo, me enteré por él mismo de su parentesco con Monseñor Fermín Jované del quien se escribió una novela ya famosa. Era biznieto del prelado y entendí la relación con varias familias distinguidas de nuestra comunidad panameña.
Considero una bendición especial de Dios en mi vida haber conocido a este personaje, cuya exequias celebramos el jueves pasado. Más afortunado me siento por haber cultivado una gran amistad con este caballero que me aventajaba en 15 años y haber disfrutado de los valores de esas amistad nacida alrededor del servicio religioso dominical en la Isla Contadora. Los residentes, los trabajadores, los feligreses de la capilla de Contadora están de luto por la muerte del gran abuelo, el símbolo de la cordialidad, del respeto, del trabajo arduo, caballerosidad, de honradez y de moralidad que era Don Iván Alfaro Lyons. Las antípodas del juega vivo. Su rica personalidad es algo irrepetible y casi difícil de describir.
El año pasado, por octubre, antes de la celebración de la misa estábamos saludándonos varios de los asistentes, cuando el Dr. Alejandro Centella me pregunta: ¿Dónde está Don Iván que hace tiempo que no lo vemos? Y en ese momento entraba con su caminar lento por la puerta de la Iglesia y le dijo: "Oiga Ud.., Don Iván, no se va a morir, pues estábamos hablando de Ud. y Ud. que se aparece". Y con su acostumbrado sentido de fino humor le contestó: "Pues, por poco no acierta, ya que hace un rato me sentí bien mal".
Con motivo de la guerra en Afganistán y los talibanes, decía: "Nunca creí que iba a ser tan famoso, pues anda buscando a un tal Iván". Longevidad y buen humor dentro de una capacidad de trabajo, a la par que una servicialidad ejemplar, lealtad a su fe católica y a sus amistades y familia, como su gran sentido de hospitalidad, fueron algunas de las características sobresalientes de Iván Alfaro. Gran colaborador del difunto y emérito Monseñor Marcos Gregorio McGrath en la Cena de Pan y Vino, donde lo sorprendí varias veces colocando sillas antes del evento. Agasajó a sus compañeros del comité en varios ocasiones.
Durante casi un año fue invitado a su mesa, los domingos, en su casa de Contadora donde había coleccionado piedras de multiforme apariencias, incluso una que decía él se tenía parecido con él. Tenía una colección de conchas y otras variedades del mar. Y curiosamente, una botella con un mensaje que una turista echó al mar y que llegó a la orilla de las playas de la isla. Y siendo su huésped frecuente tengo que decir como muchos que fueron sus invitados, que se destacaba por su detalle en hacernos sentirnos bien, preparando él mismo los abre bocas, las ensaladas, etc.
Un carácter fuerte que protestaba por las impuntualidades de los vuelos y los cambios bruscos, por los cuales presentaba sus protestas. Tenía sus opiniones independientes sobre el país, que sólo se enteraba uno si se lo preguntaban. Empeñoso en lo que comenzaba y continuaba perseverantemente. Se hizo famoso por recoger las hojas secas para echarlas en una abertura de su terreno y convertirlas en tierra. Era conocido como en sus 80 y 90 años era el mejor nadador y el gran caminante de la isla. Atentísimo para avisarme con anticipación cuando no iba a estar. No tomaba nada de alcohol durante la Cuaresma. Y siempre al terminar la eucaristía dominical, nos decía: "si no tienen a dónde ir, los invito a una tenida en mi casa", siempre haciendo una escala técnica, que era para comprar las "frías".
Don Iván era un hombre culto y preocupado por la cultura. Testimonio de ello es el Museo, al que dedicó toda su vida de jubilado. Incontaminado con la politiquería local y muy conocedor de la historia contemporánea, a pesar de haber estado 40 años fuera de Panamá. A pesar de haber nacido en Washington, Estados Unidos, y de haber estado tanto años fuera de Panamá, era un patriota auténtico y nacionalista sin demagogias como verdadero hijo del Dr. Ricardo J. Alfaro, figura clave en la historia de nuestro nacionalismo.
Luego de regresar al istmo en 1978, perdió a su querida esposa Doña Olga Arosemena de quien tuvo siempre un recuerdo tan vivo que muchas veces cuando la mencionaba se le humedecían sus ojos. Se llevaron tan bien. Mis condolencias a sus dos hijos, a su nietos, y biznietos y demás familiares. Alguien me dijo al conocer su muerte: "Don Iván se irá al cielo con todo y zapatos", para darnos a entender que hoy despedimos a un gran panameño, un gran padre de familia, a un gran amigo y a un gran cristiano y católico que quiso hacer mucho más por su patria, pero que lo mejor que deja es el testamento de su vida y sus buenos ejemplos de honradez, trabajo y convicciones morales. Que descanses al fin en paz, Iván y que tus buenas obras te acompañen.
(* Analista "senior" de la CID/Gallup.)