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Doña Hildaura y Don Rufino


Cuando se habla de nuestra nacionalidad, no debe pensarse en la vocinglería inútil que hacen politiqueros que, en vez de hacer Patria, sólo procuran obtener beneficios particulares, sino que debe concentrarse en aquellas cosas que nos identifican y nos dan valor como panameños. La fragua en que se forja, produce el metal más puro y de mejor temple por cuanto su aleación tiene la mezcla de aquellos aportes que han hecho tanto hombres y mujeres de campo y ciudad en elementos tales como ciencia, cultura, educación y otros.
Ahora bien, el común de nuestro pueblo identifica la nacionalidad con los símbolos o aspectos propios del folklore, tales como la música, los vestuarios, los instrumentos, los bailes y otros, pero pocas veces se dedica a enaltecer a aquellas personas que han brindado su aporte a esa parte de nuestra cultura, y por ende, a nuestra nacionalidad. Ha sido costumbre de nuestro pueblo disfrutar de los talentos de esas personas que con total desinterés brindan su arte y conocimiento, para después dejarlos en el más profundo oscurantismo. Por ello, el homenaje que la Asociación de Directores e Instructores de Conjuntos y Trabajadores de Folklore (A.D.I.C.T.FOLK), va a realizar el viernes 22 de enero en Guararé a dos figuras representativas de nuestras costumbres y tradiciones, tiene una dimensión especial.
Doña Hildaura Saavedra Espino, artesana de la confección de polleras, tiene una experiencia que sobrepasa los cincuenta años. Huérfana de madre a los 16 años, se responsabiliza por sus hermanos menores y los cría con el fruto de sus creaciones. Viuda después de una feliz vida matrimonial, enseña a las amigas, vecinas y demás interesadas, los conocimientos que tiene en la costura vernacular. Consultada por instituciones nacionales, colabora con organismos culturales propios y foráneos, quienes se trasladan hasta su residencia en La Enea de Guararé, para entrevistarla y filmarla en documentales sobre nuestro vestido símbolo. El impedimento que la obliga a utilizar una silla de ruedas, no ha sido obstáculo para que sus creaciones hayan sido lucidas en Panamá y el extranjero en conjuntos oficiales y particulares.
Don Rufino García es una persona que ha estado asociada con tres generaciones de panameños, gracias a su talento musical. Inicia su vida artística a los 13 años ejecutando las maracas y churucas en las presentaciones de músicos como Teo Muñoz, Nemesio Herrera, Clímaco Batista, Hilario Herrera, entre otros, hasta que se incorpora al grupo de Leonidas Cajar.
Casado y con hijos, es a través de su talento que obtiene los medios para sostener su hogar. Sin embargo, no es hasta su incorporación al Orgullo Santeño de don Dorindo Cárdenas que se da a conocer con su voz y saloma alegre. Inmortaliza temas tales como "Mi bella Momposina", "039", "El Montañero" y muchos más. La salud lo aqueja y se separa de esta agrupación pero retorna con nuevos bríos acompañando a Los Vecinos del Canajagua, popularizando piezas como "Arroz con huevo" y "La pava echá". Dedicado actualmente a la décima y a la composición, deja un legado de más de cincuenta años de faena en el campo vernacular.
Son estas dos personas que con su andar humilde, nos han dado muestras de civismo, honradez y esfuerzo, realizando una labor tesonera en sus hogares hasta obtener frutos saludables para beneficio del país, dejando un legado sobre la forma como se hace Patria, a sus hijos y amistades. El homenaje que a ellos se les tributa, además de merecido, es una muestra de gratitud por todo aquello que nos han brindado. El próximo viernes en la noche, el pueblo guarareño se aprestará a recibir a amigos y vecinos para agasajar a estos dos baluartes del folklore en una velada llena de esplendor y remembranzas. Para ellos, enhorabuena y salud.

101 años de Panamá América

 
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