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Donde acaba la diplomacia


Los recientes actos terroristas cometidos en suelo americano, no son otra cosa que una respuesta inhumana e inadmisible de un sector de la humanidad que se siente frustrado después de varios años de transitar por la vía del diálogo sin mayores resultados. La situación exige de los grandes actores del escenario mundial un replanteamiento de su política exterior y una apertura en los organismos internacionales que permitan una verdadera igualdad entre los grupos que integran la sociedad actual. Precisamente, uno de los temas a tratar en la próxima reunión de la ONU, son las reformas al Consejo de Seguridad que fue implementado en plena guerra fría y cuyos objetivos iniciales no corresponden con esta nueva realidad.
Esta aspiración a cambios en el consejo ha sido una solicitud constante dentro de la política exterior de muchas naciones que se sienten en desventaja con el poder de veto que le permite a cinco países miembros ignorar los planteamientos de los demás. Situaciones como estas deben ser objeto de un examen profundo a la luz de las nuevas realidades para impedir que sigan creciendo descontentos que fomenten la erupción de energías que al no encontrar salidas en las válvulas de escape creadas por el hombre irrumpen desenfrenadas acabado con todo a su paso.
Felicitamos a nuestro gobierno y en especial a nuestra mandataria a quien le ha correspondido por primera vez en nuestra historia republicana, ya soberana en todo su territorio, tomar una posición ante tan graves eventos. Creemos en la importancia de resaltar nuestro principio de neutralidad, pero adecuándolo a los momentos actuales en los que la lucha ya no es entre naciones sino contra grupos supranacionales que se hacen más ricos con cada golpe, gozan de mucha autonomía y viven estimulados por una cultura donde creen que lo que hacen es sagrado y correcto.
Es necesario conocer que Panamá es signataria de varios convenios internacionales de lucha contra distintas modalidades de terrorismo, tales como: el Convenio de Tokio de 1963 sobre infracciones y ciertos actos cometidos a bordo de aeronaves, Convenio de la Haya de 1970, para la represión del apoderamiento de aeronaves, Convenio de Washington de 1971, para prevenir y sancionar los actos de terrorismo configurados en delitos contra personas, etc., etc.
Estas obligaciones pactadas por nuestros gobiernos tienen fuerza vinculante y son de estricto cumplimiento tal como lo establece el artículo 4 de la Constitución vigente y el artículo 313, capítulo III del Código Penal, que tipifica como delito el impedimento al cumplimiento de dichos acuerdos.
Debe quedar claro pues, que ante este tipo de eventos, ningún país está vacunado contra el riego; por lo que propiciar el diálogo a lo interno deber ser nuestra meta para fortalecernos como nación ante los impactos negativos que a no dudarlo vendrán en los próximos y que afectarán nuestra manera de vivir y de pensar.
Rogamos al creador, que ante la gravedad de los actos, se imponga la cordura teniendo presente que las ideas no se destruyen con las armas sino a través de ideas superiores y que las revoluciones no la hacen los pueblos sino la clase media, los intelectuales que luego suman a las masas complemento necesario a sus realizaciones.
Panamá, es un país que conoce bien el sacrificio. Durante más de 20 años sufrimos una cirugía dirigida y realizada por manos extranjeras que dividieron por la cintura a nuestra patria en dos partes para beneficio de la humanidad. Es también un ejemplo de cómo a pesar de las enormes desigualdades entre dos naciones la vía del diálogo si puede resolver los problemas que es la única que se impone.
Ante un enemigo que no tiene fronteras, sólo nos queda anteponer nuestra mayor virtud, la solidaridad, haciendo que todos los que tienen la dicha de compartir con nosotros esta tierra privilegiada, extranjeros y nacionales se sientan integrados y copartícipes en su desarrollo de manera que nos ayuden a mantener la paz que también será la suya.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América