Donde fallan los medios de comunicación
Con tristeza vemos todos los días en televisión o escuchamos en la radio cómo los periodistas entrevistan a los funcionarios del gobierno, políticos o a nuestros conciudadanos en forma negativa.
No buscan una respuesta positiva sino una provocativa que cause sensacionalismo. Este tipo de entrevistas no benefician a nadie y no ayudan a resolver los problemas o a minimizar las tensiones del momento.
Ejemplo de esta mala práctica se llevó a cabo meses pasados cuando el locutor estelar de TV-2 provocó un disgusto grande entre los legisladores Víctor Méndez Fábrega y Miguel Bush. Primero le dijo a Méndez Fábrega un comentario que le había proporcionado Bush, luego fue corriendo donde Miguel Bush para informarle sobre lo que Fábrega le había dicho; esto no es periodismo, sino bochinches callejeros de mal gusto. Que hubiera pasado si estos dos legisladores se hubieran agredido seriamente por causa directa de los comentarios del periodista.
Igual pasó en Colón con otro locutor que fue a entrevistar al alcalde González. En vez de preguntarle algo positivo de su administración le sale con un disparate sobre otro candidato que aspira a la Alcaldía de esa ciudad.
El joven periodista tuvo suerte que el alcalde pudo contenerse, pero sin duda él lo provocó. Por supuesto que los medios de comunicación le echaron plomo al alcalde y no criticaron las malas preguntas del reportero.
Cuando los periodistas entrevistan a los candidatos presidenciales, jamás les preguntan lo que el pueblo quiere saber, que es: "cómo van a solucionar el problema del desempleo", o cómo van a solucionar "los perjuicios que la nueva globalización le está causando a las industrias y la economía nacional".
Pierden el tiempo y la paciencia del pueblo fomentando odio entre los candidatos de la oposición creando una brecha que imposibilita la unión de las fuerzas de oposición. Pareciera que todos estuvieran en la planilla del PRD. El periodista tiene que ser neutral y trabajar por los mejores intereses de la patria.
Cuando los miembros del SUNTRACS tiraron abajo las rejas del palacio legislativo y recibieron gases lacrimógenos y perdigones por su mala actuación, los locutores que entrevistaron a los líderes del sindicato, le echaron tierra a nuestra Fuerza Pública en vez de señalarle los errores a los que incitaron la violencia.
Igual pasó con los estudiantes del Instituto Nacional y un grupo minoritario de la Universidad de Panamá que se dedicaron a cerrar nuestras calles ilegalmente tirando piedras y bombas molotov a la Policía Nacional con intención de agredir y matar. Estos no son estudiantes, sino criminales que deben ser tratados con mano fuerte.
Los periodistas en vez de señalar sus errores a los entrevistados buscan respuestas que resaltan la fuerza bruta de una Policía Nacional que sólo está tratando de cumplir con su deber. En otras palabras glorifican a los maleantes y menosprecian la policía que nos cuida y mantiene el orden en nuestro medio.
Otro de los abusos de los reporteros es el constante acechar de los funcionarios públicos. Jamás van a los medios de comunicación para averiguar lo que está pasando, prefieren sorprender al Ministro fuera de base para luego ridiculizarlo. El periodismo es falso y negativo cuando tratan de conseguir una respuesta equivocada que causa sensacionalismo.
Tanto el presidente de la República como los Ministros de Estado deben tener un día señalado para reunirse con la prensa local. Allí pueden hacerle todas las preguntas que quieren, fuera de allí deben dejarlos hacer su trabajo en paz.
Queremos en Panamá una prensa positiva que ayuda a resolver los problemas y obtenga noticias constructivas y no negativas. Dejen de acosar a las celebridades del momento como si fueran víctimas y dejen de tratar de ridiculizarlas con sus preguntas.
Trabajemos todos juntos para lograr una patria mejor. El buen periodismo es uno de los eslabones vitales que ayuda a nuestros ciudadanos a lograr ese objetivo.
No buscan una respuesta positiva sino una provocativa que cause sensacionalismo. Este tipo de entrevistas no benefician a nadie y no ayudan a resolver los problemas o a minimizar las tensiones del momento.
Ejemplo de esta mala práctica se llevó a cabo meses pasados cuando el locutor estelar de TV-2 provocó un disgusto grande entre los legisladores Víctor Méndez Fábrega y Miguel Bush. Primero le dijo a Méndez Fábrega un comentario que le había proporcionado Bush, luego fue corriendo donde Miguel Bush para informarle sobre lo que Fábrega le había dicho; esto no es periodismo, sino bochinches callejeros de mal gusto. Que hubiera pasado si estos dos legisladores se hubieran agredido seriamente por causa directa de los comentarios del periodista.
Igual pasó en Colón con otro locutor que fue a entrevistar al alcalde González. En vez de preguntarle algo positivo de su administración le sale con un disparate sobre otro candidato que aspira a la Alcaldía de esa ciudad.
El joven periodista tuvo suerte que el alcalde pudo contenerse, pero sin duda él lo provocó. Por supuesto que los medios de comunicación le echaron plomo al alcalde y no criticaron las malas preguntas del reportero.
Cuando los periodistas entrevistan a los candidatos presidenciales, jamás les preguntan lo que el pueblo quiere saber, que es: "cómo van a solucionar el problema del desempleo", o cómo van a solucionar "los perjuicios que la nueva globalización le está causando a las industrias y la economía nacional".
Pierden el tiempo y la paciencia del pueblo fomentando odio entre los candidatos de la oposición creando una brecha que imposibilita la unión de las fuerzas de oposición. Pareciera que todos estuvieran en la planilla del PRD. El periodista tiene que ser neutral y trabajar por los mejores intereses de la patria.
Cuando los miembros del SUNTRACS tiraron abajo las rejas del palacio legislativo y recibieron gases lacrimógenos y perdigones por su mala actuación, los locutores que entrevistaron a los líderes del sindicato, le echaron tierra a nuestra Fuerza Pública en vez de señalarle los errores a los que incitaron la violencia.
Igual pasó con los estudiantes del Instituto Nacional y un grupo minoritario de la Universidad de Panamá que se dedicaron a cerrar nuestras calles ilegalmente tirando piedras y bombas molotov a la Policía Nacional con intención de agredir y matar. Estos no son estudiantes, sino criminales que deben ser tratados con mano fuerte.
Los periodistas en vez de señalar sus errores a los entrevistados buscan respuestas que resaltan la fuerza bruta de una Policía Nacional que sólo está tratando de cumplir con su deber. En otras palabras glorifican a los maleantes y menosprecian la policía que nos cuida y mantiene el orden en nuestro medio.
Otro de los abusos de los reporteros es el constante acechar de los funcionarios públicos. Jamás van a los medios de comunicación para averiguar lo que está pasando, prefieren sorprender al Ministro fuera de base para luego ridiculizarlo. El periodismo es falso y negativo cuando tratan de conseguir una respuesta equivocada que causa sensacionalismo.
Tanto el presidente de la República como los Ministros de Estado deben tener un día señalado para reunirse con la prensa local. Allí pueden hacerle todas las preguntas que quieren, fuera de allí deben dejarlos hacer su trabajo en paz.
Queremos en Panamá una prensa positiva que ayuda a resolver los problemas y obtenga noticias constructivas y no negativas. Dejen de acosar a las celebridades del momento como si fueran víctimas y dejen de tratar de ridiculizarlas con sus preguntas.
Trabajemos todos juntos para lograr una patria mejor. El buen periodismo es uno de los eslabones vitales que ayuda a nuestros ciudadanos a lograr ese objetivo.