Dónde hallar la integridad moral
Vivimos en un mundo en que los valores morales están cambiando. Las prácticas deshonestas que antes se condenaban, hoy suelen pasarse por alto. A menudo se exaltan e idealizan a ladrones y estafadores. Lo que distingue al maestro del engaño es su habilidad natural -que suele descubrir a muy temprana edad- para manejar a quienes lo rodean. Tal manipulación no le produce sentimientos de culpa o remordimientos. Al contrario, lo deja con una intensa satisfacción que lo impulsa a conseguir lo que desea, sin importar el precio que le represente a su víctima.
Existen incontables víctimas de estafas. Aparte de las pérdidas económicas, éstas sufren un duro golpe emocional al ver que alguien -generalmente una persona en quien confiaban- se aprovechan de ellas. Por desgracia, la mayor parte de tales argucias queda sin castigo por lo difícil que es demostrar que se actuó de mala fe. Además, muchos timadores conocen y se aprovechan de las lagunas del sistema jurídico. Saben cómo defraudar de tal modo que sea difícil o hasta imposible presentarles cargos. Por otro lado, llevarlos a juicio consume mucho tiempo y dinero. Cuando se logra condenar a alguien por sus delitos, suele ser porque hurtó miles de dólares o hizo algo tan escandaloso que acaparó la atención pública. Y aún en el caso de que se atrape y castigue al estafador, es muy probable que para entonces se haya gastado o escondido el dinero, de modo que la víctima raras veces, recibe compensación por lo que perdió.
Lo peor del asunto es dejarse estafar. Hay que ser astuto y reconocer la conducta del embaucador. Dice el refrán: "Nada es más fácil que engañar a un hombre o una mujer honrado". Las mentes más brillantes suelen dedicarse a maquinar y ejecutar planes para despojar a la gente no sólo de su dinero, o de sus posesiones, sino también de su amor propio y de su seguridad.
Para ello, hay que cuidar los datos personales. Hoy día es fácil robar la identidad de cualquier persona y el delincuente tiene la oportunidad de retirar dinero en efectivo de las cuentas bancarias, hacer cargos a las tarjetas de créditos y conseguir préstamos a nombre de su víctima. Muchas veces estas víctimas suelen ser detenidas por un delito que no cometieron. Para ello, es necesario negarse a revelar información privada o financiera, a menos que existan razones legítimas. A la hora de desechar documentos que contengan datos privados, hay que tener la precaución de quemarlos. Esto incluye cheques cancelados y estados de cuenta bancarios o de inversión, así como tarjetas de crédito, licencias de conducir y pasaportes vencidos. Hay que actuar con sentido común.
Muchas estafas prometen al inversionista ganancias exorbitantes. Una muy de moda es la del sistema piramidal. Aunque presenta muchas variantes, consiste en que cada inversionista inscribe a otros nuevos, por quienes recibe una comisión. Este sistema trabaja mediante las famosas cadenas en las que hay que depositar dinero a nombre de la persona que encabeza la lista, con la promesa de que se recibirá miles de dólares cuando el nombre del nuevo miembro sea el primero de la lista. Las pirámides siempre se derrumban, porque es imposible seguir consiguiendo nuevos socios indefinidamente. Los promotores de este sistema saben bien que existe un punto de saturación, así que, cuando calculan que está cerca, desaparecen con el dinero.
No se emocione cuando alguien le dice que acaba de ganar un premio en un concurso que usted sabe que no ingresó o participó. En Internet abundan las ofertas literalmente increíbles. Aquí las estafas son las más rápidas y anónimas. El mejor consejo es no comprar nada por correo electrónico no solicitado. Lo mismo sucede con las ventas por teléfono. Aunque parezca un negocio serio, hay trámites que son engaños. En este caso, pida el número telefónico del vendedor que llama y hay que comprobar que corresponda al banco o la agencia que dice él ser su representante.
Igualmente, para protegerse de estafas, malentendidos, y extorsiones de funcionarios públicos pida que los detalles se pongan por escrito. Deje la ignorancia a un lado, use la malicia. Al fin y al cabo, no existen transacciones o inversiones libres de riesgo. Por ello, el acuerdo debe especificar por escrito las obligaciones y las responsabilidades de cada parte en caso de que la negociación fracase. Sin temor denuncie el hecho delictivo para que el peso de la ley le caiga encima a todo aquel que se aproveche de su honradez.
Existen incontables víctimas de estafas. Aparte de las pérdidas económicas, éstas sufren un duro golpe emocional al ver que alguien -generalmente una persona en quien confiaban- se aprovechan de ellas. Por desgracia, la mayor parte de tales argucias queda sin castigo por lo difícil que es demostrar que se actuó de mala fe. Además, muchos timadores conocen y se aprovechan de las lagunas del sistema jurídico. Saben cómo defraudar de tal modo que sea difícil o hasta imposible presentarles cargos. Por otro lado, llevarlos a juicio consume mucho tiempo y dinero. Cuando se logra condenar a alguien por sus delitos, suele ser porque hurtó miles de dólares o hizo algo tan escandaloso que acaparó la atención pública. Y aún en el caso de que se atrape y castigue al estafador, es muy probable que para entonces se haya gastado o escondido el dinero, de modo que la víctima raras veces, recibe compensación por lo que perdió.
Lo peor del asunto es dejarse estafar. Hay que ser astuto y reconocer la conducta del embaucador. Dice el refrán: "Nada es más fácil que engañar a un hombre o una mujer honrado". Las mentes más brillantes suelen dedicarse a maquinar y ejecutar planes para despojar a la gente no sólo de su dinero, o de sus posesiones, sino también de su amor propio y de su seguridad.
Para ello, hay que cuidar los datos personales. Hoy día es fácil robar la identidad de cualquier persona y el delincuente tiene la oportunidad de retirar dinero en efectivo de las cuentas bancarias, hacer cargos a las tarjetas de créditos y conseguir préstamos a nombre de su víctima. Muchas veces estas víctimas suelen ser detenidas por un delito que no cometieron. Para ello, es necesario negarse a revelar información privada o financiera, a menos que existan razones legítimas. A la hora de desechar documentos que contengan datos privados, hay que tener la precaución de quemarlos. Esto incluye cheques cancelados y estados de cuenta bancarios o de inversión, así como tarjetas de crédito, licencias de conducir y pasaportes vencidos. Hay que actuar con sentido común.
Muchas estafas prometen al inversionista ganancias exorbitantes. Una muy de moda es la del sistema piramidal. Aunque presenta muchas variantes, consiste en que cada inversionista inscribe a otros nuevos, por quienes recibe una comisión. Este sistema trabaja mediante las famosas cadenas en las que hay que depositar dinero a nombre de la persona que encabeza la lista, con la promesa de que se recibirá miles de dólares cuando el nombre del nuevo miembro sea el primero de la lista. Las pirámides siempre se derrumban, porque es imposible seguir consiguiendo nuevos socios indefinidamente. Los promotores de este sistema saben bien que existe un punto de saturación, así que, cuando calculan que está cerca, desaparecen con el dinero.
No se emocione cuando alguien le dice que acaba de ganar un premio en un concurso que usted sabe que no ingresó o participó. En Internet abundan las ofertas literalmente increíbles. Aquí las estafas son las más rápidas y anónimas. El mejor consejo es no comprar nada por correo electrónico no solicitado. Lo mismo sucede con las ventas por teléfono. Aunque parezca un negocio serio, hay trámites que son engaños. En este caso, pida el número telefónico del vendedor que llama y hay que comprobar que corresponda al banco o la agencia que dice él ser su representante.
Igualmente, para protegerse de estafas, malentendidos, y extorsiones de funcionarios públicos pida que los detalles se pongan por escrito. Deje la ignorancia a un lado, use la malicia. Al fin y al cabo, no existen transacciones o inversiones libres de riesgo. Por ello, el acuerdo debe especificar por escrito las obligaciones y las responsabilidades de cada parte en caso de que la negociación fracase. Sin temor denuncie el hecho delictivo para que el peso de la ley le caiga encima a todo aquel que se aproveche de su honradez.