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¿Dónde quedó el compromiso por la educación?


Aunque el detonante para el gobierno de Martín Torrijos fue hallar una estrategia para salir del atolladero coyuntural que impuso una huelga de los docentes en la víspera del referéndum para la ampliación del Canal, el ministro de Educación, Miguel Ángel Cañizales, fue reiteradamente enfático en advertir a la opinión pública que no se trató de atender únicamente una exigencia gremial, sino que se había asumido el compromiso para mejorar la calidad de la educación. Pero los meses han transcurrido y a los estudiantes de las escuelas oficiales se les ha recortado el calendario escolar, el programa curricular no ha cambiado, los maestros y los profesores son los mismos y el contenido es posiblemente mucho peor.
Sin embargo, seamos realistas. Nadie espera que en pocos meses puedan cumplir con tales propuestas, pero lo que sí podemos exigirles, tanto a las autoridades educativas como a los docentes, es que nos informen en dónde engavetaron las promesas para mejorar la calidad educativa a cambio de un aumento salarial. Deben rendir cuentas de sus promesas. El silencio oficial pone en tela de juicio la transparencia de la administración educativa sobre un tema especialmente sensitivo. Deja también al descubierto el "evangelio político" que anima las decisiones gubernamentales: hábiles cruzadas políticas eficaces para apagar conflictos, pero no para resolverlos.
Ninguno de los problemas educativos tiene una solución unilateral, y ninguno de ellos puede solucionarse mediante acciones sustentadas en "maniobras" de sectores divorciados de los principios educativos en que debe basarse el desarrollo de un país. El ministro Cañizales ha tenido su oportunidad, pero desgraciadamente se ha resquebrajado la confianza en sus promesas. Si no cambia el estilo y el rumbo de su dirección educativa, será recordado por las promesas que no se cumplieron y las tareas que no se hicieron.

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