A dos años de otro gobierno decepcionante
Hace dos años cuando Arnulfo emigró de Cerro Punta con su par de adolescentes y su mujer a la capital, pero nunca pensó que hasta el nombre con que lo bautizaron sus viejos -en honor al "Doctor"-, querría cambiarse. Pero no tiene plata para ese trámite y tampoco para comer carne, lo que sí satisfacía allá en su tierra, donde algún compadre le vendía, a bajo coste, parte de una res flaca destinada al consumo de subsistencia.
El partido en el cual se agitaba, desde que ni siquiera portaba cédula, le prometió "un puesto en el gobierno del cambio", y bien se lo ganó porque asistió a todas las reuniones de las bases en todo el país, de donde salía sin voz por ser el más gritón a la hora de corear consignas con tufo a seco.
Ya se cansó de ir a las oficinas del partido en Panamá, con su diploma de bachiller bajo el sobaco, su credencial de militante y el botón "mireyista" colgado en el magro pecho. De nada le sirvieron las adulaciones a esos rubicundos políticos. Seguirá cortando monte en Arraiján, donde vive arrimado a su tía solterona, a quien también ayuda a vender chance clandesino.
La vida de Arnulfo sí cambió, pasó de ser un pequeño, aunque estable agricultor de repollo a "tumba malezas" y su mujer -de 30 años con el rostro de una de 50- es doméstica, mientras que sus hijos apenas avanzan al otro grado escolar porque la falta de los textos necesarios, les impide un mejor desempeño.
¿Cuántos más son víctimas de la inquina partidista? ¿Cuántos panameños perdieron la confianza en los cantos de sirenas (o de morsas) electoreros? ¿Cuántos engrosarán la tasa de desempleo cuyo 13% oficial es dudoso?.
Renuncia de asesores inconformes, funcionarios ineptos o corruptos, actos oficiales irregulares, derroche de dinero en una Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, nepotismo, y malas decisiones políticas, son parte de la nada novedosa gestión de la presidenta Mireya Moscoso.
Doña Mireya, no culpe a los medios de comunicación por la mala imagen de su gobierno, es su responsabilidad, compartida con su incongruente gabinete, donde un odontólogo es director de tránsito y transporte terrestre, o donde un abogado rige la Contraloría de la República, en vez de un habilidoso contador público autorizado.
Durante estos dos años, sus camaradas y usted sí cumplieron con sus allegados, pero no con aquel panameño que un día soñó en cambiar su zahurda por una morada decente, comer más carne que arroz o garantizarle a sus hijos una buena educación.
Cada cinco años la historia se repite, los pícaros arnulfistas o perredes dispuestos a emporcarse sus acharolados zapatos de cagajones, atravesarán los tortuosos caminos de asentamientos inimaginables, a la caza de votantes. Toca al ciudadano, tener mucho caletre en las próximas elecciones, pensar más en el país que en sí mismo. Posteriormente, exigir respeto a su dignidad humana y de ser posible, olvidar el paternalismo partidista.
El partido en el cual se agitaba, desde que ni siquiera portaba cédula, le prometió "un puesto en el gobierno del cambio", y bien se lo ganó porque asistió a todas las reuniones de las bases en todo el país, de donde salía sin voz por ser el más gritón a la hora de corear consignas con tufo a seco.
Ya se cansó de ir a las oficinas del partido en Panamá, con su diploma de bachiller bajo el sobaco, su credencial de militante y el botón "mireyista" colgado en el magro pecho. De nada le sirvieron las adulaciones a esos rubicundos políticos. Seguirá cortando monte en Arraiján, donde vive arrimado a su tía solterona, a quien también ayuda a vender chance clandesino.
La vida de Arnulfo sí cambió, pasó de ser un pequeño, aunque estable agricultor de repollo a "tumba malezas" y su mujer -de 30 años con el rostro de una de 50- es doméstica, mientras que sus hijos apenas avanzan al otro grado escolar porque la falta de los textos necesarios, les impide un mejor desempeño.
¿Cuántos más son víctimas de la inquina partidista? ¿Cuántos panameños perdieron la confianza en los cantos de sirenas (o de morsas) electoreros? ¿Cuántos engrosarán la tasa de desempleo cuyo 13% oficial es dudoso?.
Renuncia de asesores inconformes, funcionarios ineptos o corruptos, actos oficiales irregulares, derroche de dinero en una Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, nepotismo, y malas decisiones políticas, son parte de la nada novedosa gestión de la presidenta Mireya Moscoso.
Doña Mireya, no culpe a los medios de comunicación por la mala imagen de su gobierno, es su responsabilidad, compartida con su incongruente gabinete, donde un odontólogo es director de tránsito y transporte terrestre, o donde un abogado rige la Contraloría de la República, en vez de un habilidoso contador público autorizado.
Durante estos dos años, sus camaradas y usted sí cumplieron con sus allegados, pero no con aquel panameño que un día soñó en cambiar su zahurda por una morada decente, comer más carne que arroz o garantizarle a sus hijos una buena educación.
Cada cinco años la historia se repite, los pícaros arnulfistas o perredes dispuestos a emporcarse sus acharolados zapatos de cagajones, atravesarán los tortuosos caminos de asentamientos inimaginables, a la caza de votantes. Toca al ciudadano, tener mucho caletre en las próximas elecciones, pensar más en el país que en sí mismo. Posteriormente, exigir respeto a su dignidad humana y de ser posible, olvidar el paternalismo partidista.