default

Dos discursos contrapuestos


Acabamos de oír dos discursos contrapuestos, el de la presidenta Moscoso ante la Asamblea Legislativa y la intervención del ex presidente Pérez Balladares en el programa de televisión "Enfoque". Antes de destacar sus contradicciones, vale la pena señalar al menos dos puntos de coincidencia. Acerca del Plan Colombia, la Presidenta dijo: es "un acuerdo bilateral entre las Repúblicas de Colombia y los Estados Unidos, en el que Panamá no tiene, ni tendrá injerencia o participación alguna". Añadió que la afluencia de colombianos hacia nuestras fronteras la debemos enfrentar, sin injerencias externas, con nuestros propios recursos. De esta manera afirmó: "nuestra política de neutralidad". Pérez Balladares coincidió conceptualmente con esta posición y hubiera sido provechoso para el país que lo hubiera reconocido, así como hubiera sido un correctivo beneficioso que la Presidenta hubiera reconocido que los ministros de Gobierno y Justicia y de Relaciones Exteriores discreparon políticamente en el tema conexo de las Fuerzas Visitantes al punto que ella tuvo que intervenir para dirimir entre ellos.
La segunda coincidencia, la expresa Pérez Balladares al decir: "tampoco necesitamos un Acuerdo de Fuerzas Visitantes". La Presidenta no menciona el tema, pero deja intacta la posición que terminó adoptando el Canciller al rehusar considerar dicho Acuerdo. Dadas estas coincidencias entre la Presidenta y Pérez Balladares, y entre ambos y la mayoría de los dirigentes políticos que se han pronunciado sobre el particular, podemos decir que hay un consenso nacional al respecto. Lástima que ninguno de los dos lo haya recalcado.
La Presidenta, como era de esperar, rehusa ninguna responsabilidad por la evidente desaceleración económica que existe en el país. La atribuye a factores fuera del control nacional, que responden a la realidad que atraviesan los países latinoamericanos o a políticas iniciadas desde antes de su presidencia, tales, la privatización de empresas públicas y la salida de los norteamericanos. Por otra parte, presenta un panorama sumamente halagüeño de sus propias políticas de concertación nacional y de proyección social en salud, vivienda, educación, nutrición, infraestructura vial y desarrollo rural.
Este doble argumento lo vincula a la existencia de "dos Panamá, el de los escépticos, los incrédulos, los pesimistas, y el Panamá de los optimistas, de los emprendedores, de los que confían en el futuro". En realidad estos Panamá psicológicos encubren dos Panamá de carne y hueso, el de la gente común y corriente, que encuentran que la calle está dura, con un crecimiento del PIB ciertamente de menos del 2% y por ello, sin crecimiento por habitante, y el de los gobernantes y sus allegados, que se benefician de todos los aumentos de salarios que introdujo Pérez Balladares y hasta ahora no han rescindido ninguno de los privilegios acumulados por el poder público. La Presidenta anuncia "un nuevo esquema económico, más austero y conservador", pero no da el ejemplo del mismo ni en partidas discrecionales, ni en avión presidencial, ni en séquitos de viajes al exterior.
La Presidenta parece desconocer que, según su nuevo ministro de Economía y Finanzas, a estas alturas del año la ejecución del presupuesto se sitúa alrededor del 30% solamente. Que al 31 de julio, el Ministerio de Educación había ejecutado únicamente el 14.1% de sus B/. 62 millones de presupuesto de inversiones asignado y el Ministerio de Salud, el 29% de sus B/. 97 millones de presupuesto de inversiones asignado. Aunque el Ministro de Obras Públicas había ejecutado casi el 38% de sus B. /116 millones de presupuesto de inversiones asignado y estaba vinculado a la mayoría de los grandes proyectos anunciados, como por ejemplo, al puente sobre el Canal y a la construcción de la ciudad gubernamental, fue precisamente uno de los pocos ministros que la Presidenta despidió en el mini cambio de Gabinete. Además, a pesar de la mayor atención prestada al sector agropecuario, los resultados son decepcionantes, puesto que la exportación de ganado decreció 26% y la inversión en el agro disminuyó un 11%, mientras en la industria la disminución en el mismo rubro alcanzó el 45%.
Por otra parte, si bien la Presidenta se jacta de haber desarrollado más de 360 huertos escolares y comunitarios, el Patronato del Servicio Nacional de Nutrición sólo ha logrado establecer hasta la fecha unas 164 granjas de producción auto-sostenibles, cuando se esperaba que ya hubiera establecido por lo menos 400 y se sigue discutiendo si estas granjas son solución o paliativo a la pobreza rural.
Estos resultados, que parecen tan positivos a los gobernantes y a sus allegados, son insatisfactorios para la gente común y corriente, puesto que no implican el comienzo de la modificación de sus condiciones de vida para un número considerable de familias panameñas.
En contraste con esta perspectiva, más bien ilusoria, la visión de Pérez Balladares es exageradamente negativa. Dorita de Reyna, en su entrevista televisada, le pregunta por los logros y desaciertos del primer año de la Presidenta y él responde: "¿Logros? Para mí no hay".
El tiene razón al argumentar que en política económica "no hay ningún cambio estructural que justifique la desacelaración" y también tiene razón en recordar que el grueso de la disminución de militares norteamericanos y dependientes (de 18,000 a 1,800) y de panameños trabajando en bases militares (de 4,000 a 1,200) se produjo de 1994 a 1999, con una disminución de $500 a $200 millones de ingresos. La salida de los norteamericanos no puede, por lo tanto, ser considerada como una causa mayor de la desaceleración. Sin duda, la falta de rumbo administrativo del Gobierno, su esfuerzo controversial por contrarrestar la política aperturista en el sector agropecuario, la inestabilidad jurídica que introdujo en instituciones como el Ente Regulador y la ARI, la controversia en torno al aumento del salario mínimo a B/500 al mes, la cantidad de despidos de funcionarios intermedios, la lenta ejecución del presupuesto de inversiones y del pago a proveedores, todo ello ha contribuido, de parte del Gobierno, a la desaceleración, así como el inicio tan pronto en el período de reclamos sociales conflictivos.
Menos razón tiene Pérez Balladares cuando culpa al gobierno por la inclusión de Panamá en la lista negra del GAFI, porque habría perdido el tiempo en hacerle ajustes a la Ley de la Unidad de Análisis Financiero. En realidad, él debe explicar por qué no presentó dicho proyecto de ley en la última sesión de la Asamblea Legislativa de su período, tal como presentó a último momento la ley que extiende la cuenca del Canal. Y no explica por qué si la privatización del Banco Hipotecario estuvo acordada con el FMI desde la presidencia de Endara, él se pasó cinco años sin hacerla. Ya veremos si lo que propone la presidenta Moscoso para el IDAAN en materia de concesión administrativa, equivale a lo que proponía Pérez Balladares después de haber criticado acremente está última propuesta.
Lo sorprendente es que el ex Presidente sigue inconsciente de la reacción de la población hacia su estilo de Gobierno. Se enorgullece de su "carácter recio" y de su ejercicio de la autoridad. Niega que la suya haya sido una presidencia distante. Calculo que lo más difícil para un político, en realidad para cualquier persona, es verse a sí mismo con consciencia crítica. Pero sospecho que a Pérez Balladares le cuesta más que a la persona promedio. Los panameños vivimos su presidencia como distante e impositiva y ello provocó mucha reacción negativa.
La versión que él da de su empeño por propiciar el CMA tampoco corresponde a lo que los panameños vivimos. l dice: "nos pasamos viendo cómo asegurábamos...que el CMA no fuera una base disfrazada de los Estados Unidos. Y los Estados Unidos se pasaron viendo cómo nos disfrazaban, dentro del CMA, una base militar de ellos". Dicha versión no corresponde ni al inicio ni al fin del CMA. El CMA surgió a partir de la disposición original de Pérez Balladares de negociar con los Estados Unidos la continuación de bases militares norteamericanas a cambio de beneficios económicos y de la negativa de los EU de pagar un alquiler por tales bases. El CMA terminó después de que el Ejecutivo en diciembre de 1997 anunció que había llegado a un acuerdo con los EU sobre el CMA. A los pocos días, el Presidente dio marcha atrás, considerando el texto acordado "un mamotreto". Todo indica que su cambio resultó del cálculo de que aprobar el CMA no favorecía su éxito en el referéndum constitucional de la reelección.
Pienso que el vacío más grande de la entrevista de Pérez Balladares fue el silencio total con respecto a la reelección, tanto por parte de la entrevistadora como del entrevistado. Ello hace incomprensible lo que yo llamaría el drama de la presidencia de Pérez Balladares. Sus primero dos años y medio fueron relativamente exitosos. Aunque uno resintiera su estilo e incluso discrepara de sus políticas, su gobierno le imprimió un rumbo definido al país, aunque controvertido (hay que recordar las protestas laborales que dejaron tres muertos), emprendió varias obras de infraestructura importantes y se mantuvo dentro de los cauces constitucionales democráticos. Pero sus dos últimos años y medio se vieron seriamente afectados por su esfuerzo hasta casi lo último por imponer el CMA y luego por su malhadado intento de reelección.
No preparó al país anímicamente para abordar la entrega del Canal con intensa confianza en sí mismo y con firme voluntad nacional de establecer un nuevo modelo de relación con los EU. Dejó al país mirando en este campo hacia atrás, en lugar de tornado decididamente hacia delante. Por otra parte, su comportamiento democrático efectivo, que nos sorprendió al inicio de su gobierno, se vio empañado por el presidencialismo exacerbado que lo llevó tratar ser el único Presidente en nuestra historia que se sucediera a sí mismo.
En estos dos discursos contrapuestos hay algo muy positivo. Revelan una intención de explicarse ante el país que sólo se entiende en razón de la democracia en proceso de consolidación que vivimos y de una mayor exigencia crítica de la opinión pública de cara a los presidentes. En vez de reverenciarlos exageradamente, les exigimos cuentas y ellos comienzan a tener que responder. Es un desarrollo sano.
Pero los dos discursos revelan un cierto maniqueísmo, es decir la tendencia a dividir la realidad y la historia del país en blanco y negro, en lo bueno que ambas personalidades presidenciales se atribuyen a sí mismos y en lo malo que ambas le atribuyen al otro. Falta en los dos discursos una perspectiva de estadista, de quien ve globalmente al país, enmarcan su gestión dentro de dicha visión semejante y por eso puede reconocer las carencias de su propia acción y los valores de la acción ajena. La Presidenta y el ex Presidente debieran intentar más bien ejercer la función de estadistas. El país lo necesita.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América