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Dos meses de frenesí


Gobernar un país debe provocar esquizofrenia. Ese ir y venir entre el bien y el mal, buscando lo "políticamente correcto", seguro que genera en uno el hábito de hablar con las paredes. Esto basado en el presupuesto de que el mandatario actúa con buenas intenciones, porque si no es así no está loco, es un monstruo. De ser lo primero, que sus propósitos son nobles, aunque no quiera le tocará caminar sobre esa difusa línea que separa a tirios y troyanos, y tendrá que aceptar la debilitante realidad de que con alguno de los dos grupos quedará muy mal, si no es que con los dos.
No en vano los libros de historia cuentan que los grandes caudillos de antaño terminaron sus días tal como vivieron: absortos por las candilejas de la demencia. Eran sujetos que estaban mejor y peor, nunca en el medio, pues su vida transcurría agobiada por el trágico péndulo del poder, que va de la remisión a la recaída.
Lo mismo puede decirse de la gente en disidencia. Algunos se agitan en las aguas de la paranoia. Otros son sicópatas irredimibles de la verborrea, y unos más se han perdido para siempre en las arenas movedizas de la peor de las enfermedades mentales: la depresión.
Algunos de estos males aquejan a los panameños que se encuentran en bandos diferentes por el referéndum que está a la vuelta de la esquina. Mientras más se acerca la fecha de la cita, más se agudizan los síntomas. Unos creen que los de allá quieren tumbar el gobierno; otros aseguran que el gobierno tiene un pacto con alguna deidad satánica para matar al resto del país de hambre.
En el medio están los periodistas independientes, viendo llover en Macondo.
El casco central de la ciudad, desde Bella Vista hasta San Felipe, se barre 24 horas y las afueras de la ciudad y las vías principales, se barren diariamente en horario diurno.
Esto, a a juicio de Goti, "no es necesario", pues considera que si las personas retienen la basura, no la arrojan a la calle y esperan llegar a sus casas, no habría el problema de la suciedad.
En un comunicado, la Alcaldía de Panamá, informó que los juzgados municipales realizarán visitas a los sectores para identificar la mala disposición de desechos y hacer el llamado correspondiente.
El acuerdo municipal No. 205, del 23 de diciembre de 2002, prohíbe arrojar desechos sólidos en vías públicas y lotes baldíos, lo que puede ser objeto de multas de hasta B/. 5 mil.

101 años de Panamá América

 
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