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Dos modelos de gestión pública


Aunque sea una simplificación, vale la pena resaltar las diferencias que existen entre dos modelos de gestión pública. En uno se contratan a profesionales escogidos y bien remunerados porque su trabajo es multiplicador de las oportunidades de la sociedad. Organizar, servir de enlace, crear sinergia, son actividades que requieren mucha preparación, pero pocas contrataciones y su finalidad es habilitar a la sociedad para que abra sus espacios de creación y asuma sus propios retos. En este modelo, poca gente, capaz y con el debido respaldo, puede hacer mucho por la comunidad.
Pero hay otra manera de decidir cómo se gestiona desde lo público: cuando la escasez de empleos arrecia, cuando el partido se comporta como una agencia de contratación, y la gente comienza a protestar ante la disminución de sus recursos e ingresos, el gobierno puede decidir "tirarle la toalla" a grupos de personas que no van a aportar gran cosa a la comunidad, pero que por lo menos dejarán de molestar. Así, la planilla estatal queda conformada por mucha gente con bajo salario y muy poca productividad. Está como siempre el valor agregado de la natural gratitud al gobernante (y a los intermediarios) y la segura disponibilidad de una fuerza para organizar grupos de apoyo y emitir las siempre necesarias loas, y meter gente en la calle a favor o en contra de algo o alguien. En este segundo modelo, el Gobierno puede "mover" gente cuando lo necesite. ¿Cuál de los dos modelos usted cree que existe en Panamá hoy?
No había sobrevivientes. Milagrosamente a Feullet, el tranque, la distancia y la premura con la que Ortega y el resto prepararon el viaje a Pocrí, lo salvaron.
Cuando lo cuenta sus ojos se enrojecen. Sólo alcanza a decir: "ayer (jueves) yo volví a nacer".
Y es que varias veces Feullet abordó un avión con los pilotos Ortega y Arrivillega.
Los describe como dos profesionales con más de 8, 000 horas de vuelo.
¿Desperfectos mecánicos?, ¿mal tiempo? Feullet prefiere no especular, aunque asegura que "algo" le molesta. Pese a nuestra insistencia no profundizó en ese detalle.
Lo cierto es que en varias ocasiones Feullet se hospedó en algún hotel de la metrópoli para llegar temprano a sus compromisos, pero este jueves estaba en su residencia.
Ayer, pese al dolor, se le vio dispuesto a seguir trabajando para honrar la memoria de Arango, su jefe y amigo.
Conversó con Panamá América unos minutos antes de retornar a Contadora en un vuelo de Air Panamá. Se despidió diciendo: "vamos a ver qué pasa".

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