default

¿Dos veces con la misma piedra?


Nunca estuve de acuerdo con que el nuevo gobierno se condicionara a plazos como el de los famosos 100 días, porque tales términos, en el caso panameño, carecen de sentido político, habida cuenta que la nueva administración iniciaba sus funciones el 1 de septiembre, es decir, después de transcurridos ocho meses del ejercicio presupuestario controlado y ejecutado por el PRD.
Hay que dar por sentado que todos los gobiernos quieren empezar a trabajar, desde el momento mismo de su inauguración, o antes si fuera posible. Que puedan hacerlo antes, como es obvio, está condicionado a que el gobierno saliente esté dispuesto a colaborar con el entrante, brindándole información veraz y completa sobre los asuntos del Estado y dejándole recursos para que pueda trabajar.
El gobierno de Guillermo Endara, al mismo día siguiente de las elecciones estuvo dispuesto a brindarle, y efectivamente le brindó, la más amplia cooperación al presidente electo y su equipo, para que dispusiera de toda la información necesaria para organizar su gobierno. Además, y esto es todavía más importante, al gobierno del PRD se le dejaron fondos líquidos para que pudiera trabajar y financiamientos contratados y no gastados por más de 400 millones de dólares, destinados al Programa de Construcción y Rehabilitación de la Red Vial.
Las obras financiadas con el Programa de Construcción y Rehabilitación de la Red Vial, fueron las que el gobierno del PRD enarboló como bandera y sustento de la aventura reeleccionista.
El período de la transición que presidió el PRD, a diferencia del que patrocinó Endara, estuvo caracterizado por la mezquindad y fue una carrera desenfrenada, iniciada al día siguiente de su derrota electoral, para gastarse todo el presupuesto del año 1999 antes de la expiración de su mandato, con la intención, malsanamente planificada, de dejarle al nuevo gobierno las arcas del Estado completamente vacías.
Al igual que le correspondió hacer al gobierno de Guillermo Endara en 1989, cuando hubo que enfrentar el monumental desastre financiero que dejaron los militares y el PRD, el de la señora Moscoso tuvo que aplicar una estricta disciplina de contención del gasto, durante el último cuatrimestre de 1999, para poder enderezar el rumbo de la finanzas públicas y evitar el déficit fiscal.
La falla del nuevo gobierno ha consistido en que no se ha hecho una adecuada divulgación de las limitaciones encontradas. El 1 de septiembre de 1999, se debió exigir a los responsables de la Contraloría General que publicaran un "estado de situación" de las finanzas del Estado al 31 de agosto de 1999, que incluyera cifras detalladas de cuáles eran los recursos disponibles para inversiones. Ese momento no se aprovechó, pero todavía no es tarde para poner las cosas en blanco y negro.
El gobierno debe solicitar al nuevo Contralor que publique en los medios de información, con cifras claras y sencillas, al alcance del pueblo, el resumen de la ejecución presupuestaria de 1999, para que el país la conozca. Esa publicación, además, debería estar complementada con el resumen del Presupuesto de Inversiones para el año 2000, con la especificación de las fuentes de los recursos que las financiarán.
Cuando el gobierno de la ADO - Civilista asumió la conducción del Estado en 1989 tuvo que hacerle frente al desastre financiero, económico y social que le dejaron al país los militares y el PRD. El trabajo de reconstruir un país en ruinas fue monumental y se hizo corriendo el grave riesgo de pagar un alto precio político por no atender muchísimas de las justas demandas insatisfechas y acumuladas de los sectores más golpeados de nuestro país.
La actuación del gobierno de la ADO - Civilista fue correcta, también los es la del gobierno de la Unión por Panamá, que preside doña Mireya Moscoso. Entonces se falló al no explicar con la claridad y precisión con que debió hacerse, cuál era la magnitud del desastre heredado y cuáles fueron las limitaciones que impuso la falta de recursos, ocasionada por los despilfarros y la monstruosa deuda pública irresponsablemente acumulada hasta 1989.
Sobre ese fallo histórico y político se montó la demagogia del PRD, para hacerse del poder en las elecciones de 1994, con sólo el 32% de los votos, cuando apoyado en una multimillonaria propaganda, con repetido descaro, acusó al gobierno de la ADO - Civilista de no haber dado respuestas a los problemas que ellos mismos habían causado y que era imposible resolver por la ausencia de los recursos que hubo que dedicar a sanear la finanzas públicas y a rescatar el crédito del Estado.
La estrategia no ha cambiado y nuevamente el PRD, con el mismo descaro de la campaña electoral de 1994, vuelve a culpar al nuevo gobierno por no haber dado solución a la pobreza y al desempleo en los seis meses que lleva al frente de la Administración Pública. Con esa táctica pretende evitar que se escudriñe su gestión gubernamental y eludir las responsabilidades que le corresponden.
Encuentro explicable que el PRD actúe de esa manera, pues eso es lo que políticamente le conviene. Pero el gobierno no debe permitir que el debate político sea encasillado en esquemas tan simplista y tramposos.
A la estrategia del PRD debe responderse, entre más pronto mejor, con una agresiva y muy bien coordinada política de información pública, que no es lo mismo que propaganda, que llegue al pueblo, que no deje oportunidad para que se repita la tergiversación de la verdad y que quienes deben estar en el banquillo se vistan con toga de jueces.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América