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Dr. Heszel Klepfisz en el recuerdo


"Educar, -sentenció el Dr. Klepfisz en memorable ocasión-, además de su significado pedagógico, tiene sentido creativo. Educar es humanizar, crear personalidades, construir caracteres, interpretar el mundo desde una perspectiva de totalidad; despertar lo divino que vibra en el ser humano".
No es casualidad entonces, ni de extrañar, que sean jóvenes quienes, con sensibilidad y gratitud ennoblecedoras, hayan, espontáneamente, organizado este acto de recordación, en ocasión del sensible fallecimiento del inolvidable maestro y amigo Dr. Heszel Klepfisz. Porque su "fe inquebrantable en el talento del hombre...único ser dotado de fuerza espiritual...para llevarlo a la práctica de los ideales nobles y elevados de la ética", lo convirtió en guía espiritual y confidente, al estilo socrático, convirtiendo a sus alumnos, porque en alguna forma todos lo fuimos a su lado, en legiones de amigos que hoy sienten el pesar de su partida, no sólo en Panamá sino también en la América Latina, donde su vida y su obra fueron provechosamente compartidas, igual que en países del Viejo Mundo a los que dedicó, con desprendimiento, afanes y talento.
Su vocación y capacidad de servir sobrepasaron la confraternidad, el riego y el sacrificio: desde el consuelo a los hermanos sacudidos por inenarrables experiencias de campos de exterminio y de combates cruentos, que, como el desembarco en Normandía, sufrió directamente, hasta el característico acento de su bondad y de su entrega de rabenu. Las distinciones recibidas de diversos países e instituciones dieron testimonio de su lealtad y de su coraje.
Cuando los azares militares declinaron, el maestro se dedicó, con la intensidad y convicción que le eran congénitas, a la investigación y a la educación, y como denominador común, a hacer el bien sin mirar a quien. Sus huellas son imborrables desde Escocia y Gran Bretaña hasta Panamá, pasando por los Estados Unidos y Costa Rica.
En nuestra tierra echó raíces, ganó amigos y se hizo panameño, para satisfacción de él y orgullo nuestro. "Al mirar en la profundidad de mi corazón - expresó en el acto de su condecoración con la Orden Vasco Núñez de Balboa-, tengo la impresión de que lo que me acercó a esta República fueron las experiencias humanas que encontré aquí." "Este es un pueblo generoso, tolerante, abierto, sin prejuicios, que ha brindado siempre una acogida fraternal a los que llegaron a sus playas de otros países..." y que aspira a superarse, dentro de su pequeñez y sus limitaciones, en muchos aspectos a los que no aspiran naciones más grandes y más ricas.
Sus incesantes tareas por la educación no se hicieron sentir sólo desde la dirección del Instituto Alberto Einstein, que ha sido, de por sí, una contribución imponderable a la superación intelectual del país. Fue regente, profesor y consejero de la Universidad de Panamá, y comisionado nacional para diversas tareas reformadoras educativas. Escribió libros, dictó conferencias, inspiró movimientos e institutos culturales como el Panamá Israel, y en todos los sectores y niveles ganó leales y cercanos admiradores por su desprendimiento y su reconocida estatura moral. Panamá lo cuenta entre sus hijos meritorios.
El Dr. Klepfisz afianzó con dignidad y con hidalguía el conocimiento, el respeto y la admiración por la cultura judía. En el libro Comentarios, Ecos y Reflexiones en torno a la Obra del Dr. Heszel Klepfisz, de varios autores, que recogió todos los incidentes de su condecoración, y que he repasado con cariño y con nostalgia recientemente, leo de Gil Blas Tejeira: "Somos beneficiarios todos los hombres que nos definimos dentro de la cultura de Occidente, de la sabiduría y la ciencia creadas por el pueblo judío. Desde el concepto monoteísta de la Divinidad, sentado en la Biblia, hasta la desintegración del átomo y el sondeo en las profundidades del subconsciente, somos deudores de los hebreos". Se refería Gil Blas a la sólida contribución de la obra maestra del maestro Klepfisz, El Impacto Hebreo en la Cultura Occidental, que con entusiasmo y reverencia cantaron en su momento, entre otros, Eduardo Morgan, Mario Augusto Rodríguez, Diógenes de la Rosa, Leonidas Escobar, Renato Ozores, Arístides Royo, Alberto Méndez Pereira, Eduardo Ritter Aislan, Camilo Pérez, Isidro Beluche, Nadhji Arjona, Antonio Moscoso.
Yo sentí, y siento en el corazón, un afecto entrañable por uno de los mejores amigos que he tenido en la vida. Su palabra fue siempre un estímulo; su consejo, certero y comprometedor, y su discreto pero indeclinable reto para que aspirara y alcanzara las más altas responsabilidades nacionales, todavía resuena en mi conciencia con un dejo de incertidumbre y culpabilidad. La última vez que lo vi en Jerusalén, hace pocos años, ya con la edad a cuestas, lo vi caminar todos los días de su casa a la biblioteca para nutrir su espíritu hasta el final, porque para un hombre superior como él no podía ser de otra manera. Y luego, al distinguírseme con la encomienda de revivir y presidir el Instituto Cultural Panamá Israel, que él junto a otros fundara, por cortesía de un dilecto y mutuo amigo conversé por televideo con mi amigo de siempre para consultarle, y su bendición ha sido factor de entusiasmo y compromiso.
Heszel Klepfisz fue un soldado de la paz, un arquitecto de la armonía, un convencido del ecumenismo, un consejero equilibrado, un comprometido social, un apóstol de la educación, pero, sobre todo, un amigo cabal. Los hombres así viven para siempre.

101 años de Panamá América

 
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